Por. Gildo Garza
Morena volvió a hacer lo que mejor sabe: nombrar discurso… y esconder expediente.
En su Congreso Nacional, entre aplausos programados y consignas recicladas, eligieron a Ariadna Montiel Reyes como presidenta del partido. Subió al templete con la promesa de siempre: limpiar la casa, apartar a los corruptos, imponer “trayectorias impecables”.
La frase sonó conocida.
Demasiado conocida.
Porque mientras el partido se envolvía en esa liturgia de pureza, en los archivos de la Auditoría Superior de la Federación siguen abiertos los pliegos que apuntan a irregularidades en la Secretaría de Bienestar durante su gestión: pagos indebidos, beneficiarios fantasma, recursos sin comprobar, padrones inflados.
No es rumor.
No es campaña.
Es auditoría.
Y más incómodo aún: la denuncia no vino de la oposición. Vino de dentro. Una diputada de Morena, Inés Parra Juárez, llevó el caso ante la Fiscalía Anticorrupción señalando un posible quebranto por más de seis mil millones de pesos.
Seis mil millones.
Esa cifra no se pierde en la burocracia.
Esa cifra define un sistema.
Ahí es donde Morena deja de ser proyecto y se convierte en estructura. Porque el partido que prometió separar el poder del dinero terminó haciendo de los programas sociales su columna vertebral política… y, ahora, su zona más opaca.
Ariadna Montiel no llega a la dirigencia para romper con eso.
Llega para administrarlo.
Su nombramiento no es un giro.
Es una señal.
La señal de que Morena no está limpiando nada, está cerrando filas.
La señal de que la “transformación” ya no se defiende con resultados, se protege con narrativa.
La señal de que el poder, cuando se consolida, siempre encuentra la forma de justificarse a sí mismo.
Y mientras eso ocurre, el discurso se vuelve cada vez más frágil.
Porque no hay frase que resista una auditoría.
No hay consigna que tape seis mil millones observados.
No hay “trayectoria impecable” que sobreviva a un expediente abierto.
Morena quiso construir una épica moral.
Hoy carga una realidad administrativa.
Y entre ambas cosas hay una distancia que ya no se puede ocultar.
La nueva presidenta del partido no inaugura una etapa.
Confirma un patrón.
El de un movimiento que prometió ser distinto…
y terminó pareciéndose demasiado a lo que juró combatir.
A chambear.
@GildoGarzaMx
