Graciela Machuca Martínez /CAMBIO22
Las elecciones de 2027 para elegir a la persona que encabezará el Poder Ejecutivo del Estado de Quintana Roo (2027-2033) serán de mero trámite, porque “la voluntad popular” se la han adjudicado las dirigencias nacionales de los partidos Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA) y Verde Ecologista de México, las cuales consideran tener el suficiente capital político para gobernar la entidad, ya vayan en alianza o por separado.
El electorado de estados como Quintana Roo, Tamaulipas y San Luis Potosí se han convertido en rehenes de las cúpulas nacionales de ambos partidos, son vistos como moneda de cambio para negociar la reforma electoral que pretende imponer, ahora en la legislación secundaria, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo.
La falta de éxito de la propuesta presidencial para reformar la Constitución en materia electoral, fue un riesgo innecesario que sus asesores le hicieron pasar, porque si el Verde y el PT la aprobaban, hubiera sido como un suicidio político, porque ambos partidos y otros, tienen oxigeno, gracias a las reformas políticas de la década de los setentas de la autoría del ideólogo del PRI, Jesús Reyes Heroles, mismas que sirvieron como válvula de escape ante el férreo sistema político del país, con un partido de Estado, como pretenden convertir a MORENA con la reforma electoral que sigue siendo un proyecto prioritario para el grupo político de Andrés Manuel López Obrador y otros fundadores de MORENA.
Ahora que la presidenta de la república busca llevar “su” proyecto de reformas a leyes secundarias, para lo cual no requiere de la mayoría calificada en el Congreso de la Unión, y solo presionar por las buenas o por las malas a algunos legisladores de sus hasta ahora partidos aliados, los dueños de las franquicias de estos partidos, se encuentran en un escenario de posible rompimiento con MORENA y buscar tanto gubernaturas, curules a nivel federal y estatal, así como ayuntamientos.
La sobrevivencia del PT y del PVEM no solo depende de los cargos por elección plurinominal, sino también de la estructura política electoral que han ido construyendo y que la han financiado con recursos, no solo de las prerrogativas, sino de los tres niveles de gobierno.
Aunque el Verde pueda negociar con la presidenta quedarse con las candidaturas de Quintana Roo, Tamaulipas y San Luis Potosí y seguir en alianza, a cambio de sumarse a sus reformas, estarían perdiendo recursos económicos de las prerrogativas, así como lugares en congresos estatales y ayuntamientos, los cuales hoy en día le permiten incidencia en la administración de recursos públicos y en el tráfico de influencias, los verdaderos negocios tanto del Verde como del PT, para lo cual, solo utilizan como pretexto el tema de la democracia.
Lo que les pide la presidenta, el sumarse a su reforma electoral, es orillarlos, una vez más, al suicidio, lo cual ni el exniño verde ni el senador Manuel Velasco Coello, entre otros, están dispuestos a hacer, por lo que a estas alturas nada pierden y ganarían más, si se siguen oponiendo a la reforma y con ello romperían a la 4T.
Si el PVEM decide irse por su cuenta a las comicios del 27, tiene la oportunidad de hacer alianza con Movimiento Ciudadano e incluso con su anterior socio, el PRI. Este escenario podría evitarlo, la presidenta de la república, si tiene los expedientes penales preparados de las múltiples ilegalidades en que han participado los dirigentes del Verde, desde hace, por lo menos, 20 años, desde que se unieron, al PAN, luego al PRI y para terminar, con MORENA, pero esas alianzas con el poder les han dado un manto de protección e impunidad.
PAN, PRI y MORENA poco recibieron electoralmente del PVEM, en cambio, esta organización política y financiera se los ha llevado al baile, porque con recursos gubernamentales y a costas del electorado de sus socios del momento, han ido construyendo estructuras electorales, pero, principalmente, complicidades entre los grupos de poder político y económico a tal grado que no es tan fácil romper esos acuerdos. El Verde le sabe mucho a MORENA, tiene un capital de información que lo puede utilizar en tiempos electorales.
Ni el PAN ni el PRI tuvieron tiempo de hacer circo, maroma y teatro, para sacudirse al Verde, porque perdieron las elecciones. AMLO los quiso mantener mientras consideraba que le eran útiles, incluso tuvo la oportunidad de alejarlos antes de las elecciones presidenciales del 24, pero al revisar sus encuestas reales, se dio cuenta que aún le podían servir, pero la dirigencia verde tenía otros planes, usar su presencia en el poder para consolidarse, no como partido político, sino como una empresa de cabildeo institucional.
AMLO, no solo le heredó a la presidencia de la república a Claudia Sheinbaum Pardo, sino su alianza con el PT y el Verde, una herencia que le está costando mucha autoridad política para “someterlos”, ya que se ha dado cuenta que no puede expulsarlos del poder gubernamental que hoy día tienen en estados como San Luis Potosí y Quintana Roo.
En la primera entidad, el gobernador en turno, precisamente del Verde, ha retado a la presidenta, diciéndole que el pueblo decidió que su sucesora sea su esposa y cuando el pueblo decide, no es nepotismo.
En Quintana Roo el PVEM le ha dicho a MORENA que ya tiene su candidato, Eugenio Segura, que no hay espacio de negociación para considerar a Rafael Marín Mollinero, porque en alianza o no, ya se decidió que el Verde va con el actual senador.
A AMLO le salió el tiro por la culata, sus aliados le salieron respondones, él mismo los terminó de empoderar cuando los aceptó como socios después de que le sirvieron, los verdes, al PAN y al PRI.
En Quintana Roo, hasta el momento, solo se puede hablar de dos escenarios, va Eugenio Segura con la 4T o se rompe la alianza y Segura es candidato del PVEM y Marín por MORENA, de esta manera, la voluntad popular, es una falacia en Quintana Roo.
