Por. J. Jesús Lemus
El expresidente Andrés Manuel López Obrador ha vuelto a sacudir el tablero político nacional e internacional. Rompiendo el estricto aislamiento que mantenía en su quinta de Palenque, Chiapas, el tabasqueño reapareció públicamente mediante una extensa y dura carta de tintes geopolíticos.
El objetivo central de la carta es fustigar la reciente presión de la Casa Blanca sobre el gobierno mexicano por los señalamientos contra presuntos “narco-funcionarios” y tejer un blindaje político absoluto en torno a su sucesora, la presidenta Claudia Sheinbaum.
La misiva, fechada el 3 de junio de 2026, marca el fin de su exilio mediático en un momento de altísima tensión bilateral, en donde se urde la tesis del complot electoral y se planea el rechazo, tan trillado, del intervencionismo.
López Obrador calificó las investigaciones y reclamos del gobierno estadounidense —que en semanas recientes han puesto la mira en gobernadores y altos perfiles de la llamada Cuarta Transformación bajo sospechas de vínculos con el crimen organizado— como una “embestida con prácticas intervencionistas y nada escrupulosas de siempre”.
El exmandatario aseguró que Washington no actúa por una preocupación legítima frente a flagelos como el tráfico de fentanilo o el contrabando de combustibles, sino por puro cálculo político.
Acusó directamente a funcionarios de EE.UU. de “tramar” el debilitamiento del partido en el poder para fortalecer a la oposición de derecha.Aseguró que el fin último del vecino del norte es volver a contar con un gobierno mexicano “subordinado y fiel a sus designios”.
“Es claro que estos ataques no son motivados… por un interés genuino de resolver el grave problema que lamentablemente sufren los estadounidenses… se trata de un asunto de carácter político y electoral”, sentenció en el texto.
El punto más destacado y contundente es la línea de defensa que trazó en favor de la presidente de la República. López Obrador respaldó “sin condiciones” la estrategia de Sheinbaum frente a las presiones norteamericanas, aplaudiendo la “prudencia y responsabilidad” con la que ha conducido la relación bilateral.
Al alinear su discurso con el de la mandataria, el expresidente buscó enviar una señal de unidad monolítica dentro del movimiento: no hay fisuras entre Palenque y Palacio Nacional. Cumplió de esta forma con la máxima que él mismo había impuesto al retirarse: que solo volvería a levantar la voz si la soberanía nacional o la figura de la Presidenta se veían amenazadas por fuerzas externas.
En un giro retórico que ha causado desconcierto en diversos sectores, la carta va dirigida y apela directamente al presidente estadounidense, Donald Trump. López Obrador revivió momentos de su propio sexenio para contrastar el escenario actual con el pasado, mencionando episodios como el TLCAN, la crisis del COVID-19 y, muy significativamente, la liberación del general Salvador Cienfuegos, sugiriendo que antes existía un respeto mutuo que hoy se ha extraviado.
Hacia el cierre del documento, el tabasqueño sugirió que el mandatario norteamericano está siendo mal aconsejado por perfiles radicales y remató con una frase que ya se volvió viral en las mesas de debate: “Por el bien de todos, que regrese el otro Trump”.
La reaparición de AMLO busca quitarle presión de los hombros a Sheinbaum frente a las filtraciones de las agencias de seguridad estadounidenses y fijar la narrativa oficial de que cualquier acusación de “narcopolítica” contra el régimen actual es, en realidad, un intento de golpe blando orquestado desde el extranjero. La moneda está en el aire y la respuesta de Washington dictará el siguiente capítulo de esta tensa relación.
