La carta del acarreo: cuando una pantalla no alcanza para tapar el descontento

Por. Mayahuel Hurtado

En política, las multitudes no siempre hablan de respaldo popular. A veces hablan de operación, de estructura, de movilización, de aparato y de necesidad de mostrar fuerza donde empieza a notarse el desgaste.

Eso fue lo que dejó ver el evento realizado en Colima para seguir, a través de una proyección en pantalla, la celebración nacional encabezada por la presidenta Claudia Sheinbaum, con motivo de los dos años de su triunfo electoral.

No fue una gira presidencial, ni una visita directa de la presidenta al estado. Fue un evento local de movilización política, organizado para proyectar en pantalla el mensaje nacional y construir una postal de respaldo desde Colima.

Y aun así, los operadores y dirigentes de Morena salieron a presumir que miles de personas acudieron al encuentro, como si la asistencia a una pantalla bastara para demostrar una adhesión masiva, espontánea e incuestionable del pueblo colimense.

Se habló de alrededor de 6 mil asistentes. Pero si esa cifra fuera correcta, estaríamos hablando apenas de cerca del 1% de la población votante del estado. Es decir: una movilización políticamente útil para la foto, pero insuficiente para venderla como expresión total del ánimo ciudadano.

Porque una cosa es llenar un recinto, y otra muy distinta es gobernar con legitimidad social. Pero todavía más difícil, es sostener un discurso de transformación en un estado golpeado por la violencia, la falta de resultados y la acumulación de dudas alrededor de quienes gobiernan.

En Colima, esta proyección política no ocurrió en el vacío, ocurrió en medio de un descontento creciente por la inseguridad, por la precariedad económica, por la falta de respuestas, por los abusos de poder y por una crisis política que el oficialismo intenta maquillar con eventos, discursos y fotografías.

Mientras se presumía estructura, Colima seguía arrastrando los mismos problemas: homicidios, desapariciones, miedo ciudadano, municipios rebasados, crisis institucional, señalamientos de abuso de poder y una ciudadanía que cada vez cree menos en la narrativa oficial.

La simulación tiene un problema, se ve bonita desde el templete, pero se cae cuando la gente regresa a su colonia, a su recibo de luz, a su calle insegura, a su hospital sin insumos, a su escuela con carencias, y sobre todo a su municipio sin respuesta.

Y ahí aparece otra carta incómoda: la carta del patrimonio.

Mientras miles de familias colimenses enfrentan dificultades para sostenerse, distintos medios han documentado movimientos patrimoniales de la gobernadora Indira Vizcaíno Silva, entre ellos compras, propiedades y créditos millonarios reportados en declaraciones patrimoniales. La cifra que circula en el debate público ronda los 14 millones de pesos en incremento o acumulación patrimonial señalada por medios locales.

La pregunta no es menor: ¿Cómo se explica la prosperidad de quienes gobiernan en un estado donde la ciudadanía vive con miedo, carencias e incertidumbre?

No se trata de condenar sin investigación. Se trata de exigir transparencia, rendición de cuentas y una explicación pública suficiente. Porque cuando un gobierno presume honestidad, austeridad y cercanía con el pueblo, debe estar dispuesto a abrir sus cuentas, sus declaraciones, sus propiedades y sus decisiones al escrutinio público.

La 4T prometió acabar con los privilegios, pero en Colima, la percepción ciudadana es otra: la de un poder que se acomoda, se protege, se promueve y se fortalece políticamente mientras el pueblo carga con las consecuencias.

Este evento pudo ser una oportunidad para reflexionar sobre el rumbo del país y del estado. Para hablar de seguridad con seriedad y responder por Manzanillo, por Tecomán, por las desapariciones, por las familias que viven con miedo, por las madres que buscan, por la ciudadanía cansada de ver cómo se politiza todo mientras los problemas reales siguen creciendo.

Pero lo que predominó fue la postal, el grupo interno posó, los operadores aplaudieron, los dirigentes presumieron números, los afines ocuparon los mejores lugares y el aparato volvió a confundir movilización con respaldo.

El problema para Morena es que el acarreo al estilo del PRI ya no emociona como antes. La gente ya distingue entre pueblo y estructura; entre apoyo genuino y asistencia inducida; entre convicción y conveniencia. Pero sobre todo entre gobierno y propaganda.

Colima no necesita más fotografías del poder. Colima necesita seguridad, hospitales dignos, empleos, justicia, gobiernos municipales que atiendan, funcionarios que expliquen su patrimonio sin evasivas.

Y muy importante necesita autoridades que no usen una pantalla como baño de legitimidad.
Porque cuando un estado vive una crisis profunda, presumir miles de asistentes ante una transmisión no es fortaleza: es síntoma.

Síntoma de un gobierno que necesita mostrar que todavía controla.
Síntoma de un partido que necesita llenar espacios para ocultar fracturas.
Síntoma de una dirigencia que presume multitudes, pero evita hablar del miedo.
Síntoma de una clase política que aprendió a posar para la cámara, pero no a responderle al pueblo.

La carta está sobre la mesa, el evento de Morena en Colima no mostró un estado unido: mostró un aparato movilizado frente a una pantalla.

Y cuando el aparato se mueve para simular respaldo, pero la realidad se impone con violencia, pobreza, abusos y sospechas de enriquecimiento, entonces la lectura es clara: el poder puede llenar un recinto, pero no puede llenar el vacío de resultados.

En Colima, la transformación no se mide por cuántos fueron a mirar una pantalla.
Se mide por cuántos viven mejor, cuántos caminan seguros y reciben justicia.
Por cuántos hospitales funcionan y cuántas familias dejaron de tener miedo.
Además de cuántos funcionarios pueden explicar su patrimonio sin evasivas, y ahí, la foto ya no alcanza.

Tarot Político ha tirado la carta: la simulación que puede llenar sillas, pero no puede ocultar la verdad.
Al tiempo.

El Nuevo Periodismo Holístico “Informar con la verdad también es un acto de responsabilidad social”.