Se terminó la Dinastía de Los Mayos, con el Ismael Zambada en prisión de por vida

Por. J. Jesús Lemus

El silencio sepulcral que durante más de medio siglo rodeó a la familia Zambada se rompió definitivamente. Durante décadas, la imagen del cartel de Sinaloa estuvo indisolublemente ligada al rostro de un hombre inmune a los operativos militares, un viejo capo que ostentaba el récord no oficial de jamás haber pisado una cárcel hasta que el destino le tendió una emboscada en el verano de 2025.

La caída de Ismael Zambada García marcó el inicio del desmantelamiento total de una estirpe criminal que parecía eterna, dejando tras de sí un rastro de delaciones, sentencias judiciales en la Unión Americana y un baño de sangre sin precedentes en las calles de Culiacán.

Para entender el ocaso de esta dinastía es necesario mirar primero al patriarca.

El Mayo construyó su imperio basándose en la discreción, el soborno sistemático a altos mandos gubernamentales y una red de complicidades políticas y empresariales que le permitieron operar sin estridencias.

Sin embargo, la traición interna devoró la cúspide del negocio.

La mañana del veinticinco de julio de dos mil veinticuatro, el patriarca fue engañado por Joaquín Guzmán López, vástago de su antiguo socio El Chapo, y llevado a la fuerza en un avión privado hasta una pista de aterrizaje en Texas, donde agentes federales estadounidenses lo esperaban para poner fin a su prolongada impunidad.

Tras formalizar un acuerdo de culpabilidad por cargos de delincuencia organizada y tráfico masivo de drogas ante una corte federal de Brooklyn, el longevo capo recibió una condena a cadena perpetua que sepultó cualquier posibilidad de retorno.

Desde su celda de máxima seguridad en los Estados Unidos, el antiguo líder lanzó llamadas a la paz que resonaron vacías entre los combatientes que alguna vez le juraron lealtad.

La herencia del cártel

El destino de sus hijos varones refleja la paulatina transformación del clan, de una estructura criminal a un desfile de colaboradores del sistema de justicia estadounidense o sobrevivientes en pie de guerra.

El primogénito, Vicente Zambada Niebla, conocido como El Vicentillo, fue en su momento el heredero natural del imperio. Detenido en la Ciudad de México en dos mil nueve y posteriormente extraditado a Chicago, decidió romper el código de silencio de la mafia sinaloense.

Su testimonio ante los tribunales norteamericanos fue fundamental para desarticular la cúpula del cartel y enviar a cadena perpetua a Joaquín Guzmán Loera. Como pago por su colaboración con el Departamento de Justicia, obtuvo una reducción sustancial de su condena y recuperó la libertad bajo el programa de protección a testigos, dejando atrás la vida criminal para asumir una identidad anónima en suelo estadounidense.

Otro de los vástagos del capo, Ismael Zambada Imperial, apodado El Mayito Gordo, corrió una suerte similar en términos judiciales. Capturado por fuerzas especiales de la Armada de México en el municipio de Culiacán a finales de 2014, permaneció varios años encarcelado antes de ser entregado a la justicia de San Diego, California.

Tras declararse culpable y cumplir una sentencia atenuada por tráfico de cocaína y marihuana, fue puesto en libertad bajo supervisión probatoria, apartándose del control operativo del grupo criminal y buscando mantener un perfil extremadamente bajo entre México y los Estados Unidos.

Por su parte, el menor de la dinastía, Serafín Zambada Ortiz, arrestado en 2013 al intentar cruzar la frontera por Arizona, cumplió una condena corta de poco más de cuatro años tras cooperar con las autoridades judiciales estadounidenses. Tras salir del penal federal, sobrevivió a un grave accidente automovilístico en Sonora y se ha mantenido distanciado de la estructura armada de la organización.

En medio de este panorama de entregas, acuerdos y retiros forzados, emerge la figura de Ismael Zambada Sicairos, conocido en el hampa como El Mayito Flaco o El Caballero. Él es el único heredero del patriarca que permanece prófugo de la justicia, activo en el narcotráfico y decidido a mantener la bandera del grupo familiar a través de la facción denominada La Mayiza.

Caracterizado desde su juventud por una discreción casi idéntica a la de su padre, evadió los reflectores de las agencias antidrogas durante años. Sin embargo, la traición que derivó en el secuestro y entrega de su progenitor lo forzó a salir de las sombras.

Desde septiembre de 2024, el Mayito Flaco comanda una encarnizada conflagración contra los hijos de Joaquín Guzmán Loera, desencadenando la peor crisis de violencia que ha vivido el estado de Sinaloa en la época reciente. Para sostener este conflicto, el último líder activo del linaje construyó alianzas con antiguos rivales y grupos armados en diversos puntos del país, disputando metódicamente el control de las rutas de fentanilo y las plazas estratégicas del pacífico mexicano.

El entorno familiar cercano del antiguo capo principal tampoco logró escapar de la dispersión.

El hermano del patriarca, Jesús Reynaldo Zambada García, apodado El Rey Zambada, fue uno de los pioneros en la logística de recepción de cargamentos de cocaína colombiana a través del aeropuerto de la capital mexicana.

Su detención en 2008 dio inicio al proceso de cooperación más destructivo para el cartel de Sinaloa. Tras ser extraditado a Estados Unidos, se convirtió en el testigo estrella de los juicios en contra de Guzmán Loera y del exsecretario de Seguridad Pública federal Genaro García Luna.

Sus declaraciones ante jueces federales detallaron el pago de sobornos millonarios y revelaron el funcionamiento interno de la organización. Actualmente vive libre en territorio estadounidense protegido por las autoridades federales, habiendo borrado cualquier vínculo funcional con las actividades delictivas en México.

En cuanto a la rama de los sobrinos, la tragedia y el acoso policial terminaron por erradicar su presencia operativa en el mapa del crimen organizado.

El caso más sobresaliente fue el de Eliseo Imperial Castro, conocido popularmente como El Cheyo Ántrax, sobrino directo del Mayo y señalado por autoridades federales como uno de los líderes del brazo armado Los Ántrax y encargado de proteger la seguridad del clan.

En mayo de 2024, semanas antes de la caída de su tío, fue emboscado y ejecutado a balazos sobre la carretera internacional en la salida sur de Culiacán, cerrando drásticamente una era de lugartenientes cercanos a la familia.

Otros sobrinos y familiares lejanos han optado por el exilio voluntario, la prisión en cárceles de mediana seguridad o el cambio de residencia a otros estados para evitar ser blanco de los grupos rivales.

El balance de esta historia confirma que la dinastía de los Zambada como monopolio narco y estructura indivisible se ha extinguido.

El modelo de capo protector, discreto y mediador que encarnó el patriarca durante más de cincuenta años fue destruido por la colaboración masiva de sus propios parientes con la justicia estadounidense y por las traiciones internas de sus socios históricamente más cercanos.

Hoy en día, el imperio familiar no existe más como una corporación unificada; ha quedado reducido a la resistencia armada del Mayito Flaco, quien se bate en un enfrentamiento sangriento que no solo busca el control territorial, sino la supervivencia de las últimas siglas de un apellido que dominó el crimen organizado mexicano por casi medio siglo.