PT, a la repesca, ofrece candidaturas a desechados por Morena

Por. J. Jesús Lemus

El mapa político del oficialismo mexicano experimenta una de sus sacudidas más profundas tras la definición de los coordinadores de defensa de la Cuarta Transformación rumbo a las elecciones. Bajo un calculado pragmatismo, el Partido del Trabajo (PT) ha dejado de comportarse como el subordinado histórico de Movimiento Regeneración Nacional (Morena) para asumir un rol de estratega independiente, dispuesto a romper la alianza en los territorios donde la cúpula guinda ha dejado un rastro de descontento, ambición frustrada y liderazgos regionales desplazados.

La maniobra no es producto de una improvisación ni de un exabrupto ideológico. Se trata de un cálculo frío sobre el mercado electoral de fichajes políticos. En la mesa de negociaciones de la cúpula petista se ha trazado una consigna clara: cada cuadro de peso que Morena desecha o margina mediante sus encuestas internas se convierte automáticamente en un activo cotizable, capaz de brindarle al partido del trabajo registros locales, prerrogativas, bancadas parlamentarias sustanciales y, en el escenario más optimista, gubernaturas o alcaldías clave sin la necesidad de compartir el botín con Morena.

La disputa ha alcanzado su punto más álgido tras las recientes designaciones de coordinadores en estados donde las fisuras internas del oficialismo amenazan con traducirse en candidaturas divididas. El PT ha comprendido que la fuerza territorial no siempre coincide con la simpatía de la dirigencia nacional morenista, y esa brecha es la cantera de la que pretende nutrir sus planillas electorales.

El pragmatismo como supervivencia y expansión

Históricamente, el PT ha dependido del empuje de la figura presidencial y de la maquinaria electoral de Morena para garantizar su registro y presencia en las cámaras. Sin embargo, el escenario político actual exige una reconfiguración. Al interior del partido de la estrella amarilla, los estrategas nacionales observan con atención el desgaste natural del ejercicio del poder y el hacinamiento de aspirantes en las filas de Morena.

Morena, transformado en un partido atrapado entre la disciplina de cúpula y las cuotas de poder regional, carece de la capacidad para contener las aspiraciones de todos sus cuadros. Por cada candidatura otorgada, deja en el camino a perfiles consolidados que cuentan con estructuras propias, financiamiento, presencia en medios y bases sociales leales. El PT ha decidido abrir sus puertas a estos perfiles excluidos para ofrecerles la plataforma que la dirigencia guinda les ha negado, bajo una premisa sencilla: postularlos como candidatos únicos de la bandera petista y forzar a Morena a competir contra sus propios liderazgos desplazados.

Esta estrategia le permite al Partido del Trabajo elevar sustancialmente su piso electoral. No se trata solo de ganar o perder gubernaturas, sino de consolidar un porcentaje de votación propia que le otorgue mayor peso en las negociaciones parlamentarias, mayor presupuesto público y una independencia operativa real frente a las decisiones unilaterales de Morena.

La cantera del descontento: los nombres en la mira petista

El inventario de liderazgos que el PT busca capitalizar abarca diversas regiones del país, configurando un tablero de alta tensión en el que destacan figuras de relevancia estatal y nacional:

En Chihuahua, el nombre de Andrea Chávez representa uno de los fenómenos de mayor impacto. Tras haber sido relegada o bloqueada en las proyecciones internas en favor de otros equilibrios de grupo, la senadora con licencia cuenta con una proyección mediática nacional y un arraigo generacional que la convierte en una pieza codiciada. El PT observa en su figura la oportunidad de encabezar una opción competitiva en un estado tradicionalmente difícil para la izquierda, utilizando su arrastre popular para disputarle el terreno no solo a la oposición tradicional, sino a la propia estructura guinda.

En Michoacán, la figura de Raúl Morón Orozco simboliza el histórico reclamo de las bases magisteriales y de la izquierda tradicional que siente que Morena ha sido cooptada por intereses externos. Tras los ajustes y definiciones en favor de otros perfiles para la coordinación de la Transformación en la entidad, Morón conserva una estructura sindical y política capaz de movilizar miles de votos en el estado. El PT ha abierto los canales de diálogo para ofrecerle la candidatura, sabiendo que en Michoacán el voto duro de la izquierda puede inclinarse hacia el profesor si este decide abanderar las siglas de la estrella.

En Guerrero, la alcaldesa de Acapulco, Avelina López Rodríguez, encarna el conflicto territorial entre los poderes locales y las designaciones cupulares. Luego de que la cúpula guinda inclinara la balanza hacia Beatriz Mojica Morga para coordinar los trabajos políticos en el estado, la molestia del grupo de Avelina y de las estructuras locales del PT ha quedado expuesta. La edíl cuenta con un capital político propio en el municipio más poblado e influyente de la entidad, lo que la convierte en una candidata de peso para desafiar el pacto oficialista si decide dar el salto al PT.

En Quintana Roo, la inclusión de Marín Mollinedo responde a las fracturas derivadas del avance del Partido Verde y de los pactos de cúpula que han dejado al margen a liderazgos fundadores de la Cuarta Transformación. Ante la designación de Eugenio “Gino” Segura como coordinador estatal, las huestes petistas en la zona sur y central del estado ven en Mollinedo una bandera para encauzar el voto de protesta de los morenistas desencantados que rechazan el predominio de las alianzas pragmáticas en el Caribe mexicano.

En Zacatecas, Geovana Bañuelos ha sido una voz crítica frente a los arreglos que han favorecido al grupo hegemónico local en las encuestas internas, donde la senadora Verónica Díaz Robles asumió la coordinación. Bañuelos, con amplia trayectoria dentro de las filas del propio PT y un liderazgo parlamentario consolidado, representa la resistencia de la estructura petista original frente a las pretensiones de Morena de imponer candidaturas sin consenso regional. Su eventual candidatura en solitario rompería cualquier pretensión de unidad dentro del bloque oficialista en la entidad.

En Baja California, el escenario está dominado por la fractura provocada por la exalcaldesa de Tijuana, Montserrat Caballero, y su confrontación abierta con el grupo en el poder encabezado por la gubernatura estatal y la dirigencia guinda. Con la designación de Julieta Ramírez en la coordinación estatal, el comisionado nacional del PT en la entidad, Jaime Bonilla, ha visto en Montserrat Caballero el perfil idóneo para encabezar un frente de batalla que le permita disputar los municipios con mayor padrón electoral, aprovechando el nivel de conocimiento y el discurso populista que la exedil maneja en las zonas populares de Tijuana.

En Baja California Sur, la pugna por la alcaldía de Los Cabos y los equilibrios regionales han colocado a Christian Agúndez Gómez en el centro de la especulación política. Al no encontrar las garantías suficientes dentro del proceso de selección interna de Morena, el edil con licencia y su grupo político han entablado negociaciones con la dirigencia del PT para asegurar que su nombre aparezca en la boleta, demostrando que la disciplina partidaria en la península está supeditada al control de los espacios de poder municipal.

La mecánica de la ruptura: metodologías cuestionadas y encuestas opacas

El detonante que justifica el distanciamiento del PT frente a su socio mayoritario es el método de selección mediante encuestas aplicado por Morena. Desde la perspectiva petista, las encuestas internas se han convertido en un mecanismo opaco utilizado para convalidar decisiones previamente tomadas en las mesas de negociación nacional, relegando la competitividad real y el trabajo de campo de los aspirantes.

Los voceros y operadores del PT argumentan que la designación de los “coordinadores de defensa de la Transformación” no refleja el verdadero sentir de la militancia de izquierda en los estados. Al presentarse como las víctimas de un proceso inequitativo, los políticos desechados por Morena encuentran en el discurso del PT un refugio ideal: no están traicionando al proyecto ideológico nacional, sino rebelándose contra la burocracia partidista de Morena que ha cerrado los cauces democráticos.

Esta narrativa le permite al PT construir una plataforma atractiva tanto para los cuadros políticos como para los simpatizantes. El mensaje es contundente: el Partido del Trabajo representa la verdadera esencia del proyecto social, mientras que Morena ha caído en los vicios de los viejos partidos de régimen, priorizando acuerdos de cúpula y pragmatismo electoral por encima del compromiso con las bases.

Implicaciones en el tablero electoral y gobernabilidad

La determinación del PT de postular candidatos propios a partir del descarte de Morena redefine por completo la dinámica política del oficialismo. En términos electorales, la fragmentación del voto de la Cuarta Transformación abre ventanas de oportunidad para las fuerzas de oposición en entidades donde la contienda se preveía cerrada. En estados como Chihuahua, Michoacán o Guerrero, la presencia de un candidato petista con capital político propio restará puntos decisivos al abanderado de Morena, pudiendo alterar los resultados finales o, en el mejor de los casos para el PT, convirtiendo a este partido en la segunda fuerza política de la región.

Por otro lado, esta estrategia representa una prueba de fuego para la gobernabilidad interna de la coalición gobernante. De consolidarse las rupturas en las entidades mencionadas, la relación entre las bancadas parlamentarias en el Congreso de la Unión sufrirá presiones inevitables. El PT dejará de ser el aliado condescendiente que vota en automático las iniciativas del Ejecutivo o de la mayoría guinda, pasando a negociar cada votación con un alto costo político y presupuestal.

El riesgo para el PT no es menor. Enfrentar la maquinaria territorial de Morena implica el peligro de sufrir represalias políticas y de quedar marginado de la distribución de puestos en la administración pública federal. Sin embargo, los estrategas petistas han ponderado los costos y han llegado a la conclusión de que la sumisión total ante el crecimiento desmedido de Morena terminaría por diluir su identidad y condenarlos a la irrelevancia a mediano plazo.

La cosecha de políticos rechazados por Morena se presenta así, como una jugada audaz de ajedrez político. El PT no busca refundar la política mexicana, sino maximizar sus recursos y espacios de poder en un momento de reordenamiento de las fuerzas oficiales. Con figuras como Andrea Chávez, Raúl Morón, Avelina López, Marín Mollinedo, Geovana Bañuelos, Montserrat Caballero y Christian Agúndez en su radar de posibles abanderados, el partido del trabajo demuestra que en la política contemporánea el resentimiento del desplazado es el combustible más codiciado para edificar nuevas parcelas de poder electoral.