Quita el INE mas de 2 millones de falsos mlitantes a Morena

Por. J. Jesús Lemus

El Instituto Nacional Electoral concluyó la revisión trianual del padrón de militantes de las fuerzas políticas en el país, un procedimiento legal indispensable para verificar que los partidos mantengan el número mínimo de afiliados requeridos por la legislación y para garantizar la certeza jurídica del sistema representativo.

Este ejercicio, centrado en la depuración exhaustiva de los registros presentados por cada organización, arrojó ajustes sustanciales en la cifra final del gobernante Movimiento Regeneración Nacional. Tras el análisis de las cédulas de afiliación y el cotejo informático de la base de datos nacional, la autoridad electoral detectó una serie de inconsistencias que derivaron en la invalidez de más de 2 millones de registros presentados por esa agrupación.

El procedimiento institucional responde al marco regulatorio que obliga a efectuar una revisión metódica cada tres años. En esta oportunidad, las tareas de fiscalización y validación buscaron depurar duplicidades entre padrones de distintos partidos, identificar registros de personas fallecidas, descartar credenciales de elector vencidas o dadas de baja del Padrón Electoral General y sancionar irregularidades en las firmas o en los respaldos documentales presentados por las dirigencias.

La revisión puso un foco especial en los intensos despliegues de afiliación que Morena ejecutó en años recientes a lo largo del territorio nacional, los cuales buscaron masificar la base de simpatizantes, pero derivaron en deficiencias metodológicas e informáticas que terminaron por mermar la validez jurídica de una porción de sus solicitudes.

Entre las irregularidades técnicas señaladas por el órgano electoral destacan registros que no contaban con el respaldo de la firma autógrafa del ciudadano o con la captura digitalizada del consentimiento explícito.

De igual manera, la plataforma de verificación detectó cruces indebidos de afiliación, donde ciudadanos aparecían simultáneamente en las listas de otras agrupaciones políticas sin que existiera una renuncia formal previa.

Otro componente crucial de la depuración fue la baja automática de miles de cédulas asociadas a personas que ya habían fallecido al momento de la revisión o cuyos derechos políticos se encontraban suspendidos. Estas anomalías impidieron que el partido alcanzara la meta pública fijada por sus liderazgos, que aspiraba a consolidar una cifra cercana a los diez millones de integrantes plenamente certificados en sus listas oficiales.

A pesar del recorte en los listados, la fuerza política gubernamental mantiene una ventaja numérica considerable sobre la oposición, manteniéndose como la organización con mayor presencia territorial e infraestructura de militancia en México. Tan solo en entidades densamente pobladas como el Estado de México y la Ciudad de México, el partido conserva núcleos de afiliados válidos que superan, por sí solos, las listas totales de militantes de la gran mayoría de sus competidores políticos.

En contraste, la depuración general evidenció la compleja situación que enfrentan las fuerzas opositoras tradicionales, las cuales operan con padrones significativamente más reducidos y muy cercanos al umbral mínimo legal exigido para conservar el registro nacional, lo que refleja un reordenamiento profundo del mapa partidista en el país.

La resolución del organismo electoral provocó discusiones respecto a los controles internos de los partidos para gestionar sus procesos de afiliación masiva. Mientras que representantes de las fuerzas opositoras señalaron que la detección de inconsistencias evidencia fallas en la recolección de apoyos y el uso desmedido de estructuras para inflar los listados, la dirigencia de la fuerza mayoritaria argumentó que la cancelación masiva de folios obedeció primordialmente a trabas burocráticas y a criterios técnicos rigurosos que dejaron fuera a ciudadanos que simpatizan genuinamente con el movimiento.

Más allá de los contrapuntos políticos, la conclusión de esta depuración reafirma la facultad fiscalizadora del Instituto Nacional Electoral para dar certeza sobre la representación real de las agrupaciones políticas y garantizar que la participación ciudadana organizada se mantenga bajo un estricto apego a la legalidad.