Scherer, el testigo corrupto

Por. J. Jesús Lemus

La importancia del libro de Julio Scherer Ibarra no es por lo que dice, es por quien lo dice. Todos en México, gracias al trabajo de la prensa independiente, ya sabíamos de la colusión de algunos funcionarios de la Cuarta Transformación con miembro del crimen organizado, involucrados en actividades desde el huachicol hasta el tráfico de drogas, pasando por la trata de personas, extorsión y lavado de dinero.

El corrupto Julio Scherer Ibarra, tratando de limpiar su imagen, sale a denunciar en un libelo los actos criminales de Jesús Ramírez Cuevas, exponiendo cómo fue que acercó al “Rey del Huachicol”, Sergio Carmona Angulo, con la cúpula del Partido Morena, encabezada por Mario Delgado, para financiar candidaturas a gobiernos estatales y legisladores federales mediante fondos sucios.

Esa no es la novedad. Eso ya se sabía. Desde adentro de la Fiscalía General de la República de Alejandro Gertz Manero, ya se había filtrado esa historia. Desde el departamento de Justicia de Estados Unidos, también se habían dado indicios de cómo, en el triángulo del huachicol, con sede en las refinerías de Salamanca, Altamira, Minatitlán, allí también estaba involucrado Adán Augusto López Hernández.

Todo eso ya se sabía. Lo que dice Julio Scheres Ibarra, casi llorando por el despojo de sus privilegios de corrupción, es lo que cualquier mexicano -con la posibilidad media del raciocinio- ya estaba enterado por el trabajo de los periodistas que no están vendidos con la presidencia de la República.

Lo que verdaderamente hay que rescatar de la vorágine opinativa surgida a partir de la publicación del libelo de Scherer, es que -lo que se lee en esas líneas y las conclusiones en el fuero interno del lector- dicha información debe ser tomada como un testimonio de alguien que fue parte de la corrupción que denuncia.

Es como si un testigo protegido del crimen organizado hablara para señalar e inculpar a otros criminales. Su testimonio tiene mucha fuerza. No se puede pasar por alto. La voz del denunciante debe tenerse en cuenta por parte de aquellos que están facultados por ley para la persecución del delito.

Por eso la molestia de la presidenta Claudia Sheunbaum con la publicación del libelo de Scherer, en donde el autor hace un deslinde de responsabilidades criminales, sobre la realidad de la corrupción rampante dentro de la Cuarta Transformación.

La postura de la presidenta Sheinbaum, la que dice en el discurso que no protege a nadie y que no mantiene compromiso con nadie, deja mucho que desear. Dice que no ha leído el libro y no lo va a leer. Se mantiene fiel a su filosofía de vida: si no se menciona no existe.

En el caso del libelo de Scherer, si Claudia Sheinbaum no lo lee, entonces para ella no existe lo que allí se dice. Bajo esa lógica, bajo el principio de la política avestruz, la presidenta ya está dando por descartada la información sobre la corrupción existente en el gobierno del presidente López Obrador, cuando se hermanó -como siempre o más que nunca- el crimen con la cúpula en el poder.

Si Claudia está descartando lo que dice el libro de Scherer, solo por hecho de no leerlo, ya podemos suponer lo que vendrá: no habrá investigación de ningún tipo en contra de los corruptos que son mencionados por el corrupto Julio Scherer.

No se debe olvidar que Julio Scherer Ibarra fue despedido de su cargo de Consejero jurídico de la Presidencia, en el gobierno de López Obrador, porque fue descubierto en sus tranzas, Se le encontró cómo -en colaboración con el corrupto fiscal Alejandro Gertz Manero, estaba vendiendo justicia a criminales de delitos de cuello blanco.

Julio Scherer vendía impunidad a los delincuentes de cuello blanco, a través de diversos despachos de abogados de la Ciudad de México. Unos de esos casos fue el de Víctor Álvarez Puga e Inés Gómez Mont, igual que el de Juan Collado, en donde la FGR dilató las órdenes de captura, dando pie a la fuga de los imputados, y en el otro simplemente cometió errores intencionales dentro del proceso, para la liberación del delincuente.

Julio Scherer Ibarra no es una víctima, es uno más de la élite corrupta que hoy denuncia corrupción, tratando de limpiar su menguada imagen social, por lo que se debe considerar su denuncia como una versión bien fundada, bien enterada y con elementos de prueba. Scherer es el testigo que habla de los delitos que vio y en algunos de ellos fue partícipe.

Por ello no solo se le debe ver como un traidor que debería estar en la cárcel. Se le debe ver como un delincuente al que se le debe abrir una carpeta de investigación para que acuda al ministerio público y depose todo lo que sabe sobre la relación de los grupos criminales y el estado, tema sobre el que -desde hace mucho- viene insistiendo el presidente Donald Trump.

Si en la realidad existiera ese gobierno que Claudia Sheinbaum nos quiere vender desde su discurso, sobre el México de Justicia, el México Contra la Impunidad, el México del Fin de la Corrupción, lo más cierto es que hoy la Fiscal General de la República, Ernestina Godoy, ya estaría abriendo una carpeta de investigaciones por los delitos en que se confiesa testigo Julio Scherer Ibarra.

Y no, señora presidenta, un libro de denuncia -como el de Julio Scherer- no necesariamente necesita una fuente. Se vale que el mismo que escribe sea la fuente. Se requiere fuente cuando el que escribe está alejado de los hechos, pero en este caso, donde el que escribe es parte de los hechos, él mismo es la fuente.