J. Jesús Lemus/La Opinión de México
Los comicios de Coahuila del pasado domingo 7 de junio de 2026, donde la alianza entre el PRI y la UDC (Partido Unidad Democrática de Coahuila), dieron al Partido Morena el peor de los descalabros desde la llegada del presidente López Obrador a la presidencia, son simplemente el preludio de lo que se espera en las elecciones del 2027.
Y es que las elecciones locales de Coahuila no se deben distinguir porque el PRI se llevó la elección en 16 distritos locales de 16 distritos locales que estaban en juego, se debe destacar como la elección en donde la gente ya no quiso votar por los candidatos de Morena.
La elección local de Coahuila, en donde la gente -por no tener más- le dio el voto a los candidatos del PRI, debe llevar a replantear a Morena su estrategia de gobierno y la forma en que promueven sus políticas públicas, no tanto su forma interna de organización, que también tiene vicios.
Sobre la forma de organización interna de Morena, las elecciones de Coahuila se deben entender como la inconformidad de la gente por la manera en que se ha manejado al partido, como un club de amigos, en donde mantiene mejor posición el que se encuentre más cercano al dueño de la casita.
El dueño de Morena es Andrés Manuel López Obrador. De eso a nadie le queda la menor de las dudas, y por ello la gente ha decidido alejarse de Morena. Nadie quiere invertir su tiempo y participación política dentro de un proyecto político, when sabe que a final de cuentas eso no va a contar. Lo que cuenta es el ánimo del dueño de la institución.
Por eso el desencanto de la población. Por eso la decisión de buscar en otra parte lo que Morena ya no puede ofrecer en ninguna circunstancia. Por eso se recurre al voto de castigo, no porque el PRI sea mejor, es simplemente porque la gente ya entendió que Morena no es lo que ofreció.
Y entre lo que ofreció Morena, que hoy se transforma en desencanto se encuentra también la promesa de combatir la corrupción. Esa promesa se estrella de frente contra la irrefutable realidad, contra una presidenta que en forma más que clara y evidente, a veces hasta desvergonzada, se dedica a proteger la corrupción.
Desde el colectivo ya no se sabe que es lo que molesta más, si la presidenta defendiendo a los corruptos o la presidenta evidenciando su propia corrupción, porque nadie con dos dedos de frente y en plenitud de su juicio sería capaz de defender a un narco gobernador, un narco senador un narco alcalde, un narco general y otros seis narcofuncionarios policiales de Sinaloa.
El resultado de la elección de Coahuila es claro. No se trata de quién ganó, sino quién la gente no quiso que ganara. Allí está lo medular. La gente votó por el no a Morena, por el no a la corrupción, por el no a la presidenta defendiendo a los narcos, por el no de un México gobernado por una élite coludida con los cárteles de las drogas.
Y lo habíamos vivido con Vicente Fox cuando no ganó él, sino el rechazo al PRI. Luego llegó Peña Nieto, cuando la gente no decidió que regresara el PRI, sino que optó por que no siguiera el PAN. Con López Obrador no votó por él, votó en contra de la corrupción de Peña Nieto.
Ahora, la cíclica historia electoral mexicana apunta al inicio del fin de Morena. Con las elecciones de Coahuila ya podemos vislumbrar lo que la gente habrá de decidir en las elecciones intermedias del 2027, cuando -sin duda alguna- decida que ya no quiere una mayoría en el congreso por parte del partido guinda.
Porque la gente sabe que darle poder a Morena es darle poder al narco. Si se mantiene Morena en el poder, con mayoría en la próxima legislatura, es solo cimentar la oligarquía de los hijos de extranjeros gobernando el país, es comentar el poder del narco tras las decisiones de la autoridad.
La gente ya lo entendió, y el ejemplo está en Coahuila, se le dan un voto más a Morena, es un voto a favor de que siga la corrupción y la impunidad, y no solo eso, también es darle un fiat al nepotismo y al narco, al huachicol y a las factureras, a la opacidad y a la no rendición de cuentas, pero sobre todo es darle el aval al matrimonio del Narco-Estado.
Lo que pasó en Coahuila, es -en pocas palabras- el acercar a la Justicia a Adán Augusto López Hernández, Alfonso Durazo Montaño, Alfonso Romo, Andy López Beltra, Amilcar Olan, Claudia Sheinbaum, Omar García Harfuch, Mario Delgado, Marina del Pilar, Indira Vizcaíno, Alfredo Ramírez Bedolla, Rocio Nahle, Ernestina Godoy, Ricardo Monreal Avila, Alejandro Gertz Manero… y un largo etcétera de distinguidos cuadros morenistas.
