Por. Mayahuel Hurtado
En política hay figuras que surgen de coyunturas y otras que se construyen con trabajo, gestión y presencia territorial.
En el estado de Colima, particularmente en la zona costera, Griselda Martínez Martínez pertenece a este último grupo.
En municipios como Manzanillo, Armería y Tecomán, su nombre se ha convertido en un referente político difícil de ignorar.
Durante la pasada contienda electoral para el Senado de la República, Griselda Martínez no limitó su campaña a la zona costera. Recorrió los diez municipios del estado, dialogó con sectores sociales, visitó comunidades y estableció vínculos con liderazgos ciudadanos que vieron en su candidatura una alternativa política distinta dentro del panorama estatal.
Sin embargo, los resultados electorales reflejaron una realidad política que trasciende las campañas.
Morena obtuvo la victoria impulsado por el peso de los programas sociales federales y por la estructura electoral que lo acompañó en alianza con el Partido Verde y el Partido del Trabajo. En segundo lugar se posicionó la fórmula encabezada por Mely Romero.
Movimiento Ciudadano, con Griselda Martínez como candidata, quedó en tercer lugar.
Pero en política los números fríos no siempre cuentan toda la historia.
Mientras Morena compitió con el respaldo de una maquinaria electoral consolidada y PRI y PAN hicieron lo propio a través de una alianza que representa décadas de estructura política en el estado, Movimiento Ciudadano enfrentó la elección completamente solo.
Sin coaliciones.
Sin maquinaria histórica.
Sin estructuras clientelares tradicionales.
Aun así, logró posicionarse como una fuerza política con crecimiento visible.
En ese escenario, el liderazgo de Griselda Martínez adquiere una relevancia que trasciende los resultados de una elección.
Su trayectoria política se remonta más de tres décadas de lucha social en la izquierda, y actualmente, está profundamente vinculada con sus administraciones al frente del municipio de Manzanillo, donde ha construido una narrativa de gobierno basada en tres pilares: honestidad, disciplina financiera y obra pública.
Durante sus administraciones se ha destacado el pago de poco más de 500 millones de una deuda heredada, la reestructuración de las finanzas municipales y la ejecución de más de mil doscientas obras públicas, además de un estilo de gobierno que ha buscado mantener contacto directo con la ciudadanía y un ayuntamiento equipado para atender las necesidades del municipio de Manzanillo.
Ese modelo de gestión ha permitido que su liderazgo trascienda el ámbito municipal.
Si bien su base política se consolidó en la zona sur del estado, hoy su presencia comienza a sentirse también en la zona norte de Colima, donde diversos sectores sociales reconocen su capacidad administrativa y su estilo político.
Y ahí es donde comienza el verdadero debate político.
Porque rumbo al proceso electoral de 2027, Movimiento Ciudadano enfrenta una disyuntiva estratégica.
El partido naranja ha logrado posicionarse como una alternativa política real en el estado, pero su crecimiento dependerá de la inteligencia con la que defina sus candidaturas y liderazgos.
En política, los partidos no solo compiten contra sus adversarios.
También compiten contra sus propios errores.
Y en Manzanillo la realidad política es difícil de discutir: dentro de Movimiento Ciudadano no existe hoy una figura con el nivel de posicionamiento que ha alcanzado Griselda Martínez.
Incluso más allá de su propio partido, resulta complicado encontrar dentro de la oposición un liderazgo que tenga el mismo nivel de reconocimiento ciudadano en la región costera.
Por ello no resulta extraño que su figura sea objeto de críticas constantes, ataques políticos y campañas de desgaste.
La guerra sucia ha sido, históricamente, uno de los instrumentos favoritos de la política cuando los adversarios perciben que un liderazgo comienza a crecer.
Pero hay un detalle que suele olvidarse en estos casos.
Los liderazgos que se construyen desde el territorio, desde el gobierno y desde el contacto directo con la ciudadanía no desaparecen fácilmente con campañas mediáticas, al contrario; muchas veces terminan fortaleciéndose.
Por eso, en el tablero político colimense rumbo a 2027, una cosa parece cada vez más clara:
Griselda Martínez no es una figura que pueda ignorarse.
Ni por sus adversarios.
Ni por su propio partido.
Porque en política, como en el ajedrez, hay piezas que pueden sustituirse.
Y hay otras que definen el rumbo de toda la partida.
Hoy, en Colima, Griselda Martínez es una de ellas.
