Por. J. Jesús Lemus
Detrás de la violencia que azota la Tierra Caliente en Michoacán se encuentra un nombre que ha transitado de las sombras del juego de gallos a las cúpulas del crimen organizado y la política: Nicolás Sierra Santana, alias “El Gordo”, jefe máximo del cártel de Los Viagras y brazo armado y eje conductor del conglomerado criminal conocido como Cárteles Unidos.
Hoy, Nicolás Sierra Santana ya no solo es un prófugo de la justicia mexicana, se ha convertido en un objetivo de seguridad nacional para los Estados Unidos bajo una etiqueta de máxima peligrosidad. Se le busca por ser considerado como uno de los más peligrosos narcoterroristas mexicanos.
El Departamento del Tesoro y las agencias de seguridad de Estados Unidos modificaron drásticamente su estrategia contra el cártel de Los Viagras, clasificando a la organización y a sus líderes bajo designaciones reservadas para grupos terroristas globales, como [FTO] Organización Terrorista Extranjera.
Las razones de Washington para elevar a “El Gordo” Sierra Santana a este estatus se basan sus tácticas de terror utilizadas, como el uso sistemático de coches bomba, drones cargados con explosivos C4, ataques directos a instalaciones de la Fiscalía, masacres civiles y la quema de vehículos para asfixiar tramos carreteros completos superó la línea del narcotráfico tradicional.
Para el gobierno de Estados Unidos, estas no son disputas territoriales ordinarias, sino actos destinados a infundir terror en la población civil y desestabilizar el control territorial del Estado mexicano.
También se le ha catalogado como altamente peligroso por la imposición de cuotas, el secuestro y la extorsión masiva a la cadena agroindustrial del limón y el aguacate alteraron los mercados internacionales y los acuerdos comerciales del T-MEC, encareciendo los productos básicos mediante el cobro de “impuestos criminales”.
Los Viagras están identificados por agencias de inteligencia como los principales productores y distribuidores de drogas sintéticas en Michoacán. El control de laboratorios clandestinos de metanfetamina cristalina (crystal meth) y el tráfico a gran escala hacia la frontera norte son el motor financiero que sostiene su aparato militar.
El camaleón de Tierra Caliente
Para entender la impunidad de Nicolás Sierra Santana, es obligatorio revisar su pasado como supuesto “defensor del pueblo”. Durante el levantamiento de las Autodefensas en 2013 y 2014, los hermanos Sierra Santana astutamente se infiltraron en el movimiento legítimo de civiles armados.
El Gobierno Federal de la época, buscando pacificar la zona a través del comisionado Alfredo Castillo Cervantes, cometió el error de institucionalizar a estos líderes civiles sin depurarlos. Fue así como nació el Grupo G250, un cuerpo élite de la Fuerza Rural creado con aval del gobierno federal para cazar a los líderes de Los Caballeros Templarios.
A los integrantes de Los Viagras se les entregaron uniformes oficiales, vehículos y fusiles de asalto Galil -de uso exclusivo del Ejército-. Bajo el cobijo del Estado, “El Gordo” utilizó la estructura gubernamental para limpiar la zona de rivales y cimentar lo que hoy es su propio emporio criminal.
La supervivencia de Los Viagras no se explica sin la presunta red de protección política que ha tejido a lo largo de sucesivos gobiernos estatales en Michoacán, principalmente en los dos últimos sexenios, con los gobernadores Silvano Aureoles y Alfredo Ramírez Bedolla.
La relación con la administración del perredista Silvano Aureoles, fue de un pragmatismo brutal. En diversas ocasiones, el propio Nicolás Sierra Santana acusó públicamente a funcionarios del gobierno de Aureoles de pactar con el crimen y de utilizarlos para pacificar zonas a conveniencia.
Durante su sexenio, se denunció de forma reiterada la inacción policial frente a los bastiones de Los Viagras en Buenavista y Apatzingán. Hoy en día, Silvano Aureoles es prófugo de la justicia, contando con órdenes de aprehensión de la Fiscalía General de la República (FGR) por desvíos millonarios vinculados a la construcción de cuarteles policiales, un entramado financiero del cual el cártel presuntamente se vio beneficiado mediante la omisión de su persecución.
Aunque el actual mandatario de Morena, Alfredo Ramírez Bedolla, ha impulsado denuncias penales en contra de Aureoles y ha coordinado golpes mediáticos contra operadores secundarios de Los Viagras (como la reciente captura de Carlos Alejandro “El Botox”), la sombra de la tregua sigue planeando sobre la región.
Las ofensivas gubernamentales suelen ser selectivas, enfocadas en combatir al Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), lo que de forma indirecta le ha permitido a Los Viagras replegarse, mutar sus alianzas y continuar con el negocio de la extorsión al limón bajo una impunidad persistente.
