Las balas que silenciaron una transmisión de festejo; atacan a periodista en Chiapas y el gremio se moviliza

Por. Luz del Alba Belasko

Marcos Ramos no alcanzó a cerrar el streaming. Minutos antes de las 22:00 horas del martes, el periodista y director del portal Real Cintalapa había terminado de cubrir la euforia por el triunfo de México sobre Ecuador en el Parque Central de su municipio. Cientos de personas abarrotaban las calles. Ramos guardó su celular, tomó su mochila y emprendió el camino de regreso a casa. Nadie sabe exactamente quién lo esperaba en la oscuridad, pero el ataque fue certero: cuatro impactos de bala perforaron su cuerpo por la espalda.

El silencio que siguió a las detonaciones no solo enlutó a Cintalapa, sino que encendió las alertas en todo el gremio periodístico de Chiapas. A diferencia de lo informado inicialmente, el estado de Ramos es grave. Fuentes del hospital público donde permanece internado confirmaron a esta corresponsal que, aunque lograron estabilizarlo tras una cirugía de emergencia, los proyectiles ocasionaron daños en órganos vitales y su pronóstico sigue siendo reservado. Permanece en el área de cuidados intensivos, bajo estricta vigilancia médica.

La herida de bala no es el único rastro que dejó el atentado. En el lugar del ataque, ubicado sobre la calle 8ª Poniente, peritos encontraron al menos tres casquillos percutidos de calibre 9 milímetros, un tipo de arma de uso común en los grupos de la delincuencia organizada que operan en la región de la Frailesca. Ramos, con más de 20 años de trayectoria, había documentado en reiteradas ocasiones las disputas territoriales en esa zona, considerada un foco rojo por la presencia de células criminales ligadas al narcotráfico y el cobro de piso.

Este miércoles, la respuesta del gremio fue contundente. A las 10:00 de la mañana, una veintena de reporteros, fotógrafos y conductores se apostaron frente al Congreso del Estado en Tuxtla Gutiérrez. No portaban lonas institucionales, sino carteles hechos a mano con una sola consigna: “Ya no somos blanco fácil”.

Gaspar Romero, miembro del Foro de Periodistas Chiapanecos, alzó la voz frente a los legisladores: “Marcos no fue asaltado, fue ejecutado. Le dispararon por la espalda cuando hacía su trabajo. Esto no es un hecho aislado, es una advertencia para todos los que informamos en territorios donde el Estado ha cedido el control a los criminales”.

El reclamo no se detuvo en la agresión física. Javier Opón, representante del Sindicato Nacional de Redactores, puso sobre la mesa un dato incómodo para las autoridades: “Hace apenas dos semanas, el periodista Alberto Chamé fue golpeado salvajemente por un maestro de la Sección 7 de la CNTE. Tenemos las imágenes, los testimonios y los denunciantes. Hasta ahora, no hay un solo detenido, ni siquiera una disculpa pública. ¿Qué garantías tenemos de que el caso de Marcos no quedará en el cajón de una fiscalía?”.

El silencio oficial de la Fiscalía General del Estado ha sido, hasta este momento, absoluto. Mientras los periodistas exigen una mesa de seguridad inmediata y la creación de un mecanismo de protección para la familia de Ramos –quien también ha recibido amenazas en redes sociales–, en Cintalapa las calles vuelven a la normalidad. La fiesta por el triunfo futbolístico se ha apagado. En su lugar, quedan las preguntas ¿quién disparó contra un hombre que solo transmitía alegría? ¿Y por qué, en pleno 2026, ejercer el periodismo en Chiapas sigue siendo un acto de resistencia?