Sheinbaum, el discurso de la simulación: la lengua P’urhépecha como adorno de Estado en Cherán

Por. Pedro Victoriano Cruz / Xiranhua Comunicaciones-Tzandhpequa

La reciente visita de la presidenta Claudia Sheinbaum a Cherán evidenció una dolorosa contradicción institucional. Mientras el p’urhépecha fungía como herramienta de identidad en la escenografía oficial, la omisión de traducción simultánea para los asistentes locales demostró que, para el gobierno, la cosmovisión indígena sigue siendo solo utilitaria.

LA ESCENOGRAFÍA DEL DISCURSO OFICIAL

En actos masivos dentro de comunidades originarias, el uso de lenguas indígenas en el templete se ha vuelto un guión obligatorio. Los logotipos, los saludos protocolarios y las frases de ocasión abundan en el diseño institucional. Sin embargo, cuando se trata de transmitir el mensaje completo, las políticas públicas y los compromisos gubernamentales, la realidad es distinta. La ausencia de un traductor o intérprete simultáneo para las y los asistentes que solo dominan su lengua materna no es un simple descuido logístico; es una exclusión deliberada.

LA VERDADERA INCLUSIÓN EXIGE VOZ, NO SOLO IMAGEN

Resulta paradójico que el Estado presuma una “reivindicación histórica” de los pueblos originarios, pero les niegue el derecho elemental de comprender el mensaje de sus propios gobernantes. Reducir la lengua p’urhépecha a un elemento estético en el templete, mientras se imparte un discurso monolingüe, convierte a los pueblos indígenas en espectadores pasivos de decisiones que impactan directamente su territorio y autonomía.

La verdadera autodeterminación de comunidades como Cherán no radica en ser mencionadas en un templete con tintes folclóricos, sino en la capacidad de acceder a la información pública en igualdad de condiciones. Este tipo de eventos evidencian una brecha enorme entre el discurso oficial y el respeto real.

EL SILENCIO COMO POLÍTICA

Para una comunidad que ha basado su fortaleza en la defensa de sus usos, costumbres y territorio, la falta de traducción es una afrenta directa a su dignidad. Si los planes de justicia y los presupuestos presentados se construyen “desde y para la comunidad”, el primer paso de respeto institucional es garantizar que el pueblo p’urhépecha entienda, cuestione y participe activamente en el diálogo. De lo contrario, la lengua materna se utiliza únicamente para adornar la imagen del poder, manteniendo a los pueblos originarios en la periferia de la vida política nacional.

EL HIMNO NACIONAL COMO SÍMBOLO CAPTURADO.

Que el himno nacional se haya interpretado en p’urhépecha es un elemento de alto valor simbólico, pero en este contexto opera como una captura cultural. El Estado utiliza la riqueza lingüística de la comunidad para dotarse de legitimidad y solemnidad patria, pero no devuelve la cortesía lingüística cuando le toca hablar al poder. El pueblo canta para el Estado en su propia lengua, pero el Estado le responde al pueblo en un idioma ajeno.

EL IDIOMA COMO UN ACTO PROTOCOLARIO Y COREOGRÁFICO.

Solo se tradujeron las presentaciones de las personalidades —incluida la presidenta— y que el himno nacional se entonó en lengua p’urhépecha no invalida la crítica; al contrario, la profundiza. Este uso fragmentado y selectivo de la lengua materna en el evento oficial refuerza el argumento central: el idioma indígena se utiliza como un acto protocolario y coreográfico, no como una herramienta real de comunicación y respeto hacia la comunidad

LA ASIMETRÍA DEL DIÁLOGO

Para el gobierno, la lengua p’urhépecha tiene un valor estético y ceremonial apto para la imagen del acto masivo, pero carece de valor operativo para el debate técnico, los compromisos públicos y el anuncio de programas sociales. Al final del día, restringir la traducción a lo ornamental mantiene la misma barrera: el poder sigue hablando desde el centro, y la periferia indígena solo es convocada para corear y aplaudir el protocolo.

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