La jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Clara Brugada Molina, respondió el martes a las críticas que señalan el uso excesivo del color morado en el mobiliario público como parte de las campañas de mantenimiento ante los cinco partidos que se jugarán en la capital durante el Mundial de Futbol 2026, ignorando las críticas más urgentes a su gobierno, que van más allá del morado y su uso político.
A través de esta estrategia, Brugada busca ignorar los problemas externados por los capitalinos en el poco más de un año que ha ejercido la titularidad del gobierno de la Ciudad, donde los trabajos de “mantenimiento” —que en realidad son arreglos estéticos— del Metro, los desalojos inmobiliarios producto de la gentrificación, la contaminación del hábitat del ajolote de Xochimilco, la inseguridad y las más de mil desapariciones son las verdaderas preocupaciones de los habitantes de la “Capital del Futbol y el feminismo”, como la define un polémico cartel instalado en algunas estaciones del Metro.

Quizá la polémica del color morado cobró fuerza a través de este cartel, con el que la jefa de Gobierno busca mantener la imagen que el gobierno federal pretende grabar en la mente colectiva: la de sororidad y prioridad en la atención a la mujer, aun cuando no han demostrado un solo gramo de empatía con el movimiento feminista, las víctimas de feminicidio y las madres y colectivos buscadores.
Aunque Clara Brugada quiera señalar que se trata solo de un color, la realidad va más allá. El morado ha sido un símbolo del movimiento feminista desde hace más de 100 años, de acuerdo con la especialista en Historia Contemporánea, Guiomar Huguet Pané, quien apunta a dos orígenes que remarcan la importancia del color para el movimiento: el trágico incendio de 1911 en la fábrica textil Triangle Waist Co., donde perdieron la vida decenas de mujeres y cuyo humo se tornó morado debido a los tintes utilizados en la fabricación de camisas, y el Movimiento Sufragista en Gran Bretaña, que buscaba obtener el derecho al voto para las mujeres y cuyos colores eran el morado, blanco y verde.
“El violeta, color de los soberanos, simboliza la sangre real que corre por las venas de cada luchadora por el derecho al voto; simboliza su conciencia de la libertad y la dignidad”, afirmaba la sufragista Emmeline Pethick-Lawrence, de acuerdo con Guiomar Huguet.
Debido al simbolismo ligado al morado, resulta evidente que Brugada y su administración pretenden, a través de ello, brindar una imagen de sororidad, justicia, libertad y seguridad para las mujeres en la capital del país, y que no es más que una falacia para quedar bien por parte de un “gobierno humanista”, mientras abandona a su suerte a mujeres víctimas de violencia, como se ha visto con los dolorosos casos de feminicidio ocurridos contra Edith Guadalupe Valdés y Karen Mariel Juárez Romero, por no mencionar la ausencia institucional en la búsqueda de mujeres víctimas de desaparición y el nulo apoyo para los colectivos que buscan a las más de mil 384 personas desaparecidas y no localizadas en la CDMX desde la toma de protesta de Clara Brugada en octubre de 2024.
Ese es otro de los problemas que la jefa de Gobierno busca minimizar, como si 2025 no fuera uno de los años con mayor cantidad de desapariciones en la capital, cuyo conteo oficial, proporcionado por la Comisión Nacional de Búsqueda, es de 769 personas desaparecidas y no localizadas, aunque colectivos han estimado que el número real ronda entre los mil 300 y mil 500 casos solo en 2025.
Aun tomando la conservadora cifra oficial proporcionada por la Comisión, el número de desapariciones en la CDMX ocurridas en 2025 lo posiciona como el tercer año con más casos, solo superado por 2023, con 795, y 2024, con 996, durante el gobierno de la hoy presidenta Claudia Sheinbaum Pardo.
Volviendo a las cifras de Clara Brugada, tras su incorporación al gobierno de la Ciudad de México y hasta el 12 de mayo, la Comisión Nacional de Búsqueda afirma que existen mil 384 personas desaparecidas y no localizadas, un aproximado de dos personas diarias durante los 584 días que lleva el gobierno de Brugada. Este domingo, el Ángel de la Independencia fue prueba del elevado número de desaparecidos, algo de lo que la jefa de Gobierno evitó hablar.
Por otra parte, durante su gobierno en la alcaldía Iztapalapa, cuyo periodo abarcó del primero de octubre de 2018 al 7 de septiembre de 2023, se posicionó como la primera alcaldía en desapariciones de la CDMX, con un total de 346, siendo las colonias Central de Abasto y Juan Escutia donde más desapariciones se registraron, con ocho y siete casos, respectivamente.
Además, en estos 132 días del gobierno brugadista, Iztapalapa no ha logrado mostrar un avance significativo en la disminución de los casos de desaparecidos y continúa siendo la alcaldía donde más casos se han registrado, con 256, seguida de la alcaldía Cuauhtémoc, con 194, y Gustavo A. Madero, con 159.
Pero este no es el único problema que aqueja a la capital y que Brugada ha decidido ignorar. Tan solo el pasado 11 de mayo, la misma Ciudad le recordó la necesidad de desazolve que el sistema de desagüe requiere desde hace años y que cada inicio de temporada de lluvias se convierte en un recordatorio de la falta de planeación y acciones preventivas que los gobiernos de la mal llamada izquierda política han mostrado como característica desde tiempos de Andrés Manuel López Obrador.
El Centro Histórico, que tanto presume albergará el único FIFA Fan Fest y que es el mayor atractivo del turismo nacional y extranjero, fue la víctima más llamativa de una sorpresiva lluvia que el lunes terminó por ahogar la Alameda Central.
Justo en el mismo Centro Histórico se presencia otro de los alarmantes problemas capitalinos relacionado con los desalojos ilegales, que se han vuelto una constante en la zona y que sustituyen departamentos y edificios históricos por bares, restaurantes y hoteles que contribuyen al desplazamiento de los habitantes originarios de la ciudad, muchos de ellos adultos mayores, como ocurre en el caso del edificio ubicado en República de Cuba 11, donde sus habitantes fueron expulsados ilegalmente con documentos falsos.
A ello se suma la ineficiencia característica del Sistema de Transporte Colectivo, a la que se añaden las acciones de “mantenimiento” realizadas en diversas estaciones, principalmente aquellas que serán utilizadas por los asistentes a los partidos del Mundial, como la estación Universidad de la Línea 3, ampliamente utilizada por los estudiantes del campus Ciudad Universitaria de la UNAM.
Ante lo que usuarios han calificado como “arreglos puramente estéticos”, se han presentado diversas manifestaciones que hacen un llamado a las autoridades para realizar un mantenimiento adecuado de vías, andenes y trenes, pues los arreglos superficiales no resuelven potenciales problemas que pueden costar vidas. Y es que esto no es novedad para la Línea 3, que ha registrado por lo menos dos colisiones de trenes en los últimos años y un elevado promedio de incendios.
Las manifestaciones, encabezadas principalmente por estudiantes, exigen que Adrián Ruvalcaba, director del Metro, renuncie ante los nulos resultados presentados en el año y días que lleva en el cargo.
Estos trabajos relacionados con el Mundial no afectan exclusivamente a los estudiantes, pues en la Línea 2, que corre de Taxqueña a Cuatro Caminos, las afectaciones han sido cuantiosas, con el cierre intermitente de estaciones por “mantenimiento”, junto con los trabajos de construcción de la Calzada Elevada en Tlalpan. Esto ha provocado que usuarios de la tercera edad, con silla de ruedas o movilidad limitada, padezcan mayor dificultad en sus traslados, así como un incremento considerable en el tiempo de recorrido que expone a trabajadores a represalias por retrasos al llegar a sus centros de trabajo.
Brugada insiste en que se trata de críticas sin fundamento y dirigidas contra un color, cuando la realidad es mucho más amplia. Sin embargo, la manipulación del discurso que ejerce le ayuda a ignorar los verdaderos problemas que agobian a la capital y que el gobierno “más humanista”, como se denomina, no ha logrado resolver.
Aunque el gobierno de Clara pretenda dar la impresión de una ciudad moderna, segura, limpia y funcional cubierta de morado, la realidad golpea, sobre todo cuando busca convertir al ajolote en el símbolo de su gobierno. Y sí, tiene razón en representarla, pues lo presume a más no poder mientras deja en el olvido los lagos donde se desarrolla aquella increíble criatura capaz de regenerarse, así como a los habitantes de la capital que cada día logran reunir fuerzas para navegar y sobrevivir en la horrible “Capital del Futbol y el feminismo”.
