Por. Raymundo Hernández Campos
En los últimos días hemos sido testigos de un hecho realmente vergonzoso: el gobierno de un país intentando boicotear la participación de un país adversario en un evento deportivo. Me refiero a las maniobras del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, para evitar a toda costa la participación de la Selección de Futbol de Irán en el Mundial 2026 que organizan EU, Canadá y México.
Las tensiones geopolíticas siempre han existido y no es la primera vez que empañan eventos deportivos de talla internacional, aunque estas dos esferas no deban mezclarse por sentido común y por respeto a la humanidad.
Estados Unidos e Israel entraron en guerra con Irán desde el pasado mes de febrero y desde entonces el mandatario estadounidense ha recurrido a una serie de burdas argucias para intentar a toda costa que el representativo persa no participe en el Mundial de Futbol.
En el mes de marzo el republicano dijo que el seleccionado iraní debería abstenerse de acudir a la justa mundialista por su propia seguridad, olvidando que es su propia administración la que debe garantizar la seguridad de todos, ¿o acaso el señor Trump insinuó que la protección es discrecional, selectiva? A estas alturas no sería sorpresivo que lo dijera con descaro.
Pero la postura del republicano se volvió absurda en abril, cuando sugirió a la FIFA sustituir al combinado de Irán por el de Italia, que acababa de ser eliminado en la repesca por la selección de Bosnia-Herzegovina.
Italia rechazó la oferta de manera categórica y es de admirar la rectitud de los “azzurri”, quienes aún con la herida viva por su tercera ausencia mundialista consecutiva, resistieron esa gran tentación, entendieron que la vergüenza sería mayor si caían en la tentación. Grande Italia, ¡Forza Italia!
Pero las maniobras de Trump no terminaron ahí. El pasado mes de mayo cedió, pero magulló: el conjunto iraní puede jugar en territorio estadounidense pero no puede pernoctar ni entrenar en ese suelo.
Fue entonces que México rescató la situación cuando la presidenta Claudia Sheinbaum autorizó que los persas se hospeden y entrenen en la ciudad de Tijuana. La clásica diplomacia mexicana fiel a la neutralidad (Doctrina Estrada) volvió a la escena. Irán rompió la marca de Estados a pase filtrado de México, para ponerlo en términos futboleros.
Sin embargo, Irán no puede cantar victoria, pues ahora su logística se ha complicado. La selección deberá viajar dos veces a la ciudad de Los Angeles y una a Seattle para encarar sus tres partidos de la primera fase, la de grupos. En las tres ocasiones deberá viajar desde Tijuana directo al estadio y sin tener apenas tiempo para el reglamentario reconocimiento de cancha y también deberá regresar a México el mismo día, al término de sus partidos.
Sin duda, estas medidas impuestas por el gobierno de uno de los países organizadores complica la logística de la selección persa y podría afectar su rendimiento, que por cierto, ya se encuentra comprometido, pues debido a las trabas migratorias el equipo no pudo llegar a tierras mundialistas dos semanas antes del certamen, que es el tiempo necesario para que se adapten a una diferencia de horario de 22 horas.
Y si usted piensa que complicarle la logística a Irán es suficiente para calmar los ánimos del inquilino de la Casa Blanca, le puedo decir que no, nunca es suficiente para el magnate neoyorkino.
Ahora el Departamento de Migración denegó las visas a 15 elementos del cuerpo técnico y administrativo de la selección iraní. Uno de ellos es el presidente de la Federación de Futbol de la República Islámica de Irán (FFIRI), Mehdi Taj, quien, según el gobierno de EU, fue miembro de la Guardia Revolucionaria en el pasado.
Pero eso no es todo, a un día del arranque del Mundial y cinco de su debut, la FFIRI denunció que le fue retirado el cupo de entradas para aficionados, a que cada selección participante tiene derecho (8% cada una). No se especificó quién tomó la decisión, pero los federativos iraníes instaron a la FIFA a respetar “los principios de neutralidad, equidad y las normas establecidas”.
Las triquiñuelas del señor Trump son aberrantes, siempre lo han sido, pero esta vez metió sus manos en una esfera que no solo deber ser neutral, sino ajena a la geopolítica. Me recuerda al Adolfo Hitler de la Alemania nazi que utilizó las Olimpiadas de Berlín´36 para fines políticos.
En contraparte, México volvió a brillar por su neutralidad geopolítica, respeto al deporte y hospitalidad, y qué mejor lugar para demostrar esto último que la ciudad de Tijuana, ubicada en la frontera más cruzada del mundo, en el punto donde todos los días llegan personas procedentes de otras regiones y otros países, siendo siempre bienvenidos sin importar su origen, como lo demostraron los aficionados mexicanos que se desvelaron para saludar al paso del autobús de la delegación persa, algo que agradeció el embajador de Irán en México, Abolfazl Pasandideh.
Por otra parte, esta trama podría ponerse más interesante, pues existe la posibilidad deportiva de que se enfrenten las selecciones de Estados Unidos e Irán en la segunda fase, denominada 16vos de Final, pero esto solo en caso de que ambas escuadras terminen en segundo lugar de sus respectivos grupos (D y G).
