México, el epicentro de las drogas sintéticas en América Latina; Chapos y CJNG, primeros productores de Fentanilo

Por. J. Jesús Lemus

Informes recientes de las agencias de inteligencia, encabezados por la Administración de Control de Drogas de Estados Unidos (DEA), confirman un viraje histórico y alarmante en el mapa del narcotráfico global: México se ha consolidado como el principal productor de drogas sintéticas en América Latina, liderando la manufactura de sustancias letales, con el fentanilo a la cabeza.

Este fenómeno no solo representa una crisis de seguridad binacional, sino que está transformándose aceleradamente en una emergencia de salud pública dentro de las propias fronteras mexicanas.

La producción a gran escala de estas sustancias ya no depende de estructuras fragmentadas, sino de una infraestructura de nivel industrial controlada por los dos mayores monopolios criminales del país, Los Chapos del Cártel de Sinaloa y el Cartel Jalisco Nueva Generación.

Los Chapos del Cártel de Sinaloa, se reconocen por ser también los pioneros en la transición de la amapola a los químicos sintéticos. Han perfeccionado redes de suministro masivo para importar precursores químicos desde Asia, principalmente China e India, para poner en marcha los laboratorios, que operan industrialmente en la zona de la sierra del Triángulo Dorado.

Por su parte, el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), se sabe que utiliza su dominio en los puertos del Pacífico, principalmente en los de Manzanillo y Lázaro Cárdenas, para recibir cargamentos químicos y operar laboratorios clandestinos de alta capacidad tecnológica, que se extienden en las zonas serranas de Sinaloa, Nayarit, Jalisco y Michoacán.

Tanto la DEA como organismos internacionales, de seguimiento a las drogas desde la ONU, señalan que ambas organizaciones, las de Los Chapos y del Jalisco, operan de forma corporativa, reduciendo al mínimo los costos de producción y maximizando el potencial destructivo de sus mercancías.

De acuerdo con estimaciones de inteligencia criminal, los laboratorios clandestinos —u “laboratorios industriales” ocultos en las zonas serranas y áreas urbanas del país— producen un promedio de 2 toneladas de fentanilo puro al mes, el que más del 90 por ciento es para su consumo en los mercados de Estados Unidos.

El fentanilo es un opioide sintético hasta 50 veces más adictivo que la heroína y 100 veces más que la morfina. Una dosis de apenas 2 miligramos puede resultar letal para un adulto. Dos toneladas mensuales equivalen técnicamente a miles de millones de dosis potenciales.

Originalmente, el fentanilo mexicano se diseñó como un producto exclusivo de exportación debido a los altos márgenes de ganancia en dólares. Sin embargo, el panorama de distribución ha cambiado: el mercado estadunidense sigue siendo el principal destino, donde el fentanilo mezclado con otras drogas provoca la mayor crisis de sobredosis de su historia.

El fentanilo ya no solo “va de paso”. Se utiliza activamente para adulterar drogas locales (como la heroína o el cristal) con el fin de abaratar costos y aumentar la adicción de los consumidores locales. Incluso, en el mercado de las adicciones mexicano ya se ha comenzado a consumir en forma directa y pura.

El dato más preocupante del informe es el fin del mito de que “en México no se consume” el Fentanilo. Aunque los niveles siguen estando por debajo de los de Estados Unidos, los centros de salud mental y adicciones en el país reportan un incremento sostenido en las solicitudes de tratamiento por consumo de fentanilo ilícito.

Esta problemática golpea con especial dureza a las ciudades fronterizas del norte, como Tijuana, Mexicali, San Luis Río Colorado y Ciudad Juárez, donde los metabolitos de la sustancia ya son detectados de forma regular en análisis de aguas residuales y morgues locales.

El fentanilo ha dejado de ser solo un problema de seguridad nacional para convertirse en una epidemia silenciosa en territorio mexicano.