Por. J. Jesús Lemus
El hallazgo sin vida del diputado federal de Morena por Veracruz, Zenyazen Roberto Escobar García, ocurrido el 4 de septiembre de 2026 en la comunidad de La Gloria, municipio de Puente Nacional, encendió las alarmas en el panorama político y social del país.
Tras el procesamiento de la escena por parte de la Fiscalía General del Estado de Veracruz y la posterior atracción por la Fiscalía General de la República, la versión oficial comenzó a perfilarse hacia la hipótesis de un autoperjuicio o suicidio.
Sin embargo, al examinar la evidencia desde una rigurosa perspectiva criminalística, forense y de reconstrucción de hechos, la tesis del suicidio presenta discrepancias biomecánicas, físicas y de contexto que exigen una revisión minuciosa.
Las autoridades sustentan la versión del suicidio argumentando que la unidad automotriz se encontraba cerrada por dentro y con los seguros activados, sin impactos balísticos provenientes del exterior ni signos aparentes de lucha violenta previos al disparo dentro del habitáculo.
No obstante, clasificar apresuradamente este tipo de sucesos omite patrones recurrentes del crimen organizado en la región veracruzana, donde la escenificación o alteración de la escena del crimen es una práctica orientada a desviar móviles de ejecución e impedir que salgan a la luz vínculos, tensiones o compromisos no cumplidos con estructuras delictivas locales.
No fue suicidio, pero fue suicidio
Desde el análisis forense, existen elementos físicos que desarticulan la viabilidad mecánica de un disparo autoinfligido.
En primer lugar, se analiza la dirección y punto de entrada de la lesión por proyectil de arma de fuego, reportada con trayectoria por el oído izquierdo. Para que un individuo lleve a cabo un disparo autoperjudicial, existe una dominancia motora o lateralidad que rige la mecánica del acto.
Si la víctima era de lateralidad diestra, la acción de sujetar el arma con la mano dominante y dirigirla hacia el oído o zona parietal izquierda representa una maniobra biomecánicamente antinatural e hiperanalítica.
Implica cruzar el brazo por delante del rostro o contorsionar el hombro de manera forzada, perdiendo estabilidad en el empuñamiento y fuerza en la tracción del disparador.
La abrumadora mayoría de los suicidios con arma corta ejecutados por personas diestras registran el orificio de entrada en el sien o región temporal derecha, o en su defecto en la zona submentoniana o cavidad oral.
Un impacto directo en el oído izquierdo sugiere, en términos de física forense y trayectoria, la presencia de un tercero ubicado en el costado posterior o lateral izquierdo del vehículo, disparando a corta distancia o a bocajarro.
En segundo lugar, se encuentra la posición final del indicio balístico principal: la cacha del arma dirigida hacia arriba y ubicada entre las piernas del fallecido. Durante el disparo de una pistola semiautomática se genera un fenómeno físico denominado retroceso, producido por la expansión de los gases de la pólvora y el retroceso de la corredera.
Este movimiento repentino provoca un impacto de energía cinética sobre la mano y la muñeca del tirador. Al producirse la lesión cerebral mortal, el cuerpo experimenta una pérdida instantánea de tono muscular por interrupción del sistema nervioso central o, en su defecto, un espasmo cadavérico.
Si la víctima hubiese disparado con la mano derecha hacia el lado izquierdo, la fuerza del retroceso combinada con la gravedad habría proyectado el arma hacia la derecha, el suelo del vehículo o la consola central, cayendo habitualmente con la empuñadura apoyada hacia abajo.
La disposición de la cacha apuntando hacia arriba entre las muslos responde a una colocación post mortem, típica de una manipulación o acomodo pasivo del objeto tras la pérdida total de movilidad de la víctima.
En tercer lugar, se analiza el estado de los accesos al vehículo, al encontrarse las puertas con los seguros activados. El cierre centralizado no es una prueba concluyente de aislamiento de la escena.
En vehículos modernos, la activación de los seguros puede ocurrir de manera automatizada por el sistema eléctrico tras el encendido, al detener la marcha sin apagar el motor, o bien puede ser accionada remotamente mediante la llave inteligente tras cerrar la puerta desde el exterior.
Asimismo, una persona obligada a detener su marcha bajo amenaza o coacción puede ser abordada desde la ventana o forzada a abrir bajo intimidación, permitiendo al agresor accionar los seguros manualmente tras ejecutar el disparo y salir del automóvil.
A estos hallazgos se suman otros factores críticos que la investigación criminológica debe evaluar, tales como la ausencia de residuos de deflagración de pólvora mediante pruebas de bario y plomo en la mano derecha de la víctima, o la eventual presencia de microfibras u orden de las prendas que sugieran una sujeción previa.
Por consiguiente, la prisa institucional por catalogar la muerte como suicidio omite las incoherencias físicas del hecho. El análisis de la mecánica corporal, la posición del arma y las dinámicas de la escena apuntan con mayor solidez a la intervención de un tercero y a la posterior puesta en escena de la evidencia.
