Por. J. Jesús Lemus
Durante un enfrentamiento armado con grupos delictivos en la zona serrana de Chihuahua resultó en la muerte de dos personas identificadas posteriormente como agentes en activo de la DEA de los Estados Unidos. El incidente ocurrió durante un operativo de alta precisión dirigido contra una célula del Cártel de Sinaloa, que opera en el Triángulo Dorado.
Este suceso trasciende la nota roja para convertirse en un hecho de relevancia geopolítica, ya que la naturaleza de este fallecimiento confirma una realidad que suele manejarse bajo la mesa diplomática: la operatividad táctica directa de personal extranjero en suelo mexicano.
Desde una perspectiva periodística y de seguridad nacional, la presencia de estos dos agentes en el corazón de la zona de conflicto no puede interpretarse como una labor administrativa o de asesoría de oficina. Representa la prueba más sólida de una estrategia de combate frontal activa de Estados Unidos en suelo mexicano
El hecho de que agentes estadounidenses estuvieran en el punto exacto de un operativo de seguridad y combate al narcotráfico demuestra una integración total de agentes extranjeros en la cadena de mando y ejecución de tareas de seguridad, más allá del intercambio de inteligencia a distancia.
Desde la pasada administración de López y ahora con Sheinbaum, el gobierno de México ha negado la participación armada de extranjeros, principalmente de Estados Unidos, en suelo mexicano. No obstante, este caso expone una colaboración que incluye personal de campo, lo que sugiere la existencia de protocolos de “operaciones conjuntas” que operan por encima de los discursos oficiales.
Solo la persecución de “Objetivos de Alto Valor” justifica que el gobierno de EE. UU. acepte el riesgo político y humano de desplegar activos propios en zonas de alto riesgo en México.
Este incidente obliga a replantear la narrativa sobre la guerra contra el narcotráfico. Se reconoce tácitamente la colaboración de EUA, dado que el fallecimiento de los agentes actúa como un “testigo silencioso” de que el operativo conjunto entre ambos países es hoy más evidente que nunca. Estados Unidos no solo financia o provee tecnología, también ejecuta.
Este evento pondrá a prueba los acuerdos bilaterales de seguridad, obligando a ambos gobiernos a transparentar el alcance real de la intervención de agencias como la DEA o el FBI en operativos locales.
La pérdida de personal estadounidense suele venir acompañada de un incremento en la presión operativa en la región para capturar a los responsables, lo que augura un aumento de la actividad militar en Chihuahua en las próximas semanas.
La presencia y caída de estos dos agentes es la evidencia física e irrefutable de que la estrategia de seguridad actual contempla el combate directo por parte de fuerzas norteamericanas en territorio mexicano. La “Guerra contra el Narco” ya no es una lucha de un solo país, sino un teatro de operaciones donde el personal de Washington tiene las botas puestas en el terreno.
