Por. J. Jesús Lemus
Las manifestaciones registradas el pasado fin de semana en el estado de Colima contra la presidente Claudia Sheinbaum Pardo responden a una profunda fractura socioambiental desencadenada por el proyecto gubernamental de expansión del puerto de Manzanillo.
El malestar popular no obedece a un móvil partidista aislado, sino a la resistencia organizada de colectivos ciudadanos, pescadores tradicionales, productores de sal artesanal y sectores académicos agrupados en movimientos como Salvemos Cuyutlán.
Estas comunidades decidieron alzar la voz para denunciar que el desarrollo de la megainfraestructura comercial se está proyectando sobre uno de los patrimonios ecológicos más vulnerables de la entidad, priorizando la conectividad logística global sobre el bienestar y la sustentabilidad territorial local.
La razón de la molestia social
El origen del conflicto reside en la urgente necesidad que argumenta el Gobierno Federal para ampliar las capacidades del recinto portuario de Manzanillo, considerado el nodo marítimo comercial más relevante del Pacífico mexicano.
Ante el crecimiento exponencial del comercio transpacífico con Asia y las exigencias logísticas derivadas del fenómeno del nearshoring, la actual infraestructura en la bahía interior resulta completamente insuficiente para procesar los volúmenes de carga en contenedores que llegan al país.
El plan gubernamental contempla la creación de una nueva terminal conocida comercialmente como Puerto Nuevo Manzanillo, un megaproyecto coordinado por la Secretaría de Marina y la Administración del Sistema Portuario Nacional.
Esta obra contempla la construcción de muelles de gran calado, patios de almacenamiento de contenedores, viaductos ferroviarios y nuevos accesos carreteros destinados a duplicar o triplicar la capacidad operativa portuaria del estado en las próximas décadas.
Sin embargo, el trazado y la visión de esta megaconstrucción imponen una amenaza directa e inminente sobre la Laguna de Cuyutlán, el humedal costero más extenso del estado de Colima, cuya superficie supera las 7 mil hectáreas.
La expansión física del puerto contempla obras de dragado profundo, la desecación de franjas de agua, la reconfiguración del flujo hídrico y la pavimentación masiva de áreas de transición para dar cabida a la infraestructura de transporte pesado.
Modificar mecánicamente las dinámicas hidrográficas del cuerpo de agua alterará irremediablemente los niveles de salinidad, la temperatura de la columna de agua y el intercambio natural entre la laguna y el Océano Pacífico, lo cual estrangularía el equilibrio ecológico del sistema ambiental.
Un bastión ecológico
La Laguna de Cuyutlán ostenta una importancia ecológica monumental para el occidente de México, al actuar como un complejo regulador ambiental y un santuario de biodiversidad insustituible.
Sus vastos bosques de mangle funcionan como criaderos y refugios biológicos para cientos de especies marinas y continentales, además de servir como barreras naturales frente a los impactos severos de huracanes y marejadas que frecuentemente golpean la costa del Pacífico.
Asimismo, los humedales de Cuyutlán actúan como una trampa masiva de carbono, un filtro biológico que depura el agua y el punto de descanso o nidificación para miles de aves migratorias que recorren el continente americano.
Para las comunidades asentadas en sus riberas, la alteración de la laguna representa un riesgo de ecocidio que exterminará sus fuentes históricas de trabajo y subsistencia.
La alteración del ecosistema afectará de manera drástica las poblaciones de peces, moluscos y crustáceos de los que dependen cientos de familias de pescadores artesanales.
De igual forma, los productores de sal verán destruido el microclima ambiental y las condiciones de salinidad requeridas para la extracción natural de la famosa sal de Cuyutlán, una actividad tradicional de alto valor cultural e industrial.
Por estas razones, la protesta ciudadana exige que cualquier intento de desarrollo logístico garantice el respeto irrestricto al entorno natural y priorice la conservación integral de este vital ecosistema costero por encima del comercio transnacional.
