Por. J. Jesús Lemus/La Opinión de México
El anuncio hecho por el departamento de Justicia de Estados Unidos, sobre la inexistencia del Cártel de Los Soles, a partir de que no existen evidencias de reuniones, registros o jerarquías, no es una torpeza del gobierno norteamericano. Tampoco es un recular de la administración Trump en su empeño por encarcelar al expresidente venezolano Nicolás Maduro.
Detrás de la negación de la existencia del Cártel de los Soles se asoma una estrategia jurídica transnacional por parte de la administración del Presidente Trump, con la que se pretende aplicar el modelo judicial de Nicolas Maduro a todos los narcopolíticos de cualquier país de América, incluyendo -claro-, a los de México.
El Departamento de Justicia de Estados Unidos ha referido que el Cártel de Los Soles no existe como organización formalmente instituida. Ha dicho que al no contar con registro de documentos oficiales que hablen de su constitución, ni existir reuniones documentadas o jerarquías de mando, esa agrupación criminal solo se puede considerar como “un sistema clientelar”.
Esta definición hecha por el Departamento de Justicia sobre el Cártel de Los Soles, llamándole a esa organización criminal “un sistema clientelar”, dificultará la defensa de Nicolás Maduro, ya que bajo esa clasificación la Fiscalía de Estados Unidos no está obligada a probar la existencia de esa agrupación criminal.
Si el Cártel de Los Soles se definiera como “Cártel”, como una agrupación criminal del tipo de Delincuencia Organizada, como al principio se había catalogado, la Fiscalía de Estados Unidos Estaría obligada a demostrar su existencia mediante pruebas verbales y documentales que hablaran de reuniones, registros y jerarquías.
Las pruebas de la Fiscalía tendrían que colocar a Nicolás Maduro en el centro de cada una de esas pruebas, planteando que el expresidente de Venezuela lideró reuniones, estaba a la cabeza de los registros o que era la cabeza principal de la jerarquía criminal.
Si bien es cierto que la Fiscalía de Estados Unidos, con el apoyo de la agencia antidrogas (DEA) de ese país, han fincado el caso de narcotráfico que se le imputa a Nicolás Maduro con base en los testimonios de narcotraficantes mexicanos, principalmente con base en las declaraciones de Ovidio y Joaquín Guzmán López e Ismael Zambada García, también resulta que las pruebas que existen contra maduro solo son testimoniales.
Por esa razón la Fiscalía de Estados Unidos no puede darse el lujo de acusar a Nicolás Maduro de liderar a un cártel cuya existencia no se puede demostrar sólidamente. No es suficiente con el testimonio de los testigos narcotraficantes mexicanos.
Por eso se ha optado por decir que como cártel no existen Los Soles. Que solo se trata de un sistema clientelar, una red informal de funcionarios unidos por la corrupción y la oportunidad de trasegar drogas, en la que estaba incluido Nicolás Maduro, no como líder, pero sí como persona de gran peso dentro de la organización criminal.
Con el viraje en la clasificación de la organización delictiva a la que pertenecía Nicolas Maduro, a través de la cual pudo trasegar cientos de toneladas de cocaína desde Venezuela a suelo norteamericano, se observa más fácil para la Fiscalía poder demostrar la existencia del “sistema clientelar” que fue utilizado por Nicolas Maduro para trasegar drogas.
No es lo mismo demostrar la existencia de un cártel internacional que “un sistema clientelar”. Para demostrar lo primero se requieren documentos, cuentas bancarias, transferencias, jerarquías, registros oficiales. Para lo segundo basta solo un testimonio de alguien que haya estado dentro de ese sistema clientelar.
Por eso el cambio de narrativa de la Fiscalía de Estados. Porque con la prueba testimonial de los testigos de cargo, Ovidio, Joaquín y El Mayo, que se presenten contra Nicolás Maduro, será suficiente para incriminarle la responsabilidad del trasiego de toneladas de cocaína a suelo norteamericano.
El cambio de clasificación de Los Soles, reduciéndoles de ser un cártel a solo “un sistema clientelar”, no solo complica la defensa a Nicolas Maduro, también establece un nuevo modelo de acusación por parte de la Fiscalía de Estados Unidos.
Ese nuevo modelo se puede basar en el señalamiento de un testigo para incriminar a alguien como parte de “un sistema clientelar”, en donde -por medio de la corrupción y la red informal de alianzas- se puede llegar a delinquir.
Si prospera ese modelo. Es decir, si con él se logra llevar a prisión de por vida a Nicolás Maduro, lo más posible es que ese modelo acusatorio se comience a aplicar contra algunos narcopolíticos de cualquier parte de América, incluidos los de México.
Pareciera que la justicia norteamericana se encuentra ensayando un nuevo modelo de acusación contra aquellos narcopolíticos, especialmente los mexicanos, que se han cuidado de no dejar huellas en el camino y han borrado cualquier evidencia que los vincule con grupos formales del crimen o cárteles de las drogas.
Solo es cuestión de tiempo para saber quienes serán los primeros narcopolíticos mexicanos que se les asocie en Estados Unidos de ser parte de “un sistema clientelar”, sin que exista obligación pata la Fiscalía norteamericana de demostrar la existencia de la red criminal. Solo bastará una palabra.
