Cinco pifias de Sheinbaum que la retratan contradictoria

Por. J. Jesús Lemus

Desde la comunicación informativa, la contradicción es la veta de oro más valiosa: es el espacio exacto donde el discurso político choca de frente con la realidad comprobable. Evaluando los primeros meses de su gestión presidencial y la continuidad de su línea política, el contraste entre la narrativa oficial de Claudia Sheinbaum y la frialdad de los hechos deja al descubierto fisuras importantes.

En Cenzontle400 nos dimos a la tarea de revisar el discurso de Claudia Sheinbaum y su choque la realidad. Perfecto de ese tema sale un libro, pero solo seleccionamos las cinco contradicciones que retratan a la presidente de cuerpo completo, con su natural ser incongruente en su “dicho” y su “hacer”.

El discurso ambientalista vs. la política energética fósil

Sheinbaum posee un perfil académico innegable como científica ambiental y doctora en ingeniería en energía. Su narrativa siempre ha prometido la transición hacia energías limpias y el compromiso de México contra el cambio climático.

Pero en la práctica, su administración ha mantenido la línea heredada de rescatar la soberanía energética a base de combustibles fósiles. El respaldo financiero incondicional a la refinería de Dos Bocas, el fortalecimiento de la infraestructura de PEMEX (pese a su enorme deuda y pasivos ambientales) y el freno técnico/legal a la inversión privada masiva en parques eólicos y solares contradicen directamente su ADN científico. Pesa más la disciplina política y el nacionalismo energético que la urgencia de la agenda climática.

“Desmilitarización” vs. la Guardia Nacional al Ejército

Durante años, la izquierda oficialista defendió que la seguridad pública debía estar en manos de corporaciones civiles y que los cuarteles debían ser el destino final de las fuerzas armadas.

Como presidenta, Sheinbaum consumó e impulsó la adscripción total de la Guardia Nacional a la Secretaría de la Defensa Nacional (SEDENA). El discurso oficial mutó a decir que “no hay militarización porque la comandanta suprema es civil”, una pirueta retórica que no resiste el análisis operativo: la seguridad pública del país está formal y legalmente militarizada bajo su firma, sepultando la promesa original de una policía civil y profesional.

Autonomía científica vs. el control del Conahcyt

Al provenir de las aulas de la UNAM y del corazón de la comunidad científica, el gremio esperaba una era de reconciliación, presupuestos dignos, diálogo y respeto a la libertad de investigación.

La transición institucional del Conahcyt no rompió con la línea de la administración anterior, sino que profundizó la centralización ideológica. Los criterios para el otorgamiento de becas, los apoyos al Sistema Nacional de Investigadores (SNI) y la priorización de proyectos siguen subordinados a una agenda política vertical. El perfil científico de la mandataria no se tradujo en una defensa de la autonomía académica, sino en la validación del control estatal sobre la ciencia.

“Humanismo” vs. la crisis migratoria y de DDHH

Se pregona que la política exterior e interior de la llamada “Cuarta Transformación” se rige por el humanismo, la protección de los más vulnerables y el respeto irrestricto a los derechos humanos de los migrantes en tránsito.

La frontera sur de México opera, de facto, como el muro de contención exigido por la agenda bilateral con Estados Unidos. Los despliegues de la Guardia Nacional en Chiapas y Tabasco para frenar caravanas, los violentos choques que terminan en opacidad informativa y la falta de presupuesto real para la COMAR demuestran que el pragmatismo geopolítico y la presión de Washington pesan infinitamente más que el “humanismo” del discurso de los micrófonos matutinos.

Republicanismo judicial vs. colapso del sistema de justicia

La reforma al Poder Judicial se vendió bajo la premisa de “democratizar la justicia” y erradicar la corrupción para que el pueblo tuviera juzgadores honestos y cercanos.

En los hechos, la implementación de la reforma penal y judicial ha sumido al país en una parálisis institucional y en una profunda incertidumbre legal que afecta directamente el acceso a la justicia. Mientras el discurso insiste en una victoria democrática, la tómbola de jueces, las renuncias masivas de magistrados experimentados y los amparos ignorados por el propio Ejecutivo han dejado al ciudadano común en la indefensión, demostrando que la prioridad era el control político de la Corte y no la mejora del sistema de justicia penal o la atención a las víctimas.

Es decir, la constante en estas pifias informativas no es la falta de capacidad, sino la tensión permanente entre el pragmatismo que exige gobernar un país en crisis y la necesidad de mantener intacta la lealtad ideológica al proyecto político que la llevó al poder.