¿Quién es el Tío Lako del CJNG, el que incendió Michoacán?

Por. J. Jesús Lemus

Heraclio Guerrero Martínez, conocido popularmente en las estructuras del narcotráfico como El Tio Lako, es un capo michoacano cuya trayectoria condensa la evolución y las constantes fracturas del crimen organizado en el occidente de México durante las últimas dos décadas.

Surgido del terreno rural michoacano, su figura se consolidó como la de un operador temido, hábil para la adaptación política dentro de la delincuencia y con un marcado dominio territorial que abarca el noroeste de Michoacán y las zonas colindantes con Jalisco y Guanajuato.

Los inicios de su carrera criminal se remontan a los tiempos de hegemonía de La Familia Michoacana, organización en la que comenzó a ganar peso operativo bajo el mando directo de Servando Gómez Martínez, alias La Tuta. Durante esta etapa, Guerrero Martínez aprendió la dinámica del control territorial basado en la combinación de violencia explícita, base social coercitiva y propaganda criminal.

Tras las disputas internas y el reagrupamiento del grupo criminal, pasó a formar parte activa de Los Caballeros Templarios, alineándose bajo la estructura que encabezaba Nazario Moreno González, El Chayo. En este periodo, El Tío Lako se perfiló como un cuadro clave para el control de la franja agrícola y logística del estado.

Su influencia creció de manera sustancial al asentar su dominio en la estratégica región del Bajío michoacano. Apoyándose en células locales fuertemente armadas, como la comandada por Esteban Barajas, sembró el terror en municipios como Tanhuato, Yurécuaro, Ecuandureo y Vista Hermosa.

Asimismo, en la zona limítrofe entre Michoacán y Guanajuato, estableció una alianza táctica con el mini cártel conocido como los Areneros del Bajío. Esta relación de negocios terminó en una sangrienta disputa territorial cuando Guerrero Martínez buscó absorber sus operaciones, lo que desencadenó una serie de ejecuciones y enfrentamientos que devastaron la economía regional.

Con la caída de los Templarios y el vertiginoso ascenso del Cártel Jalisco Nueva Generación, El Tío Lako reconfiguró nuevamente sus alianzas y se integró a las filas de la organización jalisciense. Su estatus dentro de este grupo alcanzó niveles de máxima jerarquía gracias a su estrecho vínculo personal con Nemesio Oseguera Cervantes, El Mencho, de quien se convirtió en compadre.

Esta cercanía no solo era política, sino también de sangre y lealtad operativa; de hecho, uno de los hijos de Heraclio Guerrero Martínez, Rubén Guerrero Valadez, perdió la vida abatido en el mismo operativo armado en el que fue neutralizado el propio líder del cártel.

Su peso operativo dentro del grupo criminal se vio reflejado en el violento despliegue que coordinó en Michoacán. Tras las detenciones de su hija y de su pareja sentimental por parte de fuerzas federales y estatales, Guerrero Martínez dio la orden de desatar una ola de terrorismo urbano que paralizó la entidad mediante la quema masiva de vehículos, el bloqueo de carreteras estratégicas y el ataque coordinado a comercios y gasolineras, demostrando su enorme poder de movilización armada.

Dentro de la estructura actual de la organización, la importancia de Heraclio Guerrero Martínez se mantiene en la cúspide. Diversos análisis de inteligencia lo posicionan como el segundo hombre de mayor confianza de Juan Carlos Valencia González, alias El Pelón o El 03, considerado uno de los principales sucesores de la cúpula directiva.

Por su experiencia militar acumulada durante décadas, su conocimiento detallado de las rutas del occidente del país y el respeto que infunde entre las tropas de sicarios, El Tío Lako sigue siendo un pilar fundamental para la cohesión y el sustento operativo del cártel Jalisco Nueva Generación en la región.