• Entre los regañados estaban Armando Ayala Robles, senador de la República y exalcalde de Ensenada; Evelyn Sánchez Sánchez, diputada local del Congreso de Baja California, y Miriam Cano Núñez, presidenta municipal de San Quintín.
Por. Nora Villegas.
Ciudad de México.- Durante su visita a Baja California, el pasado 31 de enero, a Claudia Sheinbaum la abordaron ciudadanos de la comunidad de San Quintín, Baja California. Pobres, olvidados, jornaleros que trabajan el campo. Le reclamaron, la regañaron. Eso es lo que importa en esta nota, qué dijeron ellos, no qué les dijo Sheinbaum a los funcionarios, en un arranque de ira, en el que pareció que le dolió mucho tenerse que callar cuando le estrellaban en la cara las promesas incumplidas de López Obrador.
Hay que ser honestos, a Sheinbaum no le interesa ni la pobreza ni el olvido que aqueja a los habitantes de San Quintín, ni la de ningún mexicano, le aqueja no tener la razón, no encontrar lugares en donde decir “estamos con la gente, con el pueblo…” y todas esas tonterías morenistas que se aprenden sus adeptos de memoria.
San Quintín Baja California, como muchos otros municipios en el país, es una comunidad pesquera y agrícola, un botón de prueba de lo que sucede en el territorio nacional. Según el INEGI (Instituto Nacional de Estadística y Geografía) en la comunidad de San Quintín no hay transporte público, no hay servicio de limpia, ni alumbrado público, tampoco cuenta con infraestructura ni equipamiento como recubrimiento en calles, banquetas o vialidades; no tiene espacios culturales o recreativos como parques, jardines, una biblioteca o casa de la cultura.
En San Quintín no hay una lechería de Liconsa, ni un comedor comunitario, como los jornaleros aseguraron a Sheinbaum, la comunidad no cuenta con ningún servicio de salud, bueno, ni siquiera con un hospital, sanatorio o clínica particular.
La principal actividad económica en San Quintin es el cultivo y cosecha de productos agrícolas, no hay ni policías, lo habitan alrededor de cuatro mil 700 personas, mismas que no cuentan con un sistema de abasto de alimentos, ni de medicamentos, ¡ni siquiera hay drenaje público!
Con un dedo flamígero, la presidenta apuntó hacia los legisladores que esperaban atrás de la valla a que terminara la reunión de Sheinbaum con jornaleros campesinos del municipio de San Quintín, solo para tomarse la foto con ella y les dijo “¡hay que trabajar más con la gente!”, entre otros gritos y algún sombrerazo que fue bien aprovechado por la prensa para presentar la idea de una mandataria estricta (que total, no hace nada).
Entre los regañados estaban Armando Ayala Robles, senador de la República y exalcalde de Ensenada; Evelyn Sánchez Sánchez, diputada local del Congreso de Baja California; Miriam Cano Núñez, presidenta municipal de San Quintín; Claudia Moreno, Jaime Cantón, Aracely Gerardo Núñez, Juan Manuel Molina García, Gloria Aracely Miramontes, Andrea González Moreno, Ramón Vázquez Moreno y Teresa Méndez Moreno, legisladores locales y federales que, seguramente no son cercanos a López Obrador, porque de ser así, no los habría regañado, al contrario, los habría defendido aun en contra de las protestas y sentires populares.
Las protestas ciudadanas de los habitantes de San Quintín no son mínimas, ellos exigieron la renuncia de la presidenta municipal y la acusan de irregularidades en el manejo de recursos públicos (en franco cristiano, la acusan de ratera).
Ante la falta de servicios básicos, despidos de trabajadores del municipio, adeudos de nómina, aumento de impuestos, los habitantes de San Quintín han hecho bloqueos en la carretera, han tomado las oficinas del gobierno municipal, a lo que la presidenta Sheinbaum respondió con una propuesta más guanga que… bueno ni digo el nombre, pero dijo que enviaría a un representante del gobierno federal para que atienda las quejas, además de instalar un Centro Integrador del Gobierno Federal en la zona (mejor déjelo así)
Para cerrar, la gobernadora de Baja California, Marina del Pilar Ávila Olmeda, es una de esas funcionarias ganadoras de la tómbola Trumpista “quíteeeeeeeela Vissaaaa” (léase con voz de lástima Margarito), así que ya nos imaginamos lo que va a pasar en San Quintín, nada.
Y aunque se siente bien que los haya regañado, porque eso queremos que haga con todos los morenistas y porque es el único acto de justicia política que ha demostrado en toda su administración, todo quedará en “el regaño” como aquellos que dan de las abuelas a los nietos descarriados.
