La Tuta, fundador de Los Caballeros Templarios, quiere ser testigo en EUA

Servando Gómez Martínez, alias “La Tuta”, para ser testigo protegido: Ofrece datos sobre “El Abuelo”, Los  Viagra y Carlos Manzo

Por. J. Jesús Lemus/Corresponsalías Nacionales/Grupo Sol Corporativo

Desde Estados Unidos llegan noticias trascendentes de Servando Gómez Martínez, conocido en las crónicas periodísticas y criminales bajo el alias de La Tuta, quien representa uno de los capítulos de mayor densidad política y operativa en el devenir del narcotráfico contemporáneo en el estado de Michoacán.

Quien durante casi un decenio funcionó como el rostro más visible, el vocero mediático, el ideólogo de matices místico-religiosos y el mando operativo de la organización conocida como Los Caballeros Templarios, se halla hoy confinado en la infraestructura penitenciaria del Centro de Detención Metropolitano de Brooklyn, una prisión federal de máxima seguridad emplazada en la geografía urbana de Nueva York, en Estados Unidos.

Tras haber agotado sus recursos legales contra la extradición e ingresar a este severo centro de reclusión, el maestro y capo michoacano ha decidido entablar negociaciones formales de colaboración con el Departamento de Justicia de Estados Unidos a través de la Agencia de Administración de Control de Drogas, conocida ampliamente por sus siglas en inglés como la DEA, así como con la inteligencia mexicana mediante los agentes del Centro Nacional de Inteligencia (CNI).

Lo dobla su estado de salud

La colaboración de la Tuta con la DEA y el CNI no obedece a un proceso voluntario de arrepentimiento o a un distanciamiento ideológico con las dinámicas de la delincuencia organizada, sino más bien a una estrategia pragmática dictada por su estado de salud. Servando Gómez Martínez padece una patología pancreática crónica en fase avanzada que ha mermado de manera irreversible sus funciones metabólicas y vitales.

El entorno penitenciario de la cárcel federal de Brooklyn, caracterizado por un estricto aislamiento y limitaciones estructurales para la provisión de tratamientos de alta complejidad, ha acelerado el deterioro de su condición física.

Bajo la figura jurídica de la cooperación penal voluntaria, el exlíder criminal busca negociar una permuta que le permita ser trasladado a un penal federal estadounidense que disponga de instalaciones hospitalarias de calidad técnica y atención médica continua para sobrellevar la fase paliativa de su padecimiento, utilizando para ello el activo más valioso que posee: la memoria histórica y la información logística de las redes delictivas en el occidente mexicano.

La sustancia del acuerdo de colaboración con el gobierno de Estados Unidos descansa en la entrega de inteligencia táctica y financiera destinada a lograr el desmantelamiento operativo de dos agrupaciones que han dominado el espectro criminal en Michoacán durante los últimos años: la coalición heterogénea denominada Cárteles Unidos y la estructura armada conocida como Los Viagra.

El valor del testimonio que Gómez Martínez aporta ante los fiscales federales en Nueva York estriba en su conocimiento de primera mano sobre las dinámicas de origen, los métodos de financiamiento y la red de vínculos que unifican a ambas facciones.

Para la administración estadounidense, el interés central sobre esta zona geográfica no radica únicamente en el trasiego tradicional de estupefacientes, sino en la conversión de la zona de la Tierra Caliente en un complejo de producción masiva de drogas sintéticas, principalmente metanfetaminas y el fentanilo que abastece los mercados de consumo en América del Norte.

Conoce al dedillo al Abuelo Farías y al Gordo Sierra

El componente más complejo de esta colaboración radica en la exposición que La Tuta realiza sobre las figuras que comandan dichos grupos, quienes en etapas anteriores del conflicto michoacano actuaron como sus subordinados, socios comerciales o interlocutores en las organizaciones de producción y distribución de drogas sintéticas.

Entre estos liderazgos destacan Juan José Farías Álvarez, apodado El Abuelo, cabecilla histórico del grupo asentado en el municipio de Tepalcatepec y arquitecto de la alianza de Cárteles Unidos, así como Nicolás Sierra Santana, identificado en los expedientes judiciales como El Gordo o El Coruco, máximo jefe al mando del brazo armado de Los Viagra.

Sobre ambos personajes pesan órdenes de aprehensión dictadas por cortes federales en Estados Unidos e investigaciones del Departamento del Tesoro, ofreciéndose recompensas de escala millonaria por información que conduzca a su captura, dado que son considerados los mayores procesadores e introductores de precursores químicos y narcóticos sintéticos en el mercado internacional.

Para ponderar de manera objetiva el alcance de la información que La Tuta entrega a los fiscales norteamericanos y a la agencia antidrogas, resulta indispensable reconstruir la trayectoria de los hombres que hoy encabezan el crimen organizado en Michoacán.

Juan José Farías Álvarez, El Abuelo, ha sido durante más de dos décadas una constante en la vida criminal del valle de Tepalcatepec. En sus inicios operó como un enlace clave para el Cártel del Golfo y su incipiente brazo armado, Los Zetas, cuando estos desembarcaron en territorio michoacano a principios de los años doscientos.

Posteriormente, tras la fractura que dio nacimiento a La Familia Michoacana y más tarde a Los Caballeros Templarios bajo la batuta de Servando Gómez Martínez y Nazario Moreno González, El Chayo, El Abuelo adaptó su posición para mantener el control territorial de la frontera entre Michoacán y Jalisco.

Por su parte, Nicolás Sierra Santana y la dinastía de los hermanos Sierra Santana que integran Los Viagra emergieron comercialmente como el brazo ejecutor y cobrador de Los Caballeros Templarios en las comarcas de Apatzingán, Buenavista y Huetamo. Durante los años de mayor hegemonía templaria, Los Viagra operaron bajo las directrices del propio Servando Gómez Martínez, ejecutando tareas de control social, cobro de piso a la industria citrícola y resguardo de laboratorios clandestinos instalados en las zonas serranas.

La relación sufriros transformaciones profundas a partir del año 2013, cuando el estallido social de los grupos de autodefensa comunitaria alteró las jerarquías de la delincuencia organizada regional. En aquel escenario, tanto El Abuelo Farías desde Tepalcatepec como Los Viagra en la zona central de la Tierra Caliente se despojaron de sus antiguos nexos con La Tuta, vistieron la indumentaria de los movimientos comunitarios de autodefensa y se aliaron con las fuerzas federales de la época para desarticular a Los Caballeros Templarios.

Una vez consumada la caída, captura y neutralización de la cúpula templaria —culminada precisamente con la detención de Servando Gómez Martínez en Morelia en el año 2015—, estas estructuras armadas mantuvieron las armas, absorbieron el control de los laboratorios y mutaron institucionalmente.

Los Viagra pasaron de ser una célula armada local a conformar un cártel de dimensión regional, mientras que El Abuelo Farías articuló a diversas familias criminales del estado bajo el sello de Cárteles Unidos para contener la incursión violenta del Cártel Jalisco Nueva Generación.

Hoy en día, la colaboración de La Tuta busca entregar a las agencias internacionales la cartografía detallada de los códigos de comunicación, las cuentas bancarias de fachada, la identidad de los proveedores chinos de precursores químicos y los puntos de cruce fronterizo que heredaron y perfeccionaron sus antiguos socios.

También canta el corrido de Carlos Manzo

En paralelo al frente procesal abierto en la justicia estadounidense, la figura de Servando Gómez Martínez ha cobrado una vigencia crítica dentro de las investigaciones de inteligencia que se desenvuelven en territorio mexicano.

Agentes asignados al Centro Nacional de Inteligencia han entablado sesiones de interrogatorio formal con el recluso en Nueva York, con el objetivo primordial de obtener información histórica que permita dar luz al entramado político, territorial y criminal que derivó en el asesinato de Carlos Manzo Rodríguez, quien se desempeñaba como presidente municipal de Uruapan cuando fue objeto de un atentado mortal durante las celebraciones tradicionales del Día de Muertos en noviembre de 2025.

El caso de Carlos Manzo se convirtió en un hito de honda repercusión institucional en el país. El alcalde había alcanzado la posición edilicia en Uruapan a través de un proyecto de candidatura independiente, caracterizado por un discurso de confrontación abierta contra la violencia criminal y la denuncia sistemática de la red de extorsión que asfixia a la producción, empaque y exportación de aguacate y limón en el segundo municipio en importancia económica del estado.

Manzo señaló repetidamente en el debate público que la estructura municipal y los cuerpos de seguridad locales continuaban permeados por antiguos mandos y operadores que habían prestado sus servicios desde la época de gloria de Los Caballeros Templarios y que, tras la fragmentación del grupo, fueron cooptados por Cárteles Unidos y Los Viagra para administrar el cobro de cuotas a los empresarios agrícolas.

Las indagatorias que el CNI realiza mediante los cuestionamientos a La Tuta buscan esclarecer los pactos institucionales preexistentes, la nómina de autoridades locales que permanecieron en activo a lo largo de las distintas administraciones y los acuerdos de protección política que se fraguaron cuando el capo dominaba la entidad.

Los analistas del gobierno mexicano parten de la premisa de que los autores intelectuales y ejecutores del asesinato de Carlos Manzo se sirvieron de la infraestructura de colusión política y policial que fue diseñada originalmente por la cúpula de Los Caballeros Templarios. Al aportar nombres, fechas, registros y modos de operación del pasado, el testimonio de Gómez Martínez busca desmantelar la idea de que Carlos Manzo era un protomártir de la democracia y que más bien era parte de los remanentes institucionales que dejó la cobertura operativa de los grupos criminales que dominan la plaza de Uruapan.

Estados Unidos con mucho interés en Michoacán

El trasfondo estratégico de la intervención de las agencias de procuración de justicia de Estados Unidos en el estado de Michoacán responde a un reclamo directo por razones de seguridad nacional e impacto en la salud pública.

La región que comprende desde la franja costera del Puerto de Lázaro Cárdenas hasta los valles de la Tierra Caliente constituye una vía prioritaria para el tráfico global de estupefacientes. Lázaro Cárdenas es identificado por las agencias internacionales como uno de los principales puntos de entrada en el continente americano para los embarques de sustancias y precursores químicos provenientes de los mercados asiáticos.

Tanto Los Viagra como la confederación de Cárteles Unidos han establecido una infraestructura industrial para el procesamiento de drogas sintéticas en laboratorios clandestinos ocultos en las zonas de difícil acceso geográfico. Las investigaciones de la DEA ubican a Nicolás Sierra Santana y a Juan José Farías como actores centrales en la cadena que transforma estos insumos químicos en toneladas de metanfetamina pura y en pastillas de fentanilo comprimido destinadas a la distribución masiva en las principales metrópolis estadounidenses.

Por ello, el Departamento de Estado mantiene recompensas históricas y mantiene activas peticiones formales de extradición por cargos de conspiración internacional para el tráfico de drogas y lavado de dinero.

En este complejo tablero de ajedrez criminal, político y judicial, Servando Gómez Martínez representa el testimonio final de una era. Afectado por el deterioro físico irreversible de su páncreas y recluido en el rigor del penal federal de Brooklyn, el hombre que un día dictó la vida pública y económica de Michoacán utiliza el último recurso a su alcance: transformar la memoria de sus pactos, negocios y traiciones en la moneda de cambio necesaria para obtener un traslado penitenciario a una celda hospitalaria en sus años finales.