Una celda en el infierno

Por. J. Jesús Lemus

Una tarde, como a las siete, me trasladaron del área de procesados a una nueva celda en la de sentenciados . Un oficial se postró frente a mi celda y ordenó que me alistara para llevarme al que sería mi hogar en los siguientes 18 años, “si es que los aguantas”, me dijo . Un calor me bajó por el cuerpo . Como pude, con la celeridad que siempre se exige en prisión, coloqué mis pocas pertenencias en una sábana, hice un tambache y me lo cargué al hombro . En mi traslado pesaba más la vergüenza que mis pocas propiedades: el libro Inventario de Mario Benedetti, una compilación de poemas de Jaime Sabines, 10 libretas donde tenía el bosquejo de Los malditos  —llegarían a ser 12—, una cobija, una colchoneta, mi ropa y mis enseres de higiene personal .

El traslado fue largo . Me despedí de todos los que, a fuerza de convivencia y anécdotas diarias, nos habíamos hecho una familia en aquel módulo . Yo iba sudando por la prisa con que me trasladaba el oficial de cargo y el aliento se me cortaba . A paso veloz recorrí de un extremo al otro la cárcel federal . En cada uno de los diamantes de vigilancia, donde debía esperar a que se abrieran las siguientes celdas para continuar, el oficial de custodia aprovechaba para acercarse y recordarme que me estaba llevando a un infierno del que no saldría . Yo hacía oídos sordos . Es una extraña cualidad que se adquiere en la cárcel: no sé cómo, pero se llega ignorar el entorno y trasladar la mente a cualquier tiempo y lugar, menos el presente .

Mi mente comenzó a fugarse . Como casi siempre, se fue a los sitios que no son precisamente los mejores de mi vida . La ruta del  recuerdo es a veces caprichosa si se deja al azar . Recordé la causa por la que estaba preso . Volví a leer la entrada del reportaje que estaba escribiendo cuando me secuestró aquel comandante corrupto de la policía ministerial de Guanajuato . Volví a ver la estructura que ya había formado en mi mente para presentar a la agencia efe el reportaje “Las nuevas rutas del narcotráfico”, que mostraba la red de corrupción y complicidades de gobiernos estatales como el de Michoacán y el de Guanajuato con células del crimen organizado, principalmente de La Familia Michoacana y Los Zetas .

Recordé que mi investigación comenzó a partir del indicio de que existía una relación entre la familia Calderón Hinojosa y La Familia Michoacana, de la que en ese entonces la Tuta era sólo un miembro más de la cúpula directiva . Esas sospechas las confirmó después el propio Servando Gómez, cuando en un video publicado en YouTube, el 27 de noviembre de 2013, reconoció que la senadora Luisa María Calderón Hinojosa “fue la única persona que tuvo acercamiento con nosotros” . En Michoacán era un secreto a voces la cercanía entre el presidente y el grupo criminal que se comenzaba a organizar como cártel para el trasiego de drogas . El enlace de esa relación era un empresario de poca monta llamado Alfonso Reyes Hinojosa, primo hermano de Felipe Calderón .

Una fuente del Centro de Investigación y Seguridad Nacional (Cisen) me confirmó los rumores: el familiar de Calderón mantenía negocios inmobiliarios con La Familia . En una especie de sociedad, Reyes Hinojosa se financiaba con fondos provenientes del narco y a veces el crimen organizado lo utilizaba para blanquear fondos o conseguir créditos del sistema de financiamiento a la pequeña y mediana industria, tanto en el ámbito federal como en el estatal . De hecho, Reyes Hinojosa utilizó su parentesco con el presidente para obtener una serie de permisos de explotación en pequeñas minas en la zona de Tierra Caliente y la Costa-Sierra nahua, que fueron arrebatadas por Nazario Moreno González, el Chayo, a sus legítimos propietarios .

Como jefe de plaza en el sur de Michoacán, el Chayo tenía una notable inf luencia en la cúpula de La Familia Michoacana y logró apoderarse de más de 70 pequeñas minas . En ese tiempo La Familia, en un intento de diversificar su actividad criminal para no centrarla en el cada vez más difícil tráfico de drogas, mantenía en operación cerca de 234 minas, cuya rentabilidad ayudaba al sostenimiento de la estructura clandestina . Reyes Hinojosa también era el nexo entre La Familia y el gobierno federal para legalizar las minas que eran arrebatadas a los empresarios como parte de la extorsión predominante en la entidad .

Pero el primo hermano del presidente no sólo hacía gestiones para que las minas quedaran a nombre de personas allegadas a La Familia Michoacana, sino que también a nombre de esta organización delictiva solicitaba “préstamos” millonarios a empresarios de Morelia con el cuento de que proyectaba construir desarrollos inmobiliarios en Morelia, capital del estado . Por lo general esos préstamos no eran devueltos, pues el dinero se destinaba al pago de nómina de la estructura criminal . Ningún empresario se atrevía a solicitar la devolución, sobre todo después de una visita de las células que encabezaba la Tuta .

El rompimiento entre Reyes Hinojosa y la Tuta se dio cuando aquél comenzó a hacer negocios por cuenta propia . Siguió solicitando préstamos, asegurando que contaba con el respaldo de La Familia Michoacana . Sin embargo, el grupo criminal no aprobó esa conducta . Uno de sus cabecillas, Jesús Méndez Vargas, el Chango, obligó al primo del presidente a devolver los créditos solicitados sin la debida autorización .

Por eso se le encomendó a la Tuta que buscara y levantara a Reyes Hinojosa, como una advertencia para que se alineara . El secuestro del empresario michoacano —como confirmaría después la Tuta en su declaración ministerial tras ser detenido— motivó que la familia de Felipe Calderón se acercara al cártel para pedir que liberara vivo a su pariente . La declaración que públicamente rindió la Tuta sobre esos hechos indició a la hermana de Felipe Calderón, Luisa María, que no obstante llegaría al Senado y sería precandidata del Partido Acción Nacional (pan) a gobernadora de su estado .

En la investigación que comencé sobre esa perversa relación surgió un punto de quiebre: en mi lógica no cabía la miopía del gobierno federal, pues mientras el presidente, a través de las secretarías de Seguridad Pública y de la Defensa Nacional, estaba enviando a Michoacán a más de 6 000 hombres para dar con las cabezas de La Familia Michoacana, al parecer su hermana conocía la ubicación de algunos jefes de ese cártel, a quienes envió emisarios para solicitar la liberación de Reyes Hinojosa, como luego lo aseguró el mismo Servando Gómez Martínez en diversos videos subidos a la red .

Siguiendo la madeja de aquella relación insana, los indicios apuntaron hacia otros actores políticos de Michoacán . Surgió en primera instancia el nombre de Jesús Reyna García, entonces presidente del comité directivo estatal del pri y muy cercano a la familia Calderón Hinojosa . Funcionarios del Cisen asignados a Michoacán pudieron confirmar la amistad que el presidente del partido tricolor en el estado mantenía con casi todos los jefes de La Familia Michoacana . Esos vínculos fueron después la base para que la pgr consignara penalmente al ex gobernador de Michoacán por los delitos de delincuencia organizada y fomento al narcotráfico .

Al paso de los años esa versión filtrada se pudo confirmar con un video, que se hizo público, donde Reyna García y el entonces diputado local de su partido y líder de los transportistas estatales, José Trinidad Martínez Pasalagua, aparecen en franco diálogo con la Tuta . De acuerdo con funcionarios de inteligencia del gobierno federal, Reyna García se reunió al menos una docena de ocasiones con los jefes de ese cártel michoacano . La relación con algunos de esos criminales pudo concretarse desde 1992, cuando Reyna García fue nombrado procurador de justicia por el gobernador Ausencio Chávez Hernández . A la fecha, Reyna García sigue recluido en la cárcel federal del Altiplano .

Pero la corrupción del crimen organizado no sólo había tocado a la cabeza del pri en el estado; también había evidencia de la infiltración del cártel en al menos 89 de las 113 alcaldías . A principios de 2008 el Cisen advirtió en un informe confidencial dirigido al secretario de Gobernación que al menos una veintena de alcaldes se dejaron seducir por la organización delictiva . Ése fue el origen del “Michoacanazo”, que sólo advertía del fomento al narcotráfico, pero nunca ahondó en el trasiego de armas en una ruta que conectaba el norte del país con el centro de la entidad .

Pese a que el Cisen detectó indicios de corrupción en 89 alcaldías de Michoacán, el presidente Calderón ordenó la aprehensión de sólo 11 presidentes municipales: los que tenían diferencias con él o con quienes tuvo choques políticos y hasta personales . A sus amigos, aunque coludidos plenamente con La Familia Michoacana, los dejó intactos . Ése es el episodio conocido como El Michoacanazo, que terminó con el encarcelamiento masivo de alcaldes y funcionarios de primer nivel de la administración perredista de Leonel Godoy Rangel .

Se ordenó dar seguimiento cercano, para después encarcelarlos, a Genaro Guízar Valencia, presidente municipal de Apatzingán; Armando Medina Torres, de Nueva Italia; Uriel Farías Álvarez, de Tepalcatepec; Jairo Germán Rivas Páramo, de Arteaga; Antonio González Rodríguez, de Uruapan, y Audiel Méndez Chávez, de Coahuayana .

Lo mismo ocurrió con José Cortez Ramos, alcalde de Aquila; Osvaldo Esquivel Lucatero, de Buenavista; José Luis Ávila Franco, de Ciudad Hidalgo; Adán Tafolla Ortiz, de Tumbiscatío; Juan Antonio Ixtlahuac Orihuela, de Zitácuaro, y Francisco Estrada García, de Nuevo Urecho .

La red de corrupción de La Familia Michoacana de la que se intentaba desmarcar el presidente Calderón se extendió hasta estados del centro, donde los nexos de ese cártel llegaban a funcionarios de primer nivel e incluso hasta un gobernador: el de Guanajuato . Los indicios apuntaban hacia una negociación entre el gobierno de Juan Manuel Oliva Ramírez y La Familia Michoacana para que ésta se asentara en el estado de manera definitiva . El posible negociador de esa relación, según versiones del Cisen, fue el entonces procurador de justicia guanajuatense, Daniel Federico Chowell Arenas, cuya gestión en esa dependencia se distinguió por los actos de tortura institucionalizados, de los que di cuenta luego de que él ordenara mi secuestro y presentación como supuesto miembro del cártel de las drogas que investigaba .

La investigación “Las nuevas rutas del narcotráfico”, que trataba sobre la corrupción emanada de La Familia Michoacana, se acercó tanto a los amigos de Felipe Calderón que pronto ellos clamaron para que se me acallara . No era para menos . Comencé  a recabar testimonios que, desde adentro del cártel, revelaban no sólo el trasiego de drogas de Michoacán hacia Estados Unidos, sino también el tránsito de armas y municiones de ese país hacia los municipios de Tierra Caliente, región donde estaba atrincherada la agrupación criminal . Para entonces ésta se estaba dividiendo en dos: una sección que controlaba Jesús Méndez Vargas, el Chango, y la que estaba organizando el Chayo .

Las armas que entraban al estado eran invisibles sólo para aquellos que no querían darse cuenta del problema . La investigación periodística apuntaba a que no solamente se contrabandeaban armas cortas, sino también bazucas y hasta pequeños misiles de fabricación soviética . La Familia Michoacana  se estaba preparando para una guerra de facciones . Al menos así lo sugería la cantidad de armamento que llegaba por tierra y algunos cargamentos en el tren de la empresa Kansas City Southern, que comunica el puerto de Lázaro Cárdenas con el sur de Texas, en Estados Unidos .

Otra ruta que el crimen organizado utilizaba para introducir armas de Estados Unidos a Michoacán era el corredor del Pacífico, de Tijuana a Tepic . De estas ciudades se bifurcaban dos trayectos: uno pasaba por Jalisco y Colima para ingresar a Michoacán por la sierra, en la parte occidental, y la otra que se abría desde Nayarit hacia Aguascalientes y Guanajuato para entrar por el norte . En todos los itinerarios del contrabando de armas estaban coludidos grupos de policías municipales y ministeriales de varias entidades .

Por eso la red de corrupción para el tráfico de armamento y drogas eran tan fuerte que ni siquiera la Unidad Especializada en Investigación de Terrorismo, Acopio y Tráfico de Armas de la entonces siedo quería entrarle al problema . Todo el trabajo de la pgr acerca de esas rutas se había hecho en el escritorio, según me lo confió un agente federal . También afirmó que los contrabandistas de armas seguían, en sentido inverso, el mismo camino que usaban los traficantes de drogas para llevar sobre todo cristal y cocaína a Estados Unidos . El paso de ambas mercancías ilegales era muy rentable para las diversas policías . Por citar un ejemplo, la corporación estatal de Guanajuato recibía de La Familia Michoacana dos millones de dólares mensuales a cambio de protección .

Ése era el pensamiento que me asaltaba cada vez que me daba por desenmarañar las causas por las que, de la noche a la mañana, me convertí en un reo de “altísima peligrosidad” . Siempre venía a mi mente el reportaje que realizaba cuando me secuestraron . No hubo día en la cárcel en que no intentara descubrir cuál fue el error que terminó por encerrarme en una celda al lado de Rafael Caro Quintero . Me convencí de que no fui lo bastante cauteloso en la investigación y consulté como fuentes a policías que eran parte de la red de corrupción . Pero a eso tenía que sumarse lo incómodo que me volví para el presidente Calderón y sus amigos, uno de ellos Jesús Reyna García, ya para entonces gobernador interino de Michoacán, a quien yo había señalado insistentemente por sus oscuros negocios con el crimen organizado . Hoy se encuentra encarcelado por sus nexos con el cártel de Los Caballeros Templarios .

A Reyna García le molestó sobremanera la publicación que hice sobre una averiguación previa iniciada por la procuraduría de Michoacán, que luego fue archivada por orden directa del gobernador Lázaro Cárdenas Batel . Se investigaba una posible red de prostitución infantil a partir de la denuncia de un joven de 16 años que fue llevado con mentiras a una reunión de la cúpula priísta estatal . El joven fue contactado por un auxiliar de Mauricio Montoya Manzo, entonces presidente de la organización política, y se le hizo creer que sería la nueva imagen del partido en una serie de anuncios espectaculares que se distribuirían por todo el estado . Se le convocó a una sesión de fotografía en las instalaciones del partido en Morelia . Con engaños, el menor terminó posando desnudo para la cámara y fue objeto de tocamientos de algunos de los presentes en la reunión, encabezada por Montoya Manzo .

La nota sobre esa averiguación previa se publicó en la última semana de abril de 2008 . Casi 10 días después fui citado por el comandante Ángel Ruiz Carrillo a la zona limítrofe de Michoacán con Guanajuato . Ruiz Carrillo era una fuente a la que había estado consultando sobre la expansión de La Familia Michoacana . Inicialmente se había mostrado reacio a proporcionarme datos, pero un informante del grupo delictivo me aseguró que él tenía información valiosa . Después de todo él estaba asignado a la comandancia regional del municipio de Cuerámaro, uno de los puntos estratégicos en las rutas del narco y por donde pasaban toneladas de armas . Por eso le insistí en que ofreciera su versión de los hechos .