Sheinbaum: Entre el rechazo al palco del Azteca y los brindis en Chapultepec

Por. J. Jesús Lemus

La inauguración de la Copa del Mundo 2026 en la Ciudad de México no solo desató la fiebre futbolera, sino también una intensa batalla de narrativas políticas. Durante su gira de fin de semana por Colima, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo defendió con vehemencia su decisión de ausentarse del partido inaugural entre México y Sudáfrica en el Estadio Azteca. Sin embargo, la construcción de su discurso de austeridad y cercanía popular ha chocado de frente con las bitácoras de la diplomacia internacional.

Desde la inauguración de la Central de Ciclo Combinado Manzanillo III, la mandataria arremetió contra quienes criticaron su ausencia en el palco de honor del coloso de Santa Úrsula. Con un tono marcadamente populista y de confrontación hacia los gobiernos anteriores, Sheinbaum justificó su inasistencia apelando al bolsillo del mexicano promedio:

“Estaban muy enojados porque decían: ‘¿Y por qué no fue al estadio?’ ¿Saben cuánto costaba un boleto en el Estadio Azteca? 120,000 pesos. ¿Quién puede pagar eso?”, cuestionó la presidenta ante sus simpatizantes.

Para apuntalar la narrativa de la Cuarta Transformación, Sheinbaum recordó que donó el boleto institucional “00001” —otorgado por la FIFA— a Yolett Cervantes, una joven veracruzana de 21 años que ganó un concurso público de dominadas de balón. “Nosotros no necesitamos codearnos arriba; lo que necesitamos es estar siempre con el pueblo, cerca del pueblo”, remató de forma tajante.

La paradoja del Alcázar: Una velada con la élite del futbol

A pesar del encendido mensaje de fin de semana donde se desmarcó de las élites económicas, el registro periodístico y oficial de las horas previas al torneo cuenta una historia distinta. Solo una noche antes de la inauguración, la presidenta Sheinbaum fue la invitada de honor en la exclusiva cena de gala de la FIFA, celebrada en el Alcázar del Castillo de Chapultepec.

Lejos de las pantallas gigantes del Zócalo donde prometió ver los partidos con la ciudadanía, la mandataria compartió la velada con Gianni Infantino, presidente de la FIFA, quien le dio una calurosa bienvenida institucional.

También estuvieron representantes de 211 delegaciones internacionales, además de gobernadores, legisladores de las bancadas de Morena y el Partido Verde, y destacados empresarios y líderes económicos que patrocinan el evento mundialista.

Bajo un espectáculo de cientos de drones que dibujaron la Copa del Mundo en el cielo nocturno de Chapultepec, la mandataria posó para las cámaras oficiales en un evento que representa la cúspide del corporativismo y la exclusividad VIP que tanto criticó en su mitin.

El doble rasero de la narrativa oficial

Para la oposición y diversos analistas políticos, la estrategia de la presidenta responde a un pragmatismo calculado. Por un lado, ausentarse del Estadio Azteca —un recinto históricamente propenso a los sonoros abucheos contra los mandatarios en turno, como le ocurrió a Miguel de la Madrid en 1986— le evitó un trago amargo en cadena nacional y le permitió capitalizar el “gesto social” de regalar su boleto.

Por el otro, la obligada diplomacia de Estado y la derrama económica que representa el Mundial impidieron que Sheinbaum despreciara a la FIFA en privado. El resultado es una contradicción discursiva evidente: un rechazo público a la “élite del estadio” para consumo de su base electoral, contrastado con una asistencia protocolaria a una cena de gala en un palacio histórico junto a los hombres más poderosos del balompié y los negocios globales.

La Copa del Mundo apenas comienza, pero en la cancha de la comunicación política, el gobierno ya juega su propio partido: uno donde se busca mantener los pies en el barro del pueblo, mientras se brinda con la cúpula en las alturas de Chapultepec.