La Hoz // El ocaso de la educación pública

Por. Luis Calderón

En un evento realizado este sábado en Tlaxcala la presidenta Claudia Sheinbaum hizo una declaración, cuando menos, desafortunada, en un contexto ya de por si minado como lo es la educación pública. En dicho evento, señaló la supuesta necesidad de reducir las materias escolares a nivel bachillerato, pues en sus palabras : “no es necesario llevar 11 materias, se puede aprender lo mismo con menos materias”.

La declaración asusta, sobre todo después de conocer los materiales proporcionados por la Secretaría de Educación Pública en años recientes a los alumnos de educación básica en forma de libros de texto y que, a decir de expertos, carecen de las bases educativas necesarias para encaminar la enseñanza de los niños y jóvenes del país.

¿La presidenta propondrá retirar materias como educación física o será igual de radical que Marx Arriaga y retirará las matemáticas? Que, hablando de Arriaga, el día viernes fue echado de la Dirección General de Materiales Educativos luego de un pésimo trabajo en el diseño de los libros de texto de lo que los morenistas definen como la “Nueva Escuela Mexicana (NEM)” que —para sorpresa de nadie— viene de la mano con la ideología obradorista que quieren imponer a los niños y jóvenes.

Sin importarle la opinión de los padres de familia, maestros, pedagogos y especialistas en enseñanza que advierten del daño que han causado a la educación pública estos libros, Marx Arriaga, altanero y al estilo del senador Gerardo Fernández Noroña, presumió ser quien “hizo los libros de texto” e intentó humillar a un policía al retarlo a esposarlo.

Este oficial, ridículamente, temió detenerlo a pesar de contar con el respaldo de la Unidad de Asuntos Jurídicos y del Órgano Interno de Control de la SEP, quienes llevaban a cabo una diligencia para informarle que su plaza tendría un “cambio de naturaleza a partir del 15 de febrero” y pasará a la “modalidad de libre designación”; es decir, lo corrieron de la institución con la intención de este lunes, agrega el comunicado, designar un nuevo titular de la desastrosa Dirección de Materiales “Educativos”.

Marx Arriaga se apegó al rancio discurso morenista que inauguró López Obrador, afirmando que fue a consecuencia de presión por parte de “neoliberales” entre los que señaló desde editoriales hasta a partidos políticos y medios de comunicación como los causantes de promover una campaña en contra de los libros de texto gratuitos en venganza de que la SEP dejó de comprarlos a editoriales privadas.

Si bien es cierto que en sexenios anteriores al régimen morenista imperó un negocio de corrupción importante en la compra de libros de texto a editoriales privadas, la realidad es que el problema, más que de contenido de estos, era político, monetario y de corrupción, por lo que, como diría la misma cuatro té, lo único que había que hacer era acabar con la corrupción, no con la educación.

A más de 24 horas del despido de Marx Arriaga, este individuo continua invadiendo una oficina que ya no le pertenece dentro de la Secretaría de Educación, convertido —en sus imaginación— en el paladín de la defensa educativa, poniendo “resistencia” al supuesto regreso de “los neoliberales”, acusando que la institución está llena de nepotismo, amiguismo y corrupción. Esto, para sorpresa de nadie, no es mentira. El mismo Arriaga ha sido denunciado por otorgarle cargos a familiares dentro del servicio público.

Volviendo a la presentación de Claudia Sheinbaum en Tlaxcala, esta aseguró que otro de los motivos por los que a los estudiantes no les gusta la escuela es porque “no hay mucha coincidencia entre lo que aprendieron en la secundaria y lo que aprendieron en la preparatoria” un problema que, señaló, no es de los estudiantes sino del sistema educativo.

A esto sumó que a varios estudiantes les queda a horas de distancia la escuela más próxima, además de que existe elitismo dentro de las mismas instituciones cuando se demerita el aprendizaje de los estudiantes de CBTIS, Conalep o Colegio de Bachilleres, siendo que, en sus palabras “todas las preparatorias son buenas”.

Hay algunos puntos que a la presidenta se le olvidan y que deberían ser prioritarios en cuanto a la actualización de la educación pública en el país, sobre todo los relativos a cuestiones de seguridad dentro y fuera de las aulas.

Un lamentable ejemplo se vivió esta semana en la alcaldía Tláhuac, cuando estudiantes protagonizaron una riña en las inmediaciones de la Escuela Secundaria Diurna 324 “Alfonso Caso Andrade” dejando como saldo un alumno lesionado con arma blanca identificado como Jeremy “N” por otro menor identificado como Diego “N” quien posteriormente fue golpeado por familiares de la víctima, siendo rescatado del linchamiento a duras penas por elementos de la deficiente Secretaría de Seguridad Ciudadana.

Inicialmente, la opinión pública condenó las acciones de Diego, sin embargo, con el paso del tiempo, versiones de los vecinos y padres de familia señalan que, presuntamente, Jeremy “N” pertenece a una familia que encabeza la organización criminal conocida como “Los Borregos”, dedicada al cobro de extorsión y el despojo de terrenos.

De acuerdo con versiones extraoficiales, Jeremy habría cometido bullying y robos contra sus compañeros aprovechando las actividades delincuenciales de sus familiares, por lo que presuntamente, ante las amenazas, Diego “N” habría decidido portar una navaja para defenderse.

Este caso, cuyos detalles y verdadero motivo aún se desconocen, evidencia un problema interno que va más allá de la institución educativa y está más relacionada con la descomposición del tejido social que provoca reacciones de violencia y ejemplos negativos para los jóvenes en edad escolar.

Por si esto fuera poco, las y los estudiantes, desde que ingresan al nivel preescolar se encuentran en el peligro real de sufrir abusos sexuales en distintas modalidades, no necesariamente por sus compañeros, pero también de ellos. Lamentablemente los casos de violencia sexual de docentes contra alumnos han sido una constante en todo el país que no muestra disminución.

Otra razón oculta es esa. Existen estudiantes que sufren al asistir a la escuela no por “llevar muchas materias” sino porque padecen de violencia sexual. Estos hechos son aterradores, sobre todo cuando los menores no se encuentran exentos en ningún nivel educativo.

Los terribles casos de violencia sexual se han presentado desde el preescolar y la primaria, cuando su inocencia y desconocimiento los dejan más vulnerables, pasando por la secundaria y preparatoria, cuando figuras de poder, falta de atención de sus padres, la transición de la adolescencia expone a las y los jovenes.

Y en eso tiene razón la presidenta, ninguna escuela es mejor, ni las públicas ni las afiliadas a la UNAM o al Politécnico Nacional, en ninguna los alumnos y alumnas se sienten seguros, estas ultimas lo han dejado más que patente con constantes manifestaciones en instalaciones de todas las instituciones educativas.

Hemos presenciado casos desde los CBETIS que han expulsado a maestros acosadores y agresores a golpes, como en las Vocacionales del IPN y en las preparatorias de la UNAM, donde muchos profesores acusados de violentar a las alumnas optaron por la “jubilación” antes de ser despedidos de su cargo.

Y, finalmente, uno de los problemas que quizá menos se menciona en torno a por qué los jovenes y niños ya no aspiran a estudiar y es sencillo: ¿Cuál sería el objetivo? ¿No hemos visto a personas de todos los oficios, de todas las profesiones, luchando por encontrar un empleo que les permita vivir con dignidad?

En esta misma presentación, Sheinbaum recalcó lo que llamó las carreras del futuro, de nuevo, como lema de todos los presidentes desde tiempos de Ernesto Zedillo, encabezados por la informática y ahora por la Inteligencia Artificial. Puede que la presidenta tenga razón, pero también hay un motivo por el que estas profesiones no se desarrollan en México y es por la falta de oportunidades, tanto de estudio como de ejercicio, pues el país carece de las instalaciones necesarias.

También es el caso de las ciencias, que han recibido constantes recortes desde el sexenio de López Obrador, por lo que los científicos del país tienen muy pocas oportunidades para ejercer, por lo que se da aquel fenómeno que han bautizado como “fuga de cerebros” donde todos los talentos del país terminan al servicio de otra nación que los cobija con el equipamiento y las oportunidades necesarios.

De las humanidades mejor ni hablamos, y de las ciencias sociales también, ambas abandonadas a su suerte a pesar de que estemos en el supuesto régimen más humanista.