Por. J. Jesús Lemus
En un operativo de precisión ejecutado en las entrañas de la Tierra Caliente michoacana, elementos de las Fuerzas Especiales del Ejército Mexicano, la Guardia Nacional e Interpol México lograron la captura de Edgar Valeriano Orozco Cavadas, conocido en las estructuras delictivas bajo el alias de El Kamoni o Camoni.
El detenido es identificado por las agencias de inteligencia nacionales e internacionales como el máximo responsable de la cadena de producción masiva de drogas sintéticas para el Cártel de Tepalcatepec, organización criminal encabezada por Juan José Farías Álvarez, alias El Abuelo Farías.
La captura de Orozco Cavadas no representa un procedimiento rutinario dentro de las acciones de contención pública, sino que constituye la desactivación del motor operativo y logístico más importante para la manufactura de metanfetaminas y fentanilo de Cárteles Unidos en el occidente del país.
Con una orden de aprehensión provisional con fines de extradición hacia los Estados Unidos y una recompensa vigente de tres millones de dólares sobre su cabeza, El Kamoni representaba uno de los objetivos prioritarios binacionales debido al volumen industrial de sustancias químicas que lograba transformar y canalizar hacia los mercados norteamericanos.
Tenía el control sobre el Puerto de Lázaro Cárdenas
La caída de este operador estratégico altera significativamente el mapa de poder en el estado de Michoacán. Orozco Cavadas articulaba de manera directa la compleja maquinaria operativa que permitía la entrada de insumos químicos al país, su procesamiento a gran escala y la posterior distribución militarizada de los cargamentos.
Con su detención, el cerco de las fuerzas gubernamentales se estrecha de forma drástica en torno a la figura central de El Abuelo Farías, dejando al descubierto la vulnerabilidad de una estructura criminal que dependía intrínsecamente del dominio técnico y la logística de su jefe de producción.
El operativo fue desarrollado en los municipios de Tepalcatepec y Buenavista, zonas geográficas dominadas históricamente por el grupo delictivo y catalogadas como bastiones inexpugnables debido a la geografía accidentada y al uso intensivo de tecnología militarizada por parte de los grupos armados.
La incursión de las fuerzas federales se basó en inteligencia de alta precisión. Las agencias de seguridad estadounidenses, a través de la Oficina de Investigaciones de Seguridad Nacional y el Departamento de Estado, aportaron datos clave de rastreo satelital, intercepción de comunicaciones y mapeo de rutas clandestinas.
A través del intercambio de información en tiempo real con las autoridades mexicanas, los efectivos especiales coordinaron un despliegue quirúrgico que evitó una confrontación prolongada en la zona urbana de Tepalcatepec. Al momento de su aprehensión, a El Kamoni le fueron aseguradas armas de fuego de alto calibre y diversos cartuchos.
Tras la consolidación del arresto en tierra, el imputado fue evacuado de forma inmediata a bordo de un helicóptero de la Fuerza Aérea Mexicana con rumbo a las instalaciones de la Fiscalía General de la República en la Ciudad de México, para evitar cualquier intento de rescate por parte de las células armadas que operan en la región. Sin embargo, la reacción violenta de la organización criminal no se hizo esperar, registrándose narcobloqueos e incendios de vehículos en rutas estratégicas de los municipios vecinos como Peribán y Los Reyes.
El expediente elaborado por los organismos de inteligencia ubica a Edgar Valeriano Orozco Cavadas en la cúspide de la infraestructura técnica de la organización. Bajo su mando directo se mantenía el control de una red clandestina que operaba entre 70 y 80 laboratorios de producción de anfetaminas y metanfetaminas dispersos entre la sierra de Michoacán y las zonas limítrofes con Jalisco.
Estos complejos, alejados de las vías principales, contaban con capacidad de procesamiento a escala industrial, abasteciendo toneladas de droga sintética que posteriormente terminaban en las calles de distintas ciudades de Estados Unidos.
La capacidad operativa de El Kamoni no se limitaba a la supervisión técnica dentro de los narcolaboratorios.
Para mantener operando entre 70 y 80 instalaciones de manera simultánea, Orozco Cavadas edificó un complejo esquema de suministro. Las investigaciones confirman que el detenido ostentaba el control directo sobre las operaciones clandestinas en el puerto marítimo de Lázaro Cárdenas, un nodo estratégico de entrada para precursores y sustancias químicas provenientes del continente asiático.
Mediante esquemas de extorsión, corrupción y logística encubierta, garantizaba el flujo continuo de contenedores con sustancias esenciales hacia los centros de procesamiento instalados en la Tierra Caliente.
Paralelamente a su rol como arquitecto químico del Cártel de Tepalcatepec, El Kamoni ejercía un liderazgo militar dentro de Cárteles Unidos. La ficha técnica difundida por el gobierno estadounidense detalla que Orozco Cavadas actuaba como un comandante de campo con capacidad para reclutar tanto a combatientes locales como a mercenarios extranjeros, principalmente de origen colombiano.
Bajo sus órdenes se encontraban células armadas dedicadas a la protección de los laboratorios, el resguardo de las rutas de trasiego y la contención de las incursiones del Cártel de Jalisco Nueva Generación. Además, disponía de armamento pesado que incluía rifles de francotirador calibre .50, vehículos con blindaje artesanal, minas terrestres y drones adaptados para lanzar explosivos contra posiciones enemigas y fuerzas del orden.
Ya había sido detenido
El historial delictivo de Edgar Valeriano Orozco Cavadas muestra una constante evolución dentro del mapa criminal de Michoacán. Su nombre cobró relevancia pública por primera vez en octubre de 2016, cuando fue capturado en un operativo conjunto entre la Secretaría de la Defensa Nacional, la Marina y fuerzas estatales.
En aquel momento se le vinculaba con el grupo conocido como Los H-3 y se le señaló por su presunta participación en el secuestro y homicidio de cuatro jóvenes pertenecientes al grupo evangelizador Arcoíris, cuyos cuerpos fueron hallados en la carretera Apatzingán-Buenavista.
Posteriormente, figuras del movimiento de autodefensas, entre ellas Hipólito Mora Chávez, denunciaron abiertamente la peligrosidad de El Kamoni, señalándolo como uno de los ejecutores de las agresiones y atentados dirigidos contra los líderes comunitarios de la región.
Tras recuperar la libertad en circunstancias marcadas por la impunidad y vacíos procesales, Orozco Cavadas se reincorporó a las filas del crimen organizado, ascendiendo rápidamente en la estructura militar de Los Viagras y el Cártel de Tepalcatepec hasta convertirse en el brazo derecho y principal operador financiero e industrial de El Abuelo Farías.
La detención de este capo representa el golpe más certero contra las finanzas y la capacidad operativa de la producción de drogas sintéticas en el país en los últimos años. Al desmantelar la cabeza operativa responsable de la consecución de precursores marítimos y del funcionamiento de decenas de laboratorios, el Cártel de Tepalcatepec pierde su mayor fuente de ingresos financieros.
Esta acción interrumpe de forma severa el tráfico de metanfetamina y fentanilo, al tiempo que deja expuesto a Juan José Farías Álvarez, cuyo círculo de seguridad y logística ha quedado fragmentado. El caso de El Kamoni transita ahora hacia los tribunales de la Ciudad de México en espera de consolidar el proceso de extradición formal reclamado por la justicia de los Estados Unidos.
