“El Abuelo” Farias, buscado por la DEA y protegido por gobiernos de Michoacán

Por. J. Jesús Lemus

Agentes especiales de la Administración de Control de Drogas de Estados Unidos mantienen un cerco de inteligencia sobre Juan José Farías Álvarez, conocido en el submundo criminal como El Abuelo Farias.

Este sujeto es identificado por las agencias de seguridad de Estados Unidos como un líder comunitario y ganadero en el municipio de Tepalcatepec, que se ha transformado en un objetivo prioritario de detención para la justicia estadounidense, por ser la cabeza del Cártel de Tepalcatepec.

Las agencias norteamericanas acusan formalmente a su organización, el Cártel de Tepalcatepec y la coalición Cárteles Unidos, de controlar rutas internacionales de tráfico de cocaína proveniente de Colombia, así como de la producción y distribución masiva de fentanilo y metanfetaminas.

Washington ha elevado sustancialmente la presión sobre el gobierno mexicano para lograr su captura y extradición, motivado también por el control violento que el capo ejerce sobre la economía formal de la región, particularmente mediante la extorsión generalizada a la industria productora y exportadora de aguacate.

La trayectoria de “El Abuelo” Farias es una de las más longevas y camaleónicas en la historia del narcotráfico en Michoacán. En la década de los noventa se le vinculó operativamente con el Cártel de Milenio y posteriormente con la facción de Los Valencia.

Sin embargo, su verdadero ascenso al plano nacional ocurrió en el año dos mil trece, cuando instrumentó el surgimiento de los grupos civiles de autodefensa para combatir a la organización de Los Caballeros Templarios.

Bajo la fachada de un líder civil que defendía legítimamente a su pueblo, Farías Álvarez logró legitimar su control territorial, armar a sus cuadros operativos y expulsar a sus rivales directos, sentando las bases para consolidar su propia estructura criminal en la Tierra Caliente.

La supervivencia y consolidación de “El Abuelo” Farias no se explican sin su compleja y cambiante relación con los distintos gobiernos del estado de Michoacán, transitando de manera estratégica entre la persecución institucional, la negociación y la abierta colusión.

Durante las administraciones de Fausto Vallejo Figueroa y el gobernador interino Jesús Reyna García, el estado experimentó un vacío total de poder y una severa infiltración institucional.

En este periodo, El Abuelo Farias operó con absoluta impunidad en la clandestinidad mientras los grandes cárteles se disputaban el control de la entidad. Las reuniones secretas entre altos funcionarios locales y líderes criminales marcaron esta época, lo que facilitó que las redes de Farías Álvarez se arraigaran profundamente en los esquemas locales de seguridad sin enfrentar una verdadera resistencia del gobierno estatal.

La dinámica cambió sustancialmente con la llegada de Salvador Jara Guerrero, cuyo gobierno estuvo tutelado por la Comisión Especial para la Seguridad federal. En esta etapa se implementó una estrategia oficial para legalizar y registrar a las autodefensas mediante la creación de la Fuerza Rural.

“El Abuelo” Farias aprovechó este mecanismo institucional para uniformar y armar legalmente a sus operadores bajo el cobijo del estado. A pesar de que las agencias de inteligencia federales conocían sus antecedentes criminales, la administración estatal validó su liderazgo local en aras de pacificar la región de Tepalcatepec, otorgándole de facto un estatus de interlocutor oficial.

Con la llegada de Silvano Aureoles Conejo al poder, la relación se tornó sumamente ambivalente. Por un lado, el mandatario estatal lanzó discursos frontales y ordenó operativos policiales y militares para detener a Farías Álvarez, acusándolo abiertamente de ser un obstáculo para la paz pública.

Hubo detenciones temporales que posteriormente se cayeron en los tribunales debido a fallas en el debido proceso y a la violenta movilización de los pobladores de Tepalcatepec, quienes bloquearon carreteras y blindaron a su líder.

Por otro lado, analistas de seguridad documentaron una tolerancia institucional hacia la coalición de Cárteles Unidos, encabezada por “El Abuelo”, debido a que este grupo servía como un muro de contención armado que frenaba el avance del Cártel de Jalisco Nueva Generación en el territorio michoacano.

Bajo la actual administración de Alfredo Ramírez Bedolla, el escenario ha alcanzado una alta tensión debido a la presión internacional. El gobierno estatal ha alineado su discurso con la política de pacificación federal enfocada en el desarrollo social, pero el recrudecimiento de la violencia y el acoso del gobierno de Estados Unidos han forzado cambios en la estrategia.

Aunque las fuerzas estatales evitan incursiones masivas que desaten enfrentamientos civiles en el bastión de Tepalcatepec, las operaciones quirúrgicas se han intensificado sustancialmente.

El reciente arresto de importantes operadores logísticos y de extorsión de la estructura de El Abuelo Farias en la capital del estado confirma que, si bien el capo mantiene un fuerte arraigo en su zona de origen, el gobierno actual se encuentra bajo la estricta vigilancia de las agencias extranjeras que exigen desmantelar de manera definitiva su red de impunidad.