Por. Raymundo Hernández Campos
La muerte del padre de Lionel Messi trasciende no solo las fronteras de los países, sino las del mundo estrictamente deportivo, pues las lecciones que nos deja esa historia familiar son ejemplares, e incluso excepcionales.
El señor Jorge Messi fue un hombre común, un argentino de a pie que se ganaba la vida como técnico químico en la industria siderúrgica de la ciudad de Rosario, Argentina, pero realizó una misión fuera de lo común: impulsar a su hijo menor para que se convirtiera en uno de los mejores futbolistas de la historia, si no es que el mejor, cuando las circunstancias no auguraban eso.
Lionel tenía características de “crack” desde niño, pero también tenía una gran adversidad: déficit de la hormona del crecimiento (somatotropina). En este punto es donde el padre sacó fuerzas desde el interior y se convirtió en el héroe de su hijo, pues a como diera lugar buscó una solución para éste, y no se conformó con irse a la capital de su país, Buenos Aires, sino que se animó a cruzar el Océano Atlántico hasta Europa con ese objetivo.
No tenían nada asegurado, pero don Jorge tomó el riesgo por su hijo y su valentía fue recompensada: el club Barcelona fichó en el año 2000 a “La Pulga”, de entonces 13 años, con el compromiso de costear su tratamiento hormonal, que en ese entonces costaba cerca de 900 dólares mensuales. Así empezó la exitosa trayectoria de Lionel Messi, primero en ese club español y después en la Selección Argentina.
Don Jorge se la jugó por su hijo Lionel y aquí es donde yo me pregunto, ¿cuántos padres están dispuestos a hacer un esfuerzo extraordinario por sus hijos? Hay muchos que son conformistas y eso es lo que les transmiten a sus hijos. También hay muchos que simplemente huyen de sus responsabilidades y no vuelven nunca más.
Afortunadamente Lionel supo corresponder el osado esfuerzo de sus padres como a ellos más les gusta ser recompensados y como mejor lo pueden hacer los hijos: con resultados excelentes en lo profesional y en lo personal, en este caso, en la vida y en la cancha.
Por fortuna don Jorge vivió para ver a su hijo coronarse muchas veces con el Barcelona FC y para volver a ver a su Argentina campeona del mundo por tercera vez en el Mundial de Qatar 2022, de la mano de su vástago.
Y ahora me pregunto, ¿cuántos hijos son capaces de recompensar los esfuerzos de sus padres, no con dinero, sino con brindarles la satisfacción de verlos triunfar? ¿Qué estamos haciendo para enorgullecer a nuestros padres? Les aseguro que muchos no lo hacen, al contrario, se desvían del camino y solo llenan de penas a sus progenitores.
Hoy pareciera que la vida dejó de sonreírle a “La Pulga”, murió su padre y héroe sin que le pudiera brindar la última alegría, una copa más para Argentina. España se interpuso, el país al que el astro argentino le debe su carrera, este verano le pasó la factura.
Pero Lionel puede estar tranquilo, lo ha dejado todo en la cancha, ¿cuántos hombres pueden llegar a una segunda final mundial consecutiva a los 39 años? Más aún, ¿cuántos padres quisieran tener a un hijo tan exitoso y discreto como él?
Messi no pudo bordar la cuarta estrella en la camiseta albiceleste, pero ahora tiene una estrella en el cielo, “así nomás”.
