Embajador mexicano en Rusia, se hace güey

Redacción El Mal Tono

Resulta que nuestro flamante embajador en Rusia, Eduardo Villegas, oriundo de Orizaba, ha sido convocado por el Kremlin, y no precisamente para una degustación de ensalada rusa o para intercambiar consejos sobre cómo sobrevivir al invierno. No, señores, lo llamaron para leerle la cartilla —y de paso darle un leve jalón de orejas— por un asunto que tiene a las autoridades de aquel gélido país con los pelos de punta.

El drama, digno de una novela de Dostoievski pero con sabor a guacamole, gira en torno a una menor de edad que, según los rusos, está retenida ilegalmente en México. Mientras en Moscú ya están sacando el ábaco para contar los días de inacción, nuestro representante diplomático se defiende como gato boca arriba, acusando que la lentitud no es falta de ganas, sino que la burocracia nacional tiene su propio ritmo… un ritmo bastante pausado, por no decir que va a paso de tortuga con reumatismo.

Lo que resulta verdaderamente fascinante es ver a México y Rusia enfrascados en este toma y daca legal. Uno pensaría que con tantos temas de geopolítica mundial, un embajador tendría la agenda llena de tratados comerciales o estrategias de paz, pero no, el buen Villegas tuvo que ir a poner la cara porque aquí las instituciones judiciales parecen estar tomando una siesta perpetua.

¿Será que nuestras autoridades están esperando a que el problema se resuelva solo o a que el invierno ruso llegue finalmente a nuestras costas para entender la urgencia? Por lo pronto, el embajador ya sintió el frío, y no fue por el clima de Moscú, sino por la mirada gélida de los funcionarios que exigen respuestas claras sobre el paradero y la situación de la pequeña.

Mientras tanto, en el fascinante mundo de la diplomacia mexicana, seguimos demostrando que somos expertos en el arte de hacer esperar a todo el mundo, aunque el que espere sea un gigante con ojivas nucleares y muy poca paciencia para los trámites que duran una eternidad. ¡Salud por eso!