En Guerrero, con Beatriz Mojica como virtual candidata al Estado se fractura Morena

Por. J. Jesús Lemus

La dirigencia nacional de Morena oficializó la designación de la senadora Beatriz Mojica Morga como la nueva coordinadora de la Defensa de la Transformación en el estado de Guerrero, un paso que la posiciona formalmente en el primer plano de la contienda política y de la eventual sucesión institucional en la entidad.

La determinación, anunciada tras un proceso interno envuelto en tensión y hermetismo, confirma la hegemonía y la capacidad de operación política del senador Félix Salgado Macedonio en el territorio guerrerense, consolidando una narrativa de continuidad en la que el control real del poder público y electoral parece mantenerse bajo la misma directriz que ha marcado los últimos años de la política local.

El ascenso de Beatriz Mojica a la coordinación estatal resulta paradójico y revelador sobre las pragmáticas alianzas que definen el momento actual de la política regional. La nueva virtual lideresa del proyecto de la transformación en el estado no pertenece al núcleo histórico del lopezobradorismo ni se formó en las bases fundacionales del movimiento.

Su trayectoria política estuvo vinculada durante más de dos décadas al Partido de la Revolución Democrática, instituto del que fue militante destacada, diputada federal, secretaria de Desarrollo Social en el gobierno estatal y secretaria general del Comité Ejecutivo Nacional. En 2015, bajo las siglas del perredismo, compitió precisamente por la gubernatura en una contienda caracterizada por una severa confrontación retórica con los sectores que hoy encabeza el oficialismo.

Sin embargo, el devenir de la política local llevó a Mojica Morga a tejer una alianza estratégica con el grupo político de Félix Salgado Macedonio. Su integración formal al círculo de influencia del legislador fue paulatina pero sólida, consolidándose de manera definitiva durante la pasada contienda electoral, cuando compartieron la fórmula al Senado de la República.

A través de esa cercanía con la figura central del salgadismo, Mojica logró desplazar a perfiles con mayor antigüedad ideológica dentro de Morena. Para diversos analistas y actores de la vida pública local, la designación no representa una ruptura ni una renovación, sino la garantía de que Salgado Macedonio continuará ejerciendo un rol de mando decisivo desde la sombra, asegurando la permanencia del grupo que ha controlado las principales decisiones presupuestales, de gabinete y de estrategia electoral en la entidad.

Fractura dentro de las filas de Morena

Esta decisión provocó fracturas de consideración al interior de la estructura partidista y encendió los focos rojos sobre la estabilidad de la coalición gobernante en la entidad. La voz más crítica y contundente ha sido la de la alcaldesa de Acapulco, Abelina López Rodríguez, quien representaba a uno de los sectores con mayor arraigo territorial dentro del partido.

López Rodríguez denunció de manera abierta la falta de transparencia en la metodología del levantamiento de las encuestas organizadas por la dirigencia nacional, señalando que los resultados respondieron a un acuerdo cupular orientado a favorecer la perpetuación del grupo hegemónico.

La molestia de la alcaldesa de Acapulco no se limitó a un reclamo procedimental, sino que derivó en un diagnóstico severo sobre las perspectivas electorales de la organización gubernamental en el estado. Abelina López advirtió abiertamente que la imposición de un perfil ajeno a las bases y fuertemente ligado a un solo grupo de poder anticipa un escenario de derrota electoral para Morena en Guerrero.

Según la perspectiva de la edil y de los grupos que la respaldan, el descontento social generalizado, sumado a la apatía y el agravio de la militancia desplazada, romperá la cohesión interna indispensable para ganar las urnas en un estado históricamente convulso y caracterizado por una altísima volatilidad política. La pérdida del bastión de Acapulco o la división del voto en las zonas urbanas representan una amenaza real para la viabilidad del proyecto oficialista de cara a los próximos comicios.

Más allá de la disputa por las candidaturas y el control de las estructuras de partido, el panorama político de la entidad se encuentra completamente supeditado a una crisis social y de seguridad que no da tregua.

Tierra del narco

Guerrero atraviesa uno de los periodos más oscuros en cuanto a gobernabilidad, caracterizado por la proliferación y consolidación de grupos del crimen organizado que disputan el control del territorio, las rutas de trasiego, la extracción de recursos y la extorsión sistemática a comerciantes, transportistas y productores agrícolas.

Las regiones de la Tierra Caliente, la Costa Grande, la Costa Chica, la Montaña y la Zona Centro experimentan episodios de violencia cotidiana que han paralizado actividades económicas enteras y han desplazado de manera forzada a comunidades completas.

En este contexto de profunda descomposición social, la llegada de una figura directiva sin una lectura actualizada ni una vivencia directa del entramado comunitario genera serias dudas entre la ciudadanía. El desconocimiento del entorno social profundo, de la complejidad comunitaria y del tejido de alianzas delictivas que asfixian a las regiones representa un obstáculo crítico para quien aspire a conducir los destinos del estado.

La gestión de la crisis de inseguridad exige diagnósticos precisos y una capacidad de interlocución institucional de la cual la nueva coordinadora carece en este momento, al haber enfocado su carrera reciente principalmente en la gestión legislativa y la negociación cupular en la Ciudad de México. La brecha entre la agenda política de los grupos de poder y las demandas urgentes de paz y justicia de la población guerrerense amenaza con profundizar aún más la distancia entre los gobernantes y la sociedad civil.