Por. J. Jesús Lemus
La sordera del gobierno federal a los reclamos de agua no es exclusiva para la población marginada, también los organismos municipales operadores de agua de la mayoría de los municipios de Chihuahua se han tenido que enfrentar a este problema; gobiernos como los de Allende, Bacoyna, Carichi, Camargo, Chinipas, Delicias, López, Madera, Santa Isabel, Saucillo, Satevo, Temosachic y Uruachi, gestionan desde hace más de 20 años permisos para la perforación de nuevos pozos de abasto a la población, pero la CNA no ha dado respuesta a las solicitudes.
Sin embargo, la burocracia de la CNA, de manera extraña ha respondido diligentemente a las peticiones presentadas por las firmas Pasteurizadora de los Productores de Leche S.A., Promotora de la Industria Chihuahuense, Proyectos Industriales Carne Mart S.A. de C.V., Rexcel S.A. de C.V., Ronsi S.A. de C.V., Ciénega de los Padres Francisco Villa S.P.R., Santa Maria del Mirador S.P.R. de R.L. de C.V., Sigma Alimentos S.A. de C.V., y Villarcayo S.P.R. de R.L. de C.V., que en conjunto cuentan con permisos para utilizar 3 millones 629 mil 984 metros cúbicos de agua al año.
Otros puntos del estado que manifiestan la situación extrema, no solo por la disputa del agua sino por el agotamiento de las fuentes, son los municipios de Cuauhtémoc, Riva Palacio, Namiquipa, Cusihuiriachi, Ascención, Buenaventura, Nuevo Casas Grandes, Janos, Villa Ahumada, Ojinaga, Aldama y Camargo, donde un grupo poblacional especifico es actor y víctima del desabasto: los menonitas.
A esta comunidad migrante holandesa que comenzó a asentarse en el estado de Chihuahua hacia finales de 1922, se le puede colocar en cualquiera de los dos extremos del problema del agua, pues mientras que por un lado son parte del sector económico voraz que ha llevado a la extinción del recurso, también son víctimas de desplazamiento a causa de la falta de agua.
La intensa actividad agroalimentaria que realizan los menonitas, la que oficialmente se reconoce positiva por parte del gobierno Chihuahua, al atribuirles el aporte anual de más de 400 mil toneladas de maíz a la oferta nacional, además de ser reconocido como el principal grupo productivo en la industrialización de la leche, no ha sido fortuito: han alcanzado ese nivel productivo gracias al uso privilegiado del agua que les ha otorgado el gobierno federal en los últimos años.
Las cifras hablan por sí solas. Mientras que en Cuauhtémoc los más de 169 mil habitantes tienen que subsistir con un abasto promedio anual de agua estimado en 21 millones 500 metros cúbicos que se genera en 54 pozos, los que alcanzan para satisfacer plenamente a dos terceras partes de esa población y dejan a casi 12 mil habitantes sin el suministro, los menonitas disponen de al menos 3 mil 200 pozos que aportan casi 122 millones de metros cúbicos de agua al año, considerando que este grupo poblacional en esta localidad no supera los 32 mil habitantes.
Igual sucede en el municipio de Namiquipa, donde los menonitas constituyen una población de apenas 10 mil habitantes, pero tienen acceso a un volumen de agua que supera los 11 millones de metros cúbicos al año, mientras que los 23 mil pobladores de Namiquipa, de los que casi el 18 por ciento no cuentan con servicio de agua potable en sus domicilios, se tienen que abastecer con menos de 5 millones de metros cúbicos de agua a año; en Cusihuiriachi, los menonitas que se cuantifican en menos de 5 mil habitantes, tienen concesiones para sus actividades de producción agroalimentaria por el orden de los 4 millones de metros cúbicos, mientras que los casi 6 mil habitantes de esa localidad se abastecen con solo 2 millones de metros cúbicos de agua por año.
El caso se repite en los municipios de Ascención, Buenaventura, Nuevo Casas Grandes, Janos, Villa Ahumada, Ojinaga, Aldama, Riva Palacio y Camargo, donde en conjunto la distribución percápita entre la comunidad menonita es de 760 metros cúbicos de agua al año, mientras que la otra población que tienen acceso al suministro en sus domicilio, apenas alcanzan una proporción de 166 metros cúbicos por año; en la suma de estas localidades son más de 14 mil pobladores los que no tienen la posibilidad de tener agua en sus viviendas.
Por eso se ha dado una silenciosa confrontación entre los habitantes de estos municipios y los miembros de la comunidad menonita, en donde las disputas por el agua han llegado no solo a los tribunales sino que también han generado confrontaciones violentas, como la registrada en el municipio de Riva Palacio el 22 de octubre del 2017, cuando tres miembros de la comunidad menonita, que se caracteriza por su pacifismo como forma de vida, fueron ejecutados al negarse a la posibilidad de disminuir el uso de agua en sus campos agrícolas.
Antes, el 12 de septiembre del 2017, en la comunidad de El Negro del municipio de Cuauhtémoc, otros tres miembros de la comunidad menonita fueron asesinados en lo que pareció ser una venganza de algunos vecinos de ese lugar que en repetidas ocasiones habían solicitado una parte del suministro del agua para atender sus necesidades de abasto, lo que no fue atendido por los dueños de los campos agrícolas.
Otra reacción de violencia contra los menonitas, ligada aparentemente con la disputa por el uso del agua y que ocurrió apenas el pasado 26 de julio del 2018, fue el asesinato del empresario Pedro Teichroeb Heinrichs, quien habría sido una víctima de la ira de un grupo de pobladores de Cuauhtémoc afectados por el desabasto del agua; el asesinato fue clasificado por la autoridad ministerial como de odio, fincado en la negativa de la comunidad menonita para compartir con el resto de la población el agua de la que se ha apropiado.
La forma en la que se ha apropiado la comunidad menonita del agua en Chihuahua deja muchas dudas, pues mientras la CNA mantiene detenidas una decena de peticiones de perforación de pozos para el suministro a la población, a este grupo social se le ha otorgado “a manos llenas” cada solicitud presentada ante la dependencia federal para atender el abasto de sus actividades económicas.
De la Depredación a la Desesperación Menonita
Solo basta ver el ejemplo de como se ha entregado el agua a la comunidad menonita en los municipios de Cuauhtémoc, Ascención, Buenaventura, Nuevo Casas Grandes, Villa Ahumada, Aldama y Camargo: en los últimos 20 años la CNA respondió en forma más que rápida la petición de perforación de más de 4 mil 560 pozos, en un promedio de tiempo de respuesta de solo tres meses, mientras que los gobiernos municipales, para atender el abasto de sus poblaciones, han presentado 285 peticiones de perforación, de las que en un promedio de dos años la autoridad federal solo ha respondido favorablemente a las solicitudes de perforación de 76 pozos.
Esa irregular situación es lo que hace que aquí la proporción de agua percápita sea una de las más desiguales de todo el país, pues mientras la comunidad menonita, con una población de casi 60 mil habitantes, tiene acceso a casi Mil 120 millones de metros cúbicos de agua al año, las poblaciones de Cuauhtémoc, Riva Palacio, Namiquipa, Cusihuiriachi, Ascención, Buenaventura, Nuevo Casas Grandes, Janos, Villa Ahumada, Ojinaga, Aldama y Camargo, que en conjunto suman 450 mil habitantes, apenas acceden a 230 millones de metros cúbicos al año.
Así, mientras cada uno de los miembros de la comunidad menonita cuenta con un abasto promedio de 18 mil 666 metros cúbicos de agua al año, el resto de la población apenas cuenta con 511 metros cúbicos por año, considerando que el 100 por ciento de los chihuahuenses de estos municipios tuvieran abasto pleno en sus domicilios, pero no es así; casi el 14 por ciento de los habitantes de los mencionados municipios no cuentan agua entubada.
Para decirlo de otra manera, la actividad económico-productiva que genera la comunidad menonita del estado de Chihuahua, es aún más sedienta que la que realizan diversos grupos mineros en el país; la cantidad de agua que consumen estos campos agrícolas es por mucho superior a la que hace el Grupo México, al que la CNA le ha concesionado el consumo de agua por el orden de los 90 millones 616 mil 943 metros cúbicos por año, mismos que extraen del subsuelo de Chihuahua, Coahuila, Nuevo León, San Luis Potosí, Sonora y Zacatecas.
Pero no todo es favorable para los menonitas de esta región. Al odio que se han ganado a pulso por parte de algunos grupos poblacionales de la zona, también se suma el problema del desplazamiento de sus localidades, luego que ellos mismos han consumido los mantos freáticos concesionados desde hace décadas, por lo que se han visto obligados a buscar regiones más al sur del país, en donde consideran que existen mejores condiciones para la explotación del agua.
El desplazamiento por sed de los menonitas se da casi en silencio. El propio hermetismo de esta comunidad no ha permitido que se establezcan cifras oficiales exactas, pero se estima que desde el 2016 hasta diciembre del 2018 ya habían salido de los campos de Cuauhtémoc por lo menos 160 personas, la mayoría de ellos con destino a la localidad de Santa Rosa, en el municipio de Hopelchén, Campeche, casi en los límites con Yucatán, en tanto que al menos unas 50 personas han emigrado hacia la región de Nueva Galia, en la provincia de San Luis, cerca de la ciudad de Santa Rosa, en Argentina.
La migración forzada menonita no solo se ha dado por la falta de agua, reconocen algunos miembros de esta comunidad. También obedece a los elevados índices de delincuencia que se registran en esta parte de Chihuahua, en donde las células criminales del grupo delictivo Gente Nueva, del Cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG) y ahora aliados del grupo La Línea del Cartel de Juárez, han comenzado a aplicar cobros de piso a los productores menonitas, quienes han sido el principal blanco del negocio del secuestro establecido en esta zona.
Tras agotar el agua en el municipio de Ascención se han desplazado 25 menonitas de las comunidades de El Camello y La Salada; 18 salieron de El Valle y La Pestaña, en el municipio de Buenaventura; 15 decidieron abandonar sus tierras de cultivo y viviendas en El Capulín y El Sabinal de Nuevo Casas Grandes, otros 32 han dejado sus propiedades en Buenos Aires, El Cuervo y Las Virginias del municipio de Janos, en tanto que otros 47 menonitas dejaron ya las localidades de Valle La Esperanza, Manitoba Norte y Cerro Blanco, en Villa Ahumada.
La migración de este grupo poblacional también se observa en las comunidades de Los Oasis, Nueva Holanda y El Cadillal de Ojinaga, en donde se estima que 145 personas ya se desplazaron; otros 73 salieron de Las Bombas del municipio de Aldama, 53 más dejaron la comunidad de Los Cienes en Camargo; en Los Jagüeyes, Manzanilla y Santa Clara son 18 los menonitas que se desplazaron, mientras que en Manitoba y Swift Current del municipio de Cusihuiriachi ya suman 24 los desplazados; en Santa Rita y Ojo de la Yegua suman 35 los que decidieron dejar su lugar de origen ante la falta de agua.
El desmedido uso del agua del que por décadas han hecho los menonitas en Chihuahua ya les cobró factura a ellos mismos, pues en suma, solo entre el 2016 y 2018 fueron 476 los miembros de esta comunidad que han tenido que buscar una nueva forma de vida en otras regiones del país, principalmente en los estados de Oaxaca, Durango, Yucatán, San Luis Potosí, Tabasco, Sonora, Sinaloa, Campeche, Quintana Roo, Zacatecas, Tamaulipas y Baja California, donde consideran que aún hay condiciones de sobreexplotación del agua.
Pero en esas regiones a donde se han trasladado los integrantes de este grupo poblacional, su relación con el uso desmedido del agua no es distinta a la que practicaron en Chihuahua; de manera extraña y en complacencia con el gobierno federal, los menonitas desplazados se han comenzado a apropiar del agua de las regiones a donde han llegado. El ejemplo más claro de ello es lo que sucede en el municipio de Hopelchén, Campeche, en donde ya son dueños de la mayor parte del agua disponible para consumo humano.
Hopelchén es uno de los 11 municipios que integran el estado de Campeche. Tiene una población de más de 41 mil habitantes, de los que el 23 por ciento no cuenta con servicio de agua en sus domicilios, lo que hace que mil 600 de ellos se tengan que suministrar con agua de lluvia, mil 500 se abastecen mediante pipas y otros 6 mil 330 pobladores se tienen que hacer de agua mediante el acarreo desde pozos, ríos o manantiales distantes a más de cinco kilómetros.
Aun así, al gobierno federal poco le ha importado la escasez de agua entre esta población, y no se ha medido en la entrega de concesiones para abastecer a la industria agroalimentaria de empresas de gran capital y a la que han comenzado a mantener activa los pobladores de origen menonita, las que se han privilegiado por encima de las necesidades del propio gobierno municipal para el abasto de la población.
El gobierno municipal de Hopelchén cuenta con autorización para explotar 20 pozos, que generan un volumen anual de 3 Millones 066 mil 366 metros cúbicos de agua, pero la planta agroindustrial de gran capital –considerado solo 25 empresas- tiene en su poder 28 pozos que generan un volumen de 15 millones 927 mil 844 metros cúbicos de agua. Eso es poco comparado con el beneficio que obtiene la población menonita allí asentada: ellos cuentan con 285 pozos que generan un volumen de agua superior a los 22 millones 369 mil 388 metros cúbicos por año.
El agua que explota los menonitas solo en un año en el municipio de Hopelchén, es equivalente a la que haría durante más de 13 años la Minera San Xavier S.A. de C.V., de la canadiense New Gold Inc., que ha consumido el cerro de San Pedro en el estado de San Luis Potosí, y por cuya explotación del suelo y del agua diversos grupos ambientalistas han hecho sendos llamado a frenar a la minera.
Hasta el cierre de la investigación de este trabajo, la sobreexplotación de agua que hacen los menonitas en Campeche, en donde se estima que ya son más de 30 mil los miembros de este grupo, no ha causado confrontación con sus vecinos, pero estos ya se han comenzado a inconformar debido a que los menonitas, en su afán de explotación económica de los recursos ignoran las regulaciones ambientales sin que haya autoridad que los someta.
Solo en la región de Los Chenes se puede observar como más de 800 hectáreas de selva han sido consumidas por los 59 aserraderos que los menonitas mantienen en operación, donde la devastación arbórea se observa imparable pese a que los habitantes del lugar les han clausurado, solo entre el 2017 y 2018, siete aserraderos que han contribuido a la modificación de la selva en cuanto a los flujos de agua pluvial.
