Por. J. Jesús Lemus
El historial de cartas enviadas por Ismael El Mayo Zambada a la opinión pública y al poder judicial estadounidense marca un giro inédito en la trayectoria del legendario cofundador del Cártel de Sinaloa.
A lo largo de casi cinco décadas en el crimen organizado, el capo destacó por mantenerse distante de los focos mediáticos y de los reflectores públicos. Sin embargo, desde su llegada a Estados Unidos bajo custodia federal, el veterano narcotraficante recurrió a la palabra escrita para fijar posiciones políticas, acusar traiciones, solicitar condiciones mínimas de internamiento y redactar un mensaje final sobre las consecuencias de la violencia.
la denuncia sobre el secuestro y el llamado a la paz
La primera gran comunicación formal de Ismael Zambada desde territorio estadounidense se dio a conocer apenas semanas después de que fuera llevado a suelo norteamericano el veinticinco de julio de 2024.
A través de su abogado Frank Pérez, el capo difundió una carta pública destinada tanto a la sociedad mexicana como a las autoridades de ambos países. El propósito principal de esta misiva fue desmentir las versiones iniciales que sugerían un acuerdo previo de entrega voluntaria con la justicia estadounidense.
En el texto, Zambada relató detalladamente cómo fue citado con engaños a una supuesta reunión para resolver diferencias entre líderes políticos del estado de Sinaloa. De acuerdo con su relato, en ese encuentro debían participar el gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, el exrector de la Universidad Autónoma de Sinaloa, Héctor Melesio Cuén Ojeda, e Iván Guzmán Salazar. Sin embargo, al llegar al sitio, fue emboscado por Joaquín Guzmán López.
Entre las frases más contundentes de esta primera carta destaca la siguiente:
Quiero decir desde el principio que no me entregué, no llegué voluntariamente a Estados Unidos. No tuve ningún acuerdo con cualquier gobierno. Al contrario, fui secuestrado y llevado a Estados Unidos contra mi voluntad.
El documento reveló además pasajes sombríos sobre los hechos violentos ocurridos en esa misma jornada.
Zambada sostuvo que Héctor Melesio Cuén Ojeda fue asesinado en el mismo sitio y al mismo tiempo en que él fue retenido, contradiciendo la versión oficial inicial de las autoridades locales que apuntaba a un intento de asalto en una gasolinera. Asimismo, denunció la desaparición de dos de sus colaboradores, José Rosario Heras López y Rodolfo Chaidez.
En cuanto a las peticiones concretas de esta primera misiva, Zambada formuló dos solicitudes claras.
En primer lugar, exigió a los gobiernos de México y Estados Unidos actuar con absoluta transparencia y brindar la verdad completa acerca de su secuestro y de los homicidios y desapariciones relacionados. En segundo lugar, dirigió un mensaje directo a la población sinaloense solicitando moderación y paz, argumentando que la violencia no resolvería nada y recordando que la región ya había atravesado por ese doloroso camino en el pasado.
El memorando legal y las peticiones médicas ante la Corte
Con el avance del proceso penal en el Distrito Este de Nueva York, el tono del narcotraficante dio un giro pragmático enfocado en su situación procesal de salud y de reclusión. El seis de julio de 2026, su defensa legal presentó un documento formal ante el juez Brian Cogan previo a la audiencia de sentencia.
En dicho documento, Frank Pérez notificó formalmente que su representado no llevaría el caso a un juicio público, aceptando la responsabilidad completa de los cargos y asumiendo de antemano la imposición obligatoria de la cadena perpetua.
La petición central realizada por Zambada al juez Brian Cogan en esta entrega fue estrictamente humanitaria y penitenciaria.
A sus setenta y seis años de edad, argumentó padecer diversas condiciones médicas crónicas, entre las que destacan la diabetes, la hipertensión y severas complicaciones en las rodillas. Por esa razón, solicitó formalmente al tribunal que la condena de prisión de por vida le fuera asignada para su cumplimiento dentro de un centro penitenciario federal de atención médica especializada.
El manifiesto de arrepentimiento y la sentencia
La tercera y más impactante intervención escrita se produjo el veinte de julio de 2026, durante la audiencia en la que el juez Brian Cogan dictó la sentencia definitiva de cadena perpetua y ordenó el decomiso de quince mil millones de dólares.
Sin esposas y mostrando un estado físico visiblemente deteriorado, Zambada tomó la palabra en la corte federal de Brooklyn para dar lectura a una declaración previamente redactada.
El documento comenzó con una asunción explícita de culpabilidad y arrepentimiento por el impacto social causado durante décadas de actividades delictivas. A diferencia de sus años en la clandestinidad, el capo dirigió palabras severas en contra del estilo de vida del crimen organizado.
Entre las líneas leídas por Zambada en el tribunal destacan los siguientes fragmentos:
Asumo plenamente la responsabilidad por mis actos. Sé que causaron daño grave y no hay justificación para lo que hice. Hoy enfrento las consecuencias con respeto a la ley y a las instituciones que me juzgaron. No busco privilegios ni trato especial. Acepto el castigo que corresponde y entiendo que será permanente.
Posteriormente, dedicó un apartado especial a reflexionar sobre la narrativa de éxito ligada al narcotráfico y lanzó una advertencia dirigida a las nuevas generaciones:
Durante muchos años, la violencia y el crimen han sido presentados como un camino de poder o éxito. Eso es una mentira. Mi vida es prueba de que ese camino termina en destrucción, cárcel o muerte. Si algo puede salir de esto, es que los jóvenes vean la realidad: no hay honor ni futuro en este negocio del crimen.
En esta última carta, Zambada fijó dos posturas institucionales clave. Primero, manifestó su respeto hacia la soberanía de México, reconociendo que el Estado mexicano mantiene un interés legítimo sobre sus ciudadanos y la responsabilidad de demostrar que nadie está por encima de la ley. En segundo lugar, solicitó expresamente ser sometido a las determinaciones que en el futuro puedan tomar los gobiernos involucrados.
Dejó asentado que, si las autoridades mexicanas llegaran a determinar que debe continuar cumpliendo su castigo en suelo nacional, se sometería con respeto a dicha resolución sin imponer condiciones ni esperar beneficios.
Por su parte, la defensa legal ratificó antes del fallo que su cliente no realizó ningún acuerdo de colaboración con los fiscales ni entregó nombres de funcionarios públicos, aceptando simplemente la responsabilidad de sus hechos de manera directa.
La evolución del mensaje a través de la cronología
Al analizar en perspectiva periodística el conjunto de sus escritos, se aprecia una transformación constante en el discurso de Ismael Zambada. La primera misiva del diez de agosto de 2024 funcionó como un alegato defensivo y de denuncia política que buscaba esclarecer la naturaleza de su captura, deslindarse de acuerdos secretos y señalar traiciones.
Dos años después, el memorando del seis de julio de 2026 adoptó la forma de una petición pragmática para garantizar atenciones médicas a un prisionero de edad avanzada.
Finalmente, la carta del veinte de julio de 2026 constituyó una capitulación completa y un mensaje con tintes morales donde el otrora líder criminal reconoció la futilidad de la violencia, aceptó pasar el resto de su vida en prisión y pidió perdón a la sociedad antes de escuchar su condena definitiva.
