¿Qué mensaje hay detrás de la foto de “El Chapo” Guzman y Tomás Zerón?

Por. J. Jesús Lemus

Ha comenzado a circular en redes sociales una fotografía de Joaquín “El Chapo” Guzmán luego de ser detenido por segunda ocasión, en el 2014. En la foto, se observa al jefe del Cártel de Sinaloa, siendo observado por el entonces titular de la AFI de la PGR, Tomás Zerón de Lucio.

La foto puede decir poco y puede decir mucho, pero de desde la técnica de la comunicación no verbal los mensajes son claros. El análisis de la conducta no verbal en imágenes fijas ofrece una ventana privilegiada hacia la dinámica de poder, el estado emocional y la autopercepción de los individuos capturados en un momento de alta tensión institucional o judicial.

En la fotografía analizada, donde figuran Joaquín “El Chapo” Guzmán a la izquierda y Tomás Zerón a la derecha, la disposición corporal, la orientación de la mirada y la distancia kinesiológica revelan una interacción cargada de significado, caracterizada por la asimetría de roles, la contención emocional y el marcado contraste en la gestión del estatus de autoridad.

El Chapo, en contención

Al enfocar el estudio en la figura de la izquierda, identificada como Joaquín “El Chapo” Guzmán, destaca de inmediato una postura orientada hacia la introspección y la reducción del espacio personal.

Su torso se encuentra levemente inclinado hacia adelante, con los hombros proyectados hacia abajo y las manos cruzadas en la parte baja del abdomen. En el lenguaje corporal, esta configuración de brazos y manos agrupados al frente funciona como una barrera de protección inconsciente ante un entorno percibido como adverso o restrictivo.

Acompañada de una mirada orientada hacia abajo y una expresión facial sobria y contraída, la gestualidad transmite una actitud de sumisión momentánea, autocontrol forzado y aceptación de la derrota o de la pérdida de control directo.

No obstante, lejos de reflejar una personalidad débil, este repliegue sugiere una capacidad adaptativa enfocada en la reserva, propia de quien calcula sus movimientos manteniendo un perfil bajo mientras evalúa la situación exterior.

Tomás Zerón, el dominante y expansivo

Por su parte, la figura de la derecha, correspondiente a Tomás Cerón, muestra una corporalidad diametralmente opuesta, dominada por la expansión y la supervisión. Invasor del espacio proxémico, amenazante y violento.

Su postura es erguida, con la mirada fija y dirigida lateralmente hacia la persona a su lado, en una clara actitud de escrutinio. La colocación de la mano sobre la cintura o en la parte posterior del cuerpo expone el torso de manera abierta, un gesto clásico de dominio territorial, autoconfianza, afirmación de la autoridad y sabedor de su impunidad.

La orientación de su cuerpo y la distancia que mantiene con respecto al sujeto observado proyectan una personalidad analítica, calculadora y orientada al control jerárquico. En su lenguaje kinesiológico no hay señales de duda o defensiva, sino una clara manifestación de superioridad institucional y vigilancia constante.

En el contexto específico en el que se enmarca la imagen, lo que cada una de estas personas representaba en ese instante trasciende el plano puramente visual para convertirse en una metáfora del enfrentamiento entre dos esferas del poder.

Joaquín “El Chapo” Guzmán encarna en ese momento la caída del poder fáctico e ilegal; su figura proyecta el peso del sometimiento ante el aparato estatal, la vulnerabilidad tras la pérdida de la operatividad clandestina y la contención a la que se ve sometido quien ha perdido la capacidad de mando inmediato.

En contraparte, Tomás Zerón representa el poder formal del Estado, la persecución legal y el ejercicio del control institucional sobre el individuo aprehendido. Su posición no solo denota la función de custodio e investigador, sino que simboliza la reafirmación del orden jurídico sobre la transgresión criminal.

Así, la composición no verbal de la imagen inmortaliza una asimetría clave: la del poder del Estado que observa y fiscaliza desde una posición de seguridad frente a la figura de la criminalidad que, reducida en espacio y actitud, se repliega y asume su estatus de sometimiento.