Cinco razones para entender la relación del Narco con los Influencers

Por. J. Jesús Lemus

La violencia contra las figuras públicas en el entorno digital, los influencer, ha dejado de ser un fenómeno aislado para convertirse en un síntoma directo de la reconfiguración del crimen organizado.

Las plataformas de redes sociales, lejos de mantenerse como meros espacios de entretenimiento o emprendimiento personal, se han integrado a la estructura operativa de los carteles.

En la intersección entre el algoritmo y el narcotráfico, el influencer ya no es solo un espectador de la narcocultura, sino un actor multifuncional que cumple tareas financieras, de comunicación, de reclutamiento y de propaganda.

La hipótesis central de este fenómeno indica que los creadores de contenido digital vinculados a entornos criminales han dejado de ser activos publicitarios prescindibles para convertirse en objetivos militares y operativos directos.

Al asumir funciones de infraestructura dentro de las organizaciones criminales, la vulnerabilidad del influencer se equipara a la de cualquier operador de campo.

Por ello, la reciente ola de ejecuciones no representa una agresión a la libertad de expresión, es más bien el cobro de facturas y la purga sistemática de activos comunicacionales y financieros en medio de disputas territoriales o fracturas internas de los carteles.

Para comprender el origen de esta violencia es necesario desglosar los mecanismos a través de los cuales el crimen organizado ha instrumentalizado a las figuras digitales.

Lavadores de dinero

En primer lugar, destaca el uso de los perfiles digitales como vehículos de blanqueo de capitales. Las cuentas de monetización, los ingresos por patrocinios simulados y la venta de productos de marcas propias permiten canalizar fondos de origen ilícito hacia el sistema bancario legal.

Mediante la superposición de ingresos provenientes de plataformas, rifas en línea, envíos de superchats y esquemas de comercio electrónico, los carteles logran inyectar efectivo en las cuentas de los influencers.

Esta dinámica convierte las billeteras digitales y los contratos publicitarios en una fachada de aparente éxito comercial que enmascara operaciones financieras complejas.

Voceros sociales del narco

El segundo pilar es la construcción de base social y la vocería informal. Las organizaciones delictivas requieren legitimidad en los territorios que controlan.

Los influencers que muestran actos de filantropía local, repartos de dinero, regalos en fechas festivas o apoyos comunitarios financiados por los grupos armados actúan como voceros que suavizan la percepción pública del cartel.

Al presentar al líder criminal como un benefactor popular, el creador de contenido genera un escudo protector de simpatía comunitaria que dificulta las labores de inteligencia de las autoridades y complica las incursiones de grupos rivales.

El narco aspiracional

En tercer lugar opera la publicidad implícita que blanquea la cara de los narcotraficantes. Mediante la colocación orgánica de logotipos, marcas de ropa, corridos de fondo, modismos y símbolos asociados a facciones específicas, los creadores norman y vuelven aspiracional la iconografía del crimen.

Esta propaganda sutil despoja al narcotráfico de su carga de violencia real, presentándolo como un catálogo de estatus y prestigio. El impacto comunicativo de un video corto con millones de vistas alcanza una penetración popular que los medios tradicionales jamás podrían otorgar al crimen.

Se venden como periodistas

Asimismo, existe una vertiente en la que el influencer ofrece servicios directos de cobertura informativa y propaganda a la carta para los carteles. En situaciones de enfrentamientos, operativos policiales o disputas entre facciones, estas figuras actúan como amplificadores de las narrativas del grupo al que sirven.

Utilizan su alcance para filtrar mensajes dirigidos a la competencia, difundir amenazas a rivales o desinformar a la población sobre los acontecimientos en zonas de conflicto. En la práctica, se desempeñan como departamentos de comunicación social al servicio de estructuras ilegales.

La Dolce Vita del Narco

Por último, se encuentra el arrendamiento de la imagen pública para difundir la llamada dulce vida del narco. La exhibición constante de vehículos de alta gama, armas de diseño, viajes exclusivos, fajos de dinero y animales exóticos construye un relato aspiracional para audiencias jóvenes.

Esta estética del consumo desmedido funciona como un canal de reclutamiento pasivo que presenta la integración a la delincuencia no como un riesgo mortal, sino como el único camino rápido hacia el éxito social y económico.

El eslabón más débil

Cuando las alianzas entre grupos criminales se rompen o cuando una facción rival busca debilitar el aparato de propaganda del adversario, los creadores de contenido quedan expuestos en la primera línea de fuego.

La pérdida de neutralidad digital transforma el número de seguidores y la capacidad de amplificación en una amenaza directa para los enemigos de sus patrocinadores.

Durante los últimos dos años, la violencia contra estos perfiles ha dejado un saldo sangriento en diversas zonas de México, particularmente en el marco de la fractura interna del Cártel de Sinaloa y eventos violentos en estados como Jalisco, Puebla y Morelos:

Vielka Pulido, conocida como La Lady Humilladora, fue ultimada a tiros junto a su pareja en abril de 2024 al salir de un gimnasio en la ciudad de Puebla.

Valeria Márquez, creadora de contenido enfocada en el sector de la belleza, fue ejecutada a balazos en mayo de 2024 dentro de un establecimiento comercial en Zapopan, Jalisco, mientras realizaba una transmisión en vivo para sus seguidores.

Juan Carlos, conocido en redes como El Chilango y vinculado al grupo de creadores Los Toys, fue asesinado a tiros en octubre de 2024 en Sinaloa.

Jesús Miguel Vivanco García, alias El Jasper, colaborador cercano en la producción de contenido del grupo Los Toys, fue localizado sin vida con huellas de violencia en noviembre de 2024 en la sindicatura de Costa Rica, al sur de Culiacán.

Leobardo Aispuro Soto, conocido en plataformas digitales como El Gordo Peruci, fue atacado por un grupo armado en diciembre de 2024 dentro de su domicilio en Culiacán, ataque en el que también resultó herida su esposa.

Agustín Paul, identificado como El Pinky, fue localizado sin vida y atado de extremidades en enero de 2025 en las inmediaciones de un inmueble al sur de Culiacán.

Adalberto Peña, conocido como El Tata, fue ejecutado en enero de 2025 mientras realizaba actividad física en un gimnasio de la zona urbana de Culiacán.

Víctor Manuel, conocido en el ámbito del contenido automotriz y de motocicletas como El Brasileño, fue privado de la libertad en marzo de 2025 en su taller y localizado sin vida días después en Culiacán.

Gail Castro Cárdenas, identificado como Gail Toys y hermano del creador Markitos Toys, fue ejecutado a balazos en marzo de 2025 a la salida de un restaurante en Ensenada, Baja California.

Camilo Ochoa Delgado, conocido como El Alucín, quien publicaba material sobre el estilo de vida regional y había emitido advertencias sobre los riesgos de los creadores sinaloenses, fue ejecutado en agosto de 2025 en un inmueble del municipio de Temixco, Morelos.

Gerardo Moya, conocido en redes como El Jerry, fue asesinado a disparos en noviembre de 2025 a bordo de su vehículo en el sector Tres Ríos de Culiacán, horas después de publicar material en sus plataformas.

César Gastélum, creador de contenido enfocado en la vida nocturna y dinámicas locales, fue asesinado a balazos en agosto de 2026 en Culiacán mientras grababa material en vivo para sus redes sociales.

Esta secuencia de homicidios evidencia que la pantalla del teléfono móvil dejó de ser una frontera de protección. La integración del trabajo digital a la dinámica criminal ha convertido la popularidad en las redes en una sentencia de riesgo directo cuando los equilibrios del narcotráfico se rompen en el terreno físico.