Cibercracia o El jacobinismo 4.0

Yohualtzin Metztonalli

Era septiembre de 1793, durante la Revolución francesa, cuando el grupo político de los jacobinos dio inicio al periodo histórico llamado «El Terror», un conglomerado de años caracterizado por el absolutismo y despotismo ejercido por los líderes políticos de aquel entonces, pertenecientes al sector de la izquierda más radical.

El reduccionismo histórico de la Revolución francesa

No son pocas las aristas que uno puede analizar cuando se observa con detenimiento qué sucedió en aquel entonces; pero es usual que la versión recibida por parte de la mayoría poblacional suele ser, en muchas ocasiones, edulcorada y en extremo melosa. Es común recordar a la Revolución francesa como aquélla que derrocó a la «malvada» María Antonieta, instauró el sacrosanto laicismo, «defendió» la libertad e «institucionalizó» los derechos humanos. No obstante, parece ser que los románticos contemporáneos, por conveniencia, desconocimiento o sobreidealización, suelen omitir la oscuridad característica de la época, dando a los ignorantes una visión distorsionada de un mundo que claramente no existió.

Lo anterior dicho no implica estar a favor de la monarquía, ni de sus desigualdades estructurales; más bien, un análisis pormenorizado y honesto conlleva una reflexión sobre los matices históricos de los personajes implicados, viéndolos en todas sus dimensiones. Esto aplica también a los revolucionarios, de los cuales somos herederos política e ideológicamente hablando. El mundo actual es una construcción de sus claridades, sus oscuridades pasadas; y los jacobinos, en mucho, son responsables de lo que hoy acaece en el mundo.

La revolución despótica

No faltan ejemplos ilustrativos para desintoxicarse de la leyenda meliflua que han impuesto muchos admiradores del pensamiento revolucionario. Se puede acotar la exposición a tres casos importantes: la imposición de cambios culturales drásticos, el uso desmedido de la guillotina para asesinar adversarios políticos y el moralismo autoritario bajo la bandera de la libertad e igualdad.

Fechas, navajas y moralina

Un ejemplo del cambio cultural implementado por los radicales fue el calendario republicano francés (o también denominado calendario francés revolucionario), con el propósito de remplazar al calendario gregoriano, dado a que se debía erradicar todo vestigio del pasado eclesiástico para alcanzar la «igualdad» y «libertad». El pasado religioso de Francia, para este grupo político, no podría representar un símbolo emancipatorio para algunos sectores de la sociedad, sino todo lo contrario; por tanto, había que realizar no pocas modificaciones: hacer que el año uno empezara en 1792, fecha en se proclamó la república; cambiar la cantidad de días que tenía la semana, de siete a diez; cambiar el nombre de los meses y el santoral por nombres de la naturaleza; agrupar los meses de tres en tres para que se acoplaran a las estaciones del año; y otros cambios en la cosmogonía francesa que había tardado siglos en conformarse.

Aunado, el uso de la guillotina se convirtió en el fetiche del pensamiento progresista de esos años, dado que, según los «libertadores», esta herramienta de ejecución constituía un gran avance que hacía la muerte de los ciudadanos «más humana y alineada a los principios de la igualdad revolucionaria».

Por último, nada de esto podría sostenerse sin la cimentación ideológica en la mente de la población, teniendo como argumento y justificación de que tales actos eran necesarios para alcanzar los ideales de humanidad que la malévola monarquía, junto con la Iglesia, habían suprimido hasta ese entonces. Era adecuado, por tanto, ver a la moralidad anterior y todo su conjunto de valores, como los mayores enemigos del ideal revolucionario que buscaba únicamente la «emancipación» del pueblo para alcanzar la «verdadera ciudadanía».

Otros ejemplos

Los ejemplos citados fueron sólo algunas de las medidas implementadas por los jacobinos, no sobra mencionar el uso de propaganda con información falsa para manipular a la población, la creación de legislaciones punitivas en contra de disidentes, o el juicio a personas en condiciones desfavorecidas. También es importante recalcar que una buena parte de la población estaba disgustada, pero por el miedo no se atrevían a revelarse. Sin embargo, este periodo, debido a su alta letalidad, duro menos de un año, cuando en julio de 1794, Maximilien Robespierre, líder supremo y figura central en El Terror, fue ejecutado, junto con otros revolucionarios en días posteriores, irónicamente, todos ellos bajo el mismo instrumento que utilizaron para asesinar miles de personas: la guillotina.

Susurros del pasado en el presente

Aunque la historia no vuelve a repetirse, a veces el presente recibe sus ecos. El año 2026, con sus característicos retumbes, se encuentra acompañado de algunos armónicos similares al periodo de El Terror. Nadie podrá negar que la sociedad ha empezado a cambiar de manera acelerada debido a los avances tecnológicos actuales, fincados en el vertiginoso desarrollo de la inteligencia artificial. Esto no fue consultado a la ciudadanía, sino que se ha impuesto mediante decretazos, reformas legislativas aceleradas y acciones violentas contra las personas, como son el despido masivo de trabajadores para automatizar procesos, el ciberespionaje o la manipulación a través de contenido en las redes sociales. Aunado a esto, tampoco es menos mencionar la persecución hacia periodistas, activistas y adversarios políticos, así como la represión a las marchas pacíficas, la negación de la realidad por parte de políticos abyectos y la propaganda tóxica. Habría que preguntarse: ¿No se asemejan estos hechos esencialmente a las medidas implementadas por los jacobinos en el siglo XVIII?

Podría esta duda generar severas sospechas, y decirse «Esto no es suficiente para sostener dicha tesis», lo cual, es en parte cierto. Pero se podría responder que la Revolución francesa constituía la lucha entre la decadente nobleza de ese entonces y la burguesía ascendente. Dicho movimiento histórico no se constituyó bajo meros imperativos de unos politiquillos o sujetos que se entretenían con los textos de Rousseau y otros intelectuales de la época, sino que constituían una clase nueva, que había adquirido el suficiente poder político y económico para poder derrocar a la anterior. Y entonces, habría que reflexionar nuevamente: ¿Existe una clase nueva que esté ascendiendo en el siglo XXI? Ya el economista griego Yanis Varoufakis ha expuesto que la lucha de nuestra época no es en contra del capitalismo, dado que el modelo ha mutado en otra cosa.

Nuevos paradigmas y formas de opresión

El nuevo modo de producción, ya no necesita producir bienes materiales como en el pasado, sino que ha llegado a un nivel de abstracción que mueve a la economía contemporánea a través de la acumulación y análisis de datos, potenciados por los avances de la inteligencia artificial, la cadena de bloques, la robótica y la biotecnología.

Aunque esto no es nuevo, la primera etapa de abstracción inició en la época del neoliberalismo, cuando comenzó la desindustrialización de Occidente para dar paso a la economía financiera. Los flujos de capital a través de corporativos como bancos, mercados de valores y fondos de inversión fueron la estocada que empezó a desangrar al modelo productivista; oportunidad que tomó China para convertirse en la actual fábrica del mundo, pero también en una potencia tecnológica que cada vez supera más a Estados Unidos.

No es, por tanto, absurdo ver a un Donald Trump queriendo cambiar el tecnicismo de inteligencia artificial a «superinteligencia», no por cuestiones científicas y de conocimiento, sino, simplemente, por estrategia política. Y no es tampoco extraño ver que da a conocer tal decisión acompañado de los magnates tecnológicos que hoy cubren a buena parte de la población bajo las reglas de la computación en la nube.

Conclusión o cuestionamiento

Estos hechos no hablan por sí solos, pero con elementos de análisis contextual dicen mucho. Dan sentido a lo antes expresado: que el siglo XXI tiene semejanzas con el siglo XVIII. La Revolución francesa abarcó desde el año 1787 a 1799. ¿Será que ya estamos dentro de un periodo similar o apenas está por comenzar? Si ya estamos en su comienzo, parece ser que los cantos de victoria por parte de políticos demagogos, sumamente ignorantes, no es más que el preludio para la hiel que tomarán en su futuro. No es difícil vislumbrar cómo sus propias creaciones se vuelcan contra ellos, como fue el caso de la guillotina, que descabezó a sus fanáticos más vehementes. Pero, desgraciadamente, esto también aplica a las poblaciones gobernadas por este tipo de personajes y que, en muchos casos, han sido y son sus cómplices, de igual manera como fueron los franceses con los jacobinos.

Esta tesis ayudaría a entender la locura que acecha al mundo actualmente, y daría pistas para posiblemente afirmar lo siguiente: el jacobinismo se ha reformado y hoy no viene en defensa del capitalismo, sino de un nuevo modelo que no conocemos y no hemos nombrado todavía. ¿Cuál será la posición y el actuar de la sociedad ante lo que se avecina? Pienso que ésa pregunta es lo más fundamental de estos tiempos.

Más información sobre el autor: yowaltzin.substack.com