Las Viudas del Narco, una condena social que arranca la vida
“Me dolía pensar que sus dos hijos se quedarían sin padre muy chicos, me los imaginaba creciendo solos, a la buena de Dios, pero esa mañana, cuando lo escuché a través de la rendija de carrizos, ‘Carmela, Carmela, ábreme, soy yo, soy Javier, ya volví’, supe que aún no acababa de llorar todo lo que tenía que llorar en la vida por ese hombre”
