Por. J. Jesús Lemus
En una metamorfosis histórica y controvertida, la Secretaría de la Defensa Nacional (SEDENA) ha dejado de ser exclusivamente el brazo armado encargado de la seguridad nacional para convertirse en uno de los corporativos empresariales más diversificados y poderosos del país.
Lo que comenzó en el sexenio de Andrés Manuel López Obrador como una asignación de obras públicas civiles ha evolucionado, bajo la administración de Claudia Sheinbaum, en la consolidación de un monopolio estatal operado por militares que controla transportes, turismo y, de forma más reciente, el mercado minorista de alimentos y bebidas.
La introducción en el mercado de la Cerveza Tren Maya ha expuesto las contradicciones de este modelo: un cuerpo militar compitiendo directamente en el sector comercial civil con recursos públicos, detonando acusaciones de competencia desleal por parte de la iniciativa privada local.
La estructura de negocios del ejército se articula principalmente a través de un holding (o una sociedad de control) militar paraestatal. Aunque originalmente constituido como GAFSACOMM (Grupo Aeroportuario, Ferroviario, de Servicios Auxiliares y Conexos, Olmeca-Maya-Mexica), la SEDENA renombró esta corporación para fines de posicionamiento comercial como Grupo Mundo Maya.
El aparato corporativo verde olivo está integrado por cuatro vertientes empresariales principales que operan de forma independiente o bajo este holding: el Tren Maya, la Red de Aeropuertos Civiles, la División Hotelera y Turística y la •División Automotriz y Minorista.
El Tren Maya, es elmegaproyecto ferroviario de más de 1,500 kilómetros que abarca el sureste del país. Registra un costo acumulado superior a los 500 mil millones de pesos, y a la fecha sigue registrando pérdidas económicas, la que se estima que comiencen a disminuir entre 12 a 16 años de operación.
La Red de Aeropuertos Civiles: El ejército opera de forma directa e integral 12 aeropuertos internacionales y nacionales a lo largo del país. Entre ellos destacan terminales estratégicas como el Aeropuerto de Tulum o Felipe Carrillo Puerto, Chetumal, Palenque, Puebla, Nuevo Laredo y Uruapan.
Mediante la División Hotelera y Turística se controlan 6 hoteles de gran escala en construcción o funciones a lo largo de la ruta ferroviaria, además de 3 parques recreativos y 2 museos.
Con la División Automotriz y Minorista, servicios de Combustibles y Cerveza, además de comercializar combustibles —que disparó sus ingresos reportados un 109%—, el ejército incursionó en el mercado del consumo con el lanzamiento de la Cerveza Tren Maya, en variedades clara, ámbar y oscura. La producción de esta bebida es subcontratada a una firma yucateca, pero la marca, distribución y ganancia de venta en sus vagones restaurante Janal y sus complejos hoteleros, quedan bajo dominio militar.
La Aerolínea del Estado Mexicano, antes Mexicana de Aviación, es mantenida de forma autónoma por la administración federal tras revertirse sus planes de fusión con el holding principal, pero operada y administrada en su totalidad bajo el mando directo de la SEDENA.
El Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles (AIFA) es una sociedad constituida como una empresa paraestatal independiente, pero bajo control accionario y operativo del Ejército Mexicano.
La Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos establece límites estrictos en su Artículo 129, señalando que, en tiempo de paz, ninguna autoridad militar puede ejercer más funciones que las que tengan exacta conexión con la disciplina militar.
El desplazamiento del sector privado ha encendido las alarmas de cámaras empresariales en el sureste. La estrategia militar apuesta por un ecosistema cerrado de integración vertical: el turista viaja en la aerolínea militar, aterriza en el aeropuerto militar, se transporta en el tren militar, se hospeda en el hotel militar, come en el restaurante militar y consume la cerveza de la corporación castrense.
Al retener al visitante dentro de su propio circuito comercial, se asfixia la derrama económica hacia las pequeñas y medianas empresas (PyMEs) tradicionales de la península, como los hoteles locales, transportistas, artesanos y guías de turistas independientes, quienes no pueden competir contra la infraestructura y subsidios del Estado.
El empoderamiento económico de las Fuerzas Armadas comenzó bajo la justificación de “blindar” los proyectos de la corrupción y asegurar la soberanía nacional. Sin embargo, la transición a la administración de Claudia Sheinbaum ha mantenido y expandido estas concesiones empresariales bajo la misma lógica de inversión pública centralizada.
El gran dilema financiero de estas empresas radica en su viabilidad. La inmensa mayoría de las operaciones comerciales de la SEDENA operan bajo pérdidas económicas críticas, manteniéndose a flote a través de transferencias del erario público.
Las empresas militares requieren subsidios millonarios anuales para costear su operación regular. Aproximadamente el 92.7% de los subsidios gubernamentales dirigidos a las firmas de la SEDENA se inyectan directamente en la operación del Tren Maya para mitigar su falta de rentabilidad financiera.
Mientras la tropa continúa desplegada en tareas de seguridad pública y combate al crimen organizado en zonas críticas del país, un grupo selecto de la cúpula militar —encabezado por generales asignados a direcciones generales, consejos de administración y jefaturas de compras del corporativo paraestatal— administra presupuestos históricos sin los mismos controles de transparencia aplicados a dependencias civiles. El modelo ha generado un esquema donde los riesgos financieros son socializados a través de los impuestos de la ciudadanía, mientras que el control logístico, político y económico se concentra de forma hermética en el estamento militar.
