Monsiváis, AMLO y sus noches “deliciosas y divertidas”

Por. J. Jesús Lemus

La arena política y las redes sociales en el país se encuentran inmersas en una de las discusiones más encendidas de la temporada. Otra vez se sacude Morena. El epicentro del debate es el resurgimiento de una entrevista del fallecido cronista e intelectual Carlos Monsiváis, donde arremete con dureza quirúrgica y calificativos severos contra la figura de Andrés Manuel López Obrador (AMLO).

El impacto de estas declaraciones ha cimbrado los círculos simpatizantes de Morena, abriendo una confrontación directa sobre el legado histórico y los mitos de origen del movimiento.

El texto, rescatado y difundido ampliamente por el periodista Edmundo Cázares, retrata a un Monsiváis tajante y alejado del tono mesurado con el que habitualmente se le asociaba públicamente en sus últimos años respecto a la izquierda electoral.

En los fragmentos que se viralizaron a velocidad de vértigo, el autor de Amor perdido supuestamente define al tabasqueño de la siguiente manera:

A Andrés Manuel lo estimo mucho, pero la verdad ¡Está loco! Sufre desmedidos sueños de grandeza. Quiere llegar a ser un moderno Julio César o Nerón“.

La carga de la entrevista no se detiene en la crítica psicológica o política. El texto escaló a niveles personales al tocar fibras sumamente sensibles, como el trágico y conocido “accidente” de la juventud de López Obrador en el que asesinó a su propio hermano, vinculándolo de manera explícita a la narrativa del asilo que el escritor supuestamente le otorgó en su juventud.

Para entender por qué este informe sacude con tanta fuerza el tablero político actual, es necesario hacer hincapié en un factor clave: la amistad con Carlos Monsiváis fue un activo político que el propio López Obrador presumió y capitalizó durante décadas.

Para el tabasqueño, contar con el respaldo implícito o explícito de la máxima autoridad de la crónica y el pensamiento de izquierda en México era un certificado de autenticidad democrática y progresista. Presentarse como el continuador de las luchas que Monsiváis documentó en las plazas públicas le otorgaba un blindaje intelectual frente a sus críticos.

“Déjeme contarle que, hace algunos años, le di cobijo a Andrés Manuel López Obrador cuando llegó huyendo de Macuspana, Tabasco, a los 19 años de edad; había asesinado, accidentalmente, a su hermano. Lo tuve aquí en mi casa por espacio de 9 meses, pasé deliciosas y divertidas noches con él. ¡López Obrador, por dinero, era capaz de hacer lo que fuera!”

Que ahora el propio Monsiváis regrese desde el pasado, de forma póstuma, a retirarle esa legitimidad y tildarlo de “narcisista” con ambiciones cesaristas desmorona una parte fundamental de la narrativa histórica que sostiene a la llamada “Cuarta Transformación”.

Como era de esperarse ante un misil de este calibre mediático, las alarmas en el entorno oficialista y en las filas de Morena se encendieron de inmediato. Diversas voces, periodistas afines al movimiento y analistas en plataformas digitales han volcado sus esfuerzos en estructurar una defensa y desmentir de manera categórica la veracidad o el contexto de la publicación.

Los defensores del expresidente afirman que se trata de una fabricación o una pieza manipulada con dolo. Argumentan que el lenguaje utilizado en ciertos párrafos no corresponde al sofisticado estilo irónico de Monsiváis.

Los contraataques también se han dirigido hacia la intencionalidad del texto. Críticos de la oposición señalan que sectores de la ultraderecha han adoptado y difundido masivamente el fragmento no por rigor histórico, sino para reactivar mitos del pasado y lanzar ataques con tintes homofóbicos respecto a las “noches compartidas” que menciona la supuesta entrevista.

Desde la tribuna digital se insiste en que las encuestas de Morena y de la actual presidenta Claudia Sheinbaum se mantienen sólidas en aprobación, intentando catalogar el fenómeno como un “ruido artificial” orquestado desde el extranjero y por consultoras de la oposición.

Cualquiera que sea el veredicto final sobre la autenticidad total de la entrevista de Cázares, el golpe político ya está asestado. La memoria de Carlos Monsiváis —disputada hoy con fiereza por ambos bandos— vuelve a balancear las aguas de un partido que resiente que su andamiaje moral sea cuestionado por los mismos tótems intelectuales que alguna vez lo cobijaron. La moneda de la credibilidad sigue en el aire y el debate está lejos de enfriarse.

¡López Obrador, por dinero, era capaz de hacer lo que fuera!