Retoman Los Chapos diálogo con la DEA para una entrega pactada

Por. J. Jesús Lemus

En las entrañas del Cártel de Sinaloa, los engranajes de una de las organizaciones criminales más poderosas del planeta atraviesan una metamorfosis sin precedentes.

Informes de inteligencia y fuentes cercanas al entorno de la cúpula criminal señalan que Jesús Alfredo e Iván Archivaldo Guzmán Salazar, conocidos como los principales líderes de la facción de Los Chapitos, se encuentran explorando activamente canales de diálogo con el Departamento de Justicia de Estados Unidos y la Agencia Antisecuestro y Control de Drogas, la DEA, para negociar una eventual entrega coordinada a la justicia norteamericana.

Esta eventualidad, que marcaría el fin definitivo de la era del linaje de Joaquín El Chapo Guzmán al frente de la estructura armada en territorio mexicano, no surge de manera aislada. Se trata de una reacción en cadena detonada desde los propios tribunales estadounidenses en Chicago, donde sus hermanos Ovidio Guzmán López y Joaquín Guzmán López han sostenido intensas sesiones de negociación de culpabilidad tras sus respectivas capturas y traslados a territorio norteamericano.

Las conversaciones que Ovidio Guzmán ha mantenido con la fiscalía federal han reconfigurado el tablero estratégico.

La información aportada por el menor de Los Chapitos no solo abarca el andamiaje operativo de la producción y tráfico masivo de fentanilo hacia el norte del continente, sino que ha tocado fibras geopolíticas de enorme sensibilidad.

Entre las revelaciones más trascendentales que Ovidio ha entregado a los agentes y fiscales estadounidenses destacan los pormenores sobre los puentes logísticos y las alianzas estratégicas internacionales del grupo criminal, en particular con la red de altos mandos militares y políticos en Venezuela vinculada al denominado Cártel de los Soles.

La profundidad y el valor estratégico de los datos aportados sobre estas rutas transnacionales de cocaína, lavado de dinero e insumos químicos han colocado a Ovidio Guzmán en una posición de negociación privilegiada ante los tribunales.

Dentro de este esquema de colaboración, se ha planteado la posibilidad de que los beneficios procesales, las reducciones de pena y los esquemas de protección no beneficien únicamente a los hermanos que ya se encuentran bajo custodia federal, sino que abran una puerta de salida negociada para Iván Archivaldo y Jesús Alfredo.

El traslado previo de un nutrido grupo de familiares directos de los Guzmán hacia Estados Unidos en meses recientes refuerza la hipótesis de que se prepara un acuerdo integral de protección a cambio de la desarticulación total del aparato de mando de esta dinastía.

Esta inclinación hacia un pacto con Washington responde también a una asfixiante realidad en el terreno. Sinaloa se encuentra sumida en un cruento conflicto armado motivado por la fractura fratricida entre las dos grandes facciones del cártel.

Esta conflagración, desatada con especial virulencia a partir de septiembre de 2024 tras la caída de Ismael El Mayo Zambada, contrapone a las fuerzas de Los Chapitos contra la facción de La Mayiza, actualmente encabezada por Ismael Zambada Sicairos, conocido como El Mayito Flaco.

Para Iván Archivaldo y Jesús Alfredo, la presión es doble y voraz. Por un lado, enfrentan el acoso de las agencias de inteligencia norteamericanas que ofrecen recompensas millonarias por su captura; por el otro, libran una guerra de desgaste violenta contra las huestes del Mayito Flaco en las calles de Culiacán y en la zona serrana del estado.

En este escenario de supervivencia, donde el territorio antes seguro se ha transformado en un campo de batalla permanente, la negociación con la DEA deja de ser una opción de rendición para convertirse en una estrategia calculada de preservación física e institucional frente al implacable avance de sus rivales internos.

De concretarse este entendimiento con las autoridades estadounidenses, el panorama del crimen organizado en México sufrirá una sacudida histórica. La salida de los herederos directos de El Chapo del mapa operativo no erradicaría la violencia en Sinaloa, pero sí reestructuraría de fondo el control geográfico del narcotráfico, consolidando un cambio de mando generacional y dejando el paso libre a la recomposición de fuerzas en el noroeste del país.