Grupos del Narco pegan a Influencers; César Gastélum, tiktoker de Sinaloa, fue asesinado

Por. J. Jesús Lemus

La violencia en Culiacán ha vuelto a rebasar los límites de la pantalla para instalarse en la realidad más cruda.

La noche del cuatro de agosto de dos mil veintiséis, el joven creador de contenido César Gastélum, conocido popularmente en redes sociales como Cesarín o bajo el seudónimo de Compasexor, fue asesinado a balazos en el sector Desarrollo Urbano Tres Ríos de la capital sinaloense mientras realizaba una transmisión en vivo para la plataforma Kick.

Gastélum, de veinticuatro años de edad y con cientos de miles de seguidores en plataformas como TikTok e Instagram, se encontraba junto a dos colaboradores afuera de un establecimiento de comida rápida, vestidos con sudaderas rojas como parte de una dinámica de simulación de repartidores de comida.

El ataque quedó registrado en tiempo real ante la mirada de sus espectadores: dos sujetos a bordo de una motocicleta se aproximaron por la espalda y uno de ellos disparó a quemarropa directamente a su cabeza.

El homicidio ocurre en un punto céntrico de alta afluencia y cercano a las instalaciones de la Fiscalía General del Estado, lo que evidencia el nivel de impunidad y audacia con el que operan los grupos armados en la entidad.

Gastélum había construido una comunidad digital basada en comedias, caracterizaciones, parodias y la difusión del estilo de vida norteño.

Sin embargo, en sus publicaciones de Instagram exhibía vehículos de lujo, prendas de marcas exclusivas y viajes, una estética ostentosa que frecuentemente roza la línea de la llamada narcocultura.

Además, el joven mantenía vínculos de amistad con otros generadores de contenido asesinados en el pasado reciente, como Leovardo Aispuro, a quien públicamente dedicaba mensajes tras su ejecución.

Una lista larga de influencers asesinados

Este atentado no es un hecho aislado, sino la continuidad de una sangrienta purga que se desató en Sinaloa a finales de 2024 tras la detención y traslado a Estados Unidos del capo Ismael El Mayo Zambada y la entrega de Joaquín Guzmán López.

La ruptura definitiva dentro del Cártel de Sinaloa fracturó a la organización en dos facciones irreconciliables: Los Chapitos, dirigidos por los hijos de Joaquín El Chapo Guzmán, y La Mayiza, bajo el mando de Ismael Zambada Sicairos, alias El Mayito Flaco.

En este conflicto total, el entorno digital se transformó en un frente de guerra propaganda y financiero, donde los creadores de contenido han dejado de ser vistos como simples entretenedores para ser considerados operadores financieros, prestanombres, voceros o lavadores de dinero al servicio de alguno de los dos bandos.

En los últimos dos años, la espiral delictiva ha cobrado la vida de numerosos influencers que se movían en el ecosistema sinaloense o que tenían ligas explícitas con las facciones en disputa.

Entre los casos más sonados de creadores abatidos en este periodo destaca Leovardo Aispuro, apodado El Gordo Peruci, ejecutado a finales de 2024.

A principios de 2024 fue localizado sin vida y con huellas de tortura Justin Paul, un joven creador conocido como El Pinky, quien días antes había figurado en volantes arrojados desde avionetas sobre Culiacán por La Mayiza para señalar a supuestos colaboradores de Los Chapitos.

La lista de bajas incluye también a Camilo Ochoa Delgado, asesinado a tiros en una residencia de Morelos por sus vínculos directos con Los Chapitos, así como a Juan Carlos, alias El Chilango; Miguel Vivanco, conocido como El Jasper; Rafael, apodado El Peinadito; Víctor Manuel, apodado El Brasileño; Agustín Paul, conocido como El Profe; y Gerardo Moya, alias El Jerry, acribillado al interior de su camioneta en Culiacán.

A esta cadena de atentados fatales se sumaron episodios de privación de la libertad como el sufrido por Nicole Pardo Molina, la influencer conocida como La Nicholette, raptada en su camioneta Tesla por un comando armado antes de ser liberada días después.

La ejecución de César Gastélum mientras transmitía en directo refleja una alarmante evolución en las dinámicas del crimen organizado.

La exposición mediática que enriquece a estas figuras digitales se convierte al mismo tiempo en su mayor vulnerabilidad, exponiendo sus ubicaciones en tiempo real y volviéndolos blancos accesibles en una guerra donde la línea entre el entretenimiento digital y el patronazgo del narcotráfico se ha vuelto mortalmente difusa.

Las investigaciones de la Fiscalía continúan sin arrojar detenidos, mientras la sociedad sinaloense asimila un nuevo asesinato transmitido ante miles de pantallas en vivo.