Como con el PRI, volvió el Día de la Presidenta

Por. J. Jesús Lemus

Como en los viejos tiempos priistas, otra vez durante la conmemoración del Día del Presidente, esta vez con A de mujer, se nos vuelve a recordar que en México el presidencialismo no se ha ido y que -por el contrario- hoy se encuentra más vivo que nunca.

Si alguien tenía dudas sobre la cercanía entre la Cuarta Transformación y el viejo modelo priista, solo basta ver cómo “las fuerzas vivas del partido” elogian la labor del ejecutivo, como si gobernar se tratara de un acto sobrenatural, cuando eso -el acto de gobernar- solo es la mínima obligación a la que se ha comprometido la jefe del ejecutivo.

En ocasión de su primer informe de actividades al frente del ejecutivo federal, la presidente Claudia Sheinbaum, igual que en su momento lo hizo José López Portillo, Luis Echeverría o Gustavo Diaz Ordaz, ha obligado a toda la base burocrática a que le rinda pleitesía, por el solo hecho de gobernar.

Otra vez, igual que durante el viejo régimen priista, en una larga perorata, la presidente Sheinbaum insistió que a pesar de que estamos muy mal, estamos bien. Antepuso el bienestar de los pobres, la soberanía nacional y el requetebién de la economía nacional, ante el cuestionamiento al régimen de los que quieren que le vaya mal a México.

Haciendo gala propagandística del discurso que, ante inexistencia de méritos propios, se Refugia en el vano sentimiento nacionalista, Claudia Sheinbaum tuvo que recurrir al desgastado recurso de primero los pobres, para asegura que el modelo de la 4T, hora en la fase del segundo piso, sí funciona.

La presunción de 13 millones menos de pobres y la distribución de 850 mil millones de pesos, esparcidos en dádivas electoreras a razón de mil 500 pesos por persona a la semana, es el más grande logro durante el primer año de gobierno del Segundo Piso de la Cuarta Transformación. 

Pero ese es un logro que, para ser exactos y si fuera cierto, ni siquiera es atribuible al gobierno de Claudia Sheinbaum. Si ese logro fuera tal, más bien sería un caso de éxito del gobierno de Andrés Manuel López Obrador, y de las políticas establecidas durante el pasado gobierno.

De todos los logros que durante el Día de la Presidenta Claudia Sheinbaum ha querido mostrar a sus seguidores, como una evidencia de que si funciona el modelo político que enarbola, destaca el de los avances en materia de seguridad.

Tal vez ese es el único hecho para presumir la funcionalidad del populista modelo de enajenación social, el de la baja de homicidios dolosos ligados a eventos del crimen organizado. Hoy, según las palabras de la presidente Sheinbaum, el crimen organizado ejecuta 25 por ciento menos que con López Orador.

Hoy son 65 personas al día las que son ejecutadas en eventos ligados a la violencia de los grupos del crimen organizado, y hoy se han desmantelado mil 300 laboratorios de fabricación de drogas sintéticas, entre ellos de fentanilo, lo que es un avance frente a los 300 laboratorios que se destruyeron a lo largo de los seis años de gobierno del presidente López.

Por lo demás, los otros logros presumidos por la presidente Claudia Sheinbaum, todo queda en tela de juicio: es dudosa la creación de empleos, el crecimiento económico, el proyecto de desarrollo fincado en la entrega de recursos naturales, el mentado Plan México, y la defensa de la soberanía frente a la defensa del Tratado de Libre Comercio.

Y qué decir de la fallida justicia mexicana, de la inútil FGR de Alejandro Gertz, que prefiere entregar combos y combos de narcos que no pueden ser juzgados y sentenciados en México. O la impotencia de ver a la Justicia Norteamericana negociando con los grandes capos, a los que se les perdona el daño hecho a la sociedad mexicana, solo para satisfacer sus propios intereses de la justicia mediática.

La protección oficial del Estado mexicano a la clase narcopopulista, la encumbrada por López y sostenida por Sheinbaum, es un renglón que no se da cuenta en el resumen del estado en que se encuentra la nación, en ocasión del primer informe de gobierno del séptimo año de gobierno de López Obrador.

La misma clase narcopopulista, la que está protegida por el Estado, compuesta entre otros por Alfonso Durazo Montaño, Alfonso Romo, Adán Augusto López Hernández, Mario Delgado, Rubén Rocha, Pablo Gómez, Zoé Robledo, Claudia Pavlovich, Alfredo Ramírez Bedolla, Quirino Ordaz Coppel, Rutilio Escandón, los Tadeii, los Alcalde, los Batres, Los Godoy, son los mismos que hoy aplauden los avances de la 4T.

Ellos son los que están felices por el retorno del día de la presidenta…