¿Quién es “El Abuelo” Farías y porque lo quiere la DEA?

Washington lo coloca en el epicentro de su ofensiva contra el narcotráfico internacional por su capacidad industrial en drogas sintéticas.El poder de “El Abuelo” no se limita a las rutas de exportación; se cimienta en un control territorial y social casi absoluto en el sur y occidente de Michoacán

Por. J. Jesús Lemus

Su nombre civil es Juan José Farías Álvarez, pero en el entramado criminal de México y en los despachos de seguridad en Washington se le conoce con un alias de peso: “El Abuelo”. Tras haber mutado de ganadero a líder del movimiento de autodefensas en 2013, Juan José Farías se consolidó como el jefe máximo del Cártel de Tepalcatepec y, posteriormente, como la mente estratégica detrás de Cárteles Unidos, una poderosa federación criminal nacida originalmente para frenar el avance del Cártel de Jalisco Nueva Generación (CJNG) en Michoacán.

La presión sobre “El Abuelo” dio un giro radical cuando el Departamento de Estado de EE.UU. catalogó formalmente a Cárteles Unidos como una Organización Terrorista Extranjera. Actualmente, el gobierno norteamericano ofrece una recompensa de hasta 10 millones de dólares por información que conduzca a su arresto o condena.

Washington lo coloca en el epicentro de su ofensiva contra el narcotráfico internacional por su capacidad industrial en drogas sintéticas. Las agencias estadounidenses señalan a “El Abuelo” como uno de los capos con mayor capacidad para la producción masiva de metanfetamina y fentanilo.

Aprovechando el control de laboratorios clandestinos ocultos en la abrupta geografía de la Tierra Caliente y la Sierra de Michoacán, su organización inunda el mercado norteamericano con sustancias sintéticas de alta pureza.

Más allá de las drogas sintéticas, los informes de inteligencia norteamericanos detallan que Cárteles Unidos mantiene alianzas internacionales, comprando cargamentos de cocaína directamente en Colombia para introducirlos a EE.UU. utilizando las mismas rutas de distribución transfronteriza.

El poder de “El Abuelo” no se limita a las rutas de exportación; se cimienta en un control territorial y social casi absoluto en el sur y occidente de Michoacán.

Cárteles Unidos ha suplantado las funciones gubernamentales en gran parte del estado de Michoacán, principalmente en la región de Tepalcatepec, manteniendo el control de los accesos viales a los municipios clave y la seguridad local mediante un ejército fuertemente armado.

Este dominio absoluto se traduce en una asfixia económica para las industrias más lucrativas del estado, particularmente el aguacate y el limón. Informes de organizaciones globales confirman que la red criminal liderada por Farías Álvarez extorsiona de manera sistemática toda la cadena de valor: desde los agricultores y empacadores hasta los transportistas.

Quien no paga la cuota impuesta por sus lugartenientes pierde la cosecha o la vida, lo que dota a la organización de un flujo multimillonario de dinero limpio que utilizan para comprar armamento táctico, contratar combatientes y corromper a las estructuras policiales locales y a funcionarios dentro del gobierno estatal.

A pesar de haber sido detenido en varias ocasiones por las fuerzas federales mexicanas en el pasado, “El Abuelo” siempre logró volver a las calles debido a la protección de bases sociales movilizadas en Tepalcatepec y a fallas en los debidos procesos judiciales.

Hoy, cercado por el blindaje de sus lealtades locales pero bajo la mira directa de una masiva recompensa millonaria de EE.UU., su figura representa uno de los desafíos de seguridad más complejos y volátiles de la frontera binacional.

La radiografía del Abuelo Farías

La trayectoria de Juan José Farías Álvarez, conocido como “El Abuelo”, es el vivo reflejo de cómo las fronteras entre la legalidad, el liderazgo social y el crimen organizado se diluyen en las zonas de conflicto de México. Su transición de un aparente ganadero local a un capo de perfil terrorista para los Estados Unidos abarca varias décadas de evolución criminal.

Juan José Farías Álvarez nació el 10 de agosto de 1970 en Tepalcatepec, Michoacán, en el seno de una familia sumamente numerosa, de 14 hermanos. Durante sus primeros años y su juventud, se integró a la vida económica de la Tierra Caliente michoacana.

Públicamente, se presentaba como agricultor y ganadero, comerciante y productor de quesos artesanales -una industria fuerte en la zona de Tepalcatepec-, y propietario de comercios locales, locales de renta y salones de fiestas, como el conocido “Salón Plaza” en su municipio natal.

A pesar de su fachada empresarial, los informes de la entonces Procuraduría General de la República (PGR) comenzaron a rastrearlo desde la década de los 2000. Los reportes de inteligencia militar lo señalaron originalmente como un operador local del Cártel del Milenio, la organización de los hermanos Valencia, que dominaba el tráfico de marihuana y las primeras rutas de metanfetamina en esa época.

En 2009, tuvo su primer tropiezo legal importante: fue detenido en Buenavista Tomatlán en posesión de armas de fuego de uso exclusivo del Ejército y sustancias ilícitas. Pasó un tiempo en prisión, pero recuperó su libertad poco después de forma casi imperceptible.

El punto de inflexión en su biografía pública ocurrió en febrero de 2013. Ante el yugo extorsivo del cártel de Los Caballeros Templarios, diversos pueblos de Michoacán se levantaron en armas bajo el movimiento de las “Autodefensas”.

Farías emergió de inmediato como el líder civil y comandante de las autodefensas en Tepalcatepec. Se codeó con figuras como el doctor José Manuel Mireles y el productor de limones Hipólito Mora.

Su legitimidad pareció consolidarse cuando el gobierno federal de la época, a través del comisionado Alfredo Castillo, pactó con estos grupos para legalizarlos temporalmente bajo la figura de la “Fuerza Rural”. En fotos de la época, “El Abuelo” llegó a aparecer públicamente en mesas de diálogo junto a altos mandos militares y ministeriales.

Sin embargo, agencias de inteligencia siempre sostuvieron que el financiamiento y el armamento de grueso calibre que usaban las autodefensas de Tepalcatepec provenían de un pacto secreto con un actor emergente que quería sacar a los Templarios de la jugada: Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho”, líder del Cártel de Jalisco Nueva Generación (CJNG).

El pacto con el CJNG se rompió drásticamente hacia 2018. Los motivos exactos varían según las crónicas policiales, se habla de deudas por decomisos o de ejecuciones no autorizadas, pero la consecuencia fue una guerra a muerte.

En mayo de 2018, la Secretaría de Marina (SEMAR) ejecutó un operativo quirúrgico y detuvo a “El Abuelo” en Tepalcatepec por supuestos vínculos con el crimen y portación de armas.

La captura desató bloqueos, quema de vehículos y una movilización masiva de pobladores que defendían a Farías argumentando que era “su protector”. Días después, un juez ordenó su liberación alegando violaciones e irregularidades en el debido proceso de su detención.

Al salir de prisión, y sabiendo que “El Mencho” lo quería muerto, fundó formalmente el Cártel de Tepalcatepec. Para sobrevivir a la maquinaria de guerra del CJNG, orquestó una alianza inédita con antiguos enemigos -los restos de Los Viagras, el Cártel de Los Reyes y facciones remanentes de la Familia Michoacana-, dando origen a Cárteles Unidos.

Bajo esta bandera, resistió múltiples intentos de asalto masivo del CJNG a su cabecera municipal mediante el uso de vehículos con blindaje artesanal, los llamados “monstruos”, drones con explosivos y trincheras en los límites de Michoacán y Jalisco.

Con el paso de los años, el aparato defensivo de Cárteles Unidos mutó por completo en una maquinaria delictiva autónoma. La organización no solo heredó los laboratorios de sintéticas de la región, sino que multiplicó exponencialmente la manufactura de fentanilo y metanfetamina.

En agosto de 2025, el Departamento de Estado y el Departamento del Tesoro de los EE. UU. colocaron el nombre de Juan José Farías Álvarez en la cima de sus prioridades globales de captura, ofreciendo 10 millones de dólares por él y catalogando a su federación como un grupo criminal de alta peligrosidad transnacional.

A sus 55 años, la biografía de “El Abuelo” se sigue escribiendo desde la clandestinidad en los intrincados caminos de Tepalcatepec. Sigue siendo un enigma criminal: para el gobierno estadounidense es un capo internacional de drogas sintéticas; para el gobierno federal mexicano, un objetivo prioritario; y para un sector de la población local de la Tierra Caliente, el hombre fuerte que evita que otra organización rival tome el control del territorio.