Fiscalía de Michoacán no irá por Grecia Quiroz, en el caso del asesinato de Carlos Manzo; su muerte fue por fricción con el CNJG

Por. J. Jesús Lemus

El caso del asesinato del exalcalde de Uruapan, Carlos Manzo Rodríguez, ha alcanzado un punto de inflexión decisivo que redefine tanto la narrativa institucional sobre su ejecución como el mapa de responsabilidades políticas e investigativas en el estado.

La Fiscalía General del Estado de Michoacán ha presentado avances sustanciales que modifican la percepción pública sobre el crimen al descartar de manera contundente la hipótesis de una ejecución por móviles políticos en favor de una confrontación frontal con el crimen organizado, mientras que en paralelo levanta la presión judicial que pesaba sobre su viuda y actual presidenta municipal de Uruapan, Grecia Quiroz.

En una conferencia de prensa encabezada por los mandos del órgano procurador de justicia, las autoridades confirmaron que el móvil del homicidio ocurrido el 1 de noviembre de 2025 respondió a una represalia directa perpetrada por el Cártel Jalisco Nueva Generación.

De acuerdo con el dictamen de las investigaciones, la ejecución del munícipe se derivó del choque provocado por las acciones de seguridad emprendidas durante su administración, teniendo como detonante específico la detención en agosto de 2025 de René Belmontes Aguilar, alias “El Rhino”, considerado jefe de plaza de la organización en la región.

Con más de una treintena de detenidos —entre ellos Ramón Ángel Álvarez Ayala, alias “El R1”, señalado como autor intelectual y recluido en un penal de máxima seguridad—, la representación social ha centrado el caso estrictamente en el terreno del combate al narcotráfico, desestimando cualquier teoría que vincule el crimen con disputas entre facciones políticas locales o estatales.

Este viraje formal de la fiscalía se complementa con la desactivación del cerco legal sobre la alcaldesa Grecia Quiroz. Tras semanas de tensión mediática e institucional donde se amagó con el uso de medidas de apremio e incluso con la apertura de carpetas por posible obstrucción de la justicia ante la negativa de entregar dos dispositivos telefónicos del edil fallecido, la representación social descartó procesar a la viuda.

La autoridad ministerial aclaró que no existen elementos ni indicios suficientes que acrediten la necesidad de profundizar una acción penal en su contra por dicho asunto, cerrando así un frente de alta volatilidad política que mantenía bajo escrutinio directo a la cabeza del ayuntamiento uruapense.

El descarte del móvil político por parte de la fiscalía resuena en un contexto regional marcado por señalamientos previos sobre las complejas dinámicas de poder en la zona aguacatera de Michoacán.

Declaraciones pasadas atribuidas a figuras del crimen organizado en la entidad, como Servando Gómez Martínez “La Tuta” u otros operadores históricos como “La Quiringua” y el propio “R1”, habían colocado sobre la mesa discusiones respecto a los contactos e interpolaciones entre el poder público y los cárteles en la región.

Al descartarse la vía institucional como móvil y catalogarse el hecho como una vendetta originada por la confrontación directa con la estructura del CJNG, la investigación afianza el expediente dentro del expediente del crimen organizado, dejando en evidencia las profundas grietas y riesgos a los que se enfrentan los gobiernos locales atrapados en la pugna contra el narcotráfico.