Cómo entender el fracaso de la 4T, resumido en diez puntos

Por. J. Jesús Lemus

Evaluar el modelo político de la “Cuarta Transformación” (4T) requiere desprenderse de las narrativas oficiales y de la propaganda partidista para observar los datos duros, los indicadores económicos y la realidad social en el territorio.

Aunque el movimiento fundado por Andrés Manuel López Obrador y continuado por Claudia Sheinbaum mantiene un sólido piso de popularidad gracias a sus programas de transferencias monetarias directas, desde la perspectiva del análisis periodístico existen fallas estructurales, promesas incumplidas y retrocesos institucionales profundos.

A continuación, se detallan los diez fracasos más importantes de la gestión de la 4T en la presidencia de la República, analizando las causas de fondo que los provocaron.

Inseguridad y el fortalecimiento del crimen organizado

La política de “abrazos, no balazos” de López Obrador —que Sheinbaum ha mantenido bajo la premisa de “atención a las causas”— terminó por traducirse en una alarmante inacción del Estado frente al control territorial de los cárteles.

El sexenio de AMLO cerró como el más violento de la historia moderna de México, superando los 190,000 homicidios dolosos, y la tendencia de delitos de alto impacto como la extorsión, cobro de piso, y el reclutamiento forzado de jóvenes ha continuado en ascenso, golpeando fuertemente la economía local de comunidades enteras.

El colapso del sistema de salud pública

El fracaso ha sido por la destrucción del Seguro Popular por motivos ideológicos -acusándolo de corrupción- sin tener un plan de contingencia real. Los experimentos fallidos del INSABI y la posterior saturación del IMSS-Bienestar generaron un desabasto crónico de medicamentos y la desarticulación de las cadenas de distribución.

La promesa de un sistema “como el de Dinamarca” se estrelló con la realidad: más de 30 millones de mexicanos perdieron el acceso a los servicios de salud pública durante el sexenio de AMLO, forzando a las clases más vulnerables a gastar de su propio bolsillo en farmacias privadas.

Malas finanzas públicas y elevado déficit fiscal

El gasto desmedido en programas sociales de corte electoral combinado con el rescate financiero de Pemex y los sobrecostos de las obras emblemáticas obligaron al gobierno a incurrir en un déficit fiscal histórico, superior al 5% del PIB.

Claudia Sheinbaum heredó unas finanzas públicas sumamente estresadas, con un margen de maniobra mínimo. La necesidad de sostener los apoyos económicos sin haber realizado una reforma fiscal de fondo ha encendido las alarmas de las calificadoras internacionales.

“Barril sin Fondo”, megaproyectos y empresas estatales

El fracaso de los megaproyectos que serían el símbolo del sistema, se ha dado por decisiones ejecutivas basadas en el voluntarismo político y la soberanía ideológica, ignorando los estudios de factibilidad técnica y ambiental.

El Tren Maya y la Refinería de Dos Bocas triplicaron sus costos originales de construcción. Además, proyectos como el AIFA, la nueva Mexicana de Aviación, Gas Bienestar y LitioMX operan con pérdidas millonarias sostenidas por el erario público.

La militarización del país y de la administración pública

La causa principal de este problema ha sido la incapacidad para construir policías civiles profesionales y el uso de las Fuerzas Armadas como el “comodín” de la 4T para evadir la rendición de cuentas, amparando obras y aduanas bajo el concepto de “seguridad nacional”.

AMLO contradijo su promesa histórica de regresar al ejército a los cuarteles. La Guardia Nacional terminó bajo control militar total, lo que ha provocado un debilitamiento institucional de las autoridades civiles y un aumento en las quejas por violaciones a los derechos humanos, sin que esto haya frenado la violencia.

Incertidumbre jurídica y la Reforma al Poder Judicial

El empeño de controlar los contrapesos constitucionales llevó a la aprobación de la reforma para elegir a jueces, magistrados y ministros por voto popular, un mecanismo inédito en democracias consolidadas.

La fracasada Reforma al Poder Judicial ha generado una profunda desconfianza en los mercados internacionales y entre los socios del T-MEC, justo en el momento en que México debió haber aprovechado al máximo el fenómeno del nearshoring (relocalización de empresas). La falta de certeza jurídica ahuyenta inversiones a largo plazo.

Rezago educativo y sin evaluaciones internacionales

Este fracaso se refleja en la cancelación de la reforma educativa previa para devolver las prebendas a los sindicatos de maestros (CNTE/SNTE), la eliminación de las escuelas de tiempo completo y el intento de restar importancia a evaluaciones internacionales como la prueba PISA de la OCDE.

Un severo estancamiento en el aprendizaje escolar que se profundizó tras la pandemia. Al ideologizar los planes de estudio y debilitar los estándares mínimos, México condena a las generaciones más jóvenes a una menor competitividad global.

Sin soberanía energética y quiebra técnica de Pemex

Aquí el problema es la obsesión por devolver a Pemex y a la Comisión Federal de Electricidad (CFE) el monopolio del sector, bloqueando la inversión privada en energías limpias y renovables.

Petróleos Mexicanos sigue siendo la petrolera más endeudada del mundo. A pesar de los miles de millones de dólares inyectados por el Estado, la producción no alcanzó las metas prometidas y el costo de oportunidad detuvo la transición energética del país, provocando apagones e ineficiencia en el sistema eléctrico.

Anticorrupción simulada

La razón de este fracaso es una narrativa presidencial que asume que la corrupción se extinguió “por decreto” desde la punta de la pirámide, justificando la asfixia presupuestal y los intentos de desaparición de organismos autónomos como el INAI (transparencia), el INE y la COFECE.

Paradójicamente, el gobierno que prometió erradicar la corrupción convirtió las asignaciones directas en su principal mecanismo de contratación pública (cerca del 80% de los contratos). Casos emblemáticos como el desfalco multimillonario en SEGALMEX quedaron en la impunidad o con castigos mínimos.

Polarización social como estrategia de gobernanza

Pero sin duda, uno de los fracasos más contundentes del modelo de la 4T ha sido el uso sistemático del aparato del Estado (las conferencias “mañaneras”) para clasificar a la población entre “el pueblo bueno” y los “conservadores, adversarios o traidores a la patria”.

La destrucción del diálogo plural. Claudia Sheinbaum ha mantenido este guion confrontativo al descalificar las protestas sociales legítimas o las críticas de la prensa catalogándolas como “campañas de la ultraderecha”. Esto fractura el tejido social y debilita la cultura democrática, dificultando la creación de consensos nacionales para resolver los problemas más urgentes de México.

En pocas palabras, el modelo de la 4T ha demostrado una notable eficacia para retener el poder y consolidar una base de votantes leales gracias al asistencialismo. Sin embargo, desde la óptica de la gestión pública, la destrucción de capacidades institucionales ha dejado al Estado mexicano más débil, más endeudado y con menos herramientas para garantizar la seguridad, la salud y la prosperidad de sus ciudadanos.