Por. J. Jesús Lemus
En el complejo entramado de la delincuencia organizada en México, la facción conocida como Los Rusos constituye uno de los brazos armados y operativos más determinantes del Cártel de Sinaloa. A lo largo de los últimos años, este grupo ha pasado de desempeñarse como un cuerpo de escoltas y seguridad de alto nivel de la Familia del Mayo Zambada a erigirse en un actor hegemónico en el noroeste mexicano.
Su consolidación estratégica no solo redefinió el tráfico de sustancias ilícitas en la frontera de Baja California y California, sino que colocó de manifiesto la intrincada urdimbre de protección política, logística transfronteriza y corrupción institucional que históricamente ha sostenido al crimen organizado.
El cártel de Los Rusos se remonta a la estructura de protección personal e inteligencia organizada en Sinaloa bajo la supervisión directa de Ismael “El Mayo” Zambada García y su descendencia. La célula debe su denominación a su principal liderazgo, Jesús Alexandro Sánchez Félix o Juan José Ponce Félix, conocido en el argot delictivo bajo el alias de “El Ruso”.
Inicialmente, el grupo operaba en la región del norte de Sinaloa, principalmente en los alrededores de Culiacán, actuando como una guardia de élite y un escudo táctico frente a incursiones enemigas en el corazón del territorio controlado por la Mayiza.
La trayectoria de esta organización dio un vuelco decisivo entre 2019 y 2020 a raíz del denominado “Jueves Negro” o el fallido operativo de captura de Ovidio Guzmán López en Culiacán. La negativa de “El Ruso” a subordinar sus hombres e instructivos tácticos para apoyar la liberación del hijo de Joaquín “El Chapo” Guzmán generó roces irreversibles entre su bando y la facción de Los Chapitos, particularmente con el brazo armado de estos últimos, Los Ninis. Las disputas por el control de la capital sinaloense se tradujeron en enfrentamientos armados constantes, homicidios selectivos y un ambiente de alta tensión que amenazaba la estabilidad general del cártel.
Frente a la escalada bélica en Sinaloa, Ismael “El Mayo” Zambada tomó la decisión estratégica de replegar a “El Ruso” y a su gente de la zona centro de Sinaloa y encomendarles la toma total y resguardo de la plaza de Mexicali y su valle circundante. Este movimiento no constituyó un repliegue defensivo, sino un desplazamiento táctico destinado a afianzar la posición de La Mayiza en un punto neurálgico del cruce transfronterizo.
Al instalarse en la capital de Baja California, Los Rusos entraron en violenta confrontación con otras células locales y con enviados de los hermanos Arzate García (representantes de Los Chapitos en la costa baja), desatando un periodo de disputa por el control de la zona metropolitana, las rutas rurales del Valle de Mexicali y los accesos hacia San Luis Río Colorado en Sonora.
El bastión geopolítico del Valle de Mexicali y la frontera norte
El enclave fundamental donde residen el mando militar y las operaciones logísticas de Los Rusos es el municipio de Mexicali, de manera particular la zona agrícola del Valle de Mexicali. Esta vasta extensión de canales, carreteras secundarias y poblados rurales representa una plataforma idónea para el ocultamiento de casa de seguridad, el establecimiento de laboratorios clandestinos y la articulación de corredores expeditos hacia los condados de Imperial y San Diego en Estados Unidos.
Su influencia territorial se extiende también a puntos de enlace estratégico en Sonora, como San Luis Río Colorado, así como a la zona serrana de Baja California y tramos críticos de la autopista a Tijuana. Mexicali funciona para esta facción como un gran centro de acopio y distribución transfronteriza, ofreciendo salidas directas hacia el mercado estadounidense mediante pasos fronterizos oficiales y vías terrestres informales en las zonas desérticas. La importancia estratégica del bastión de Mexicali radica en su geografía: una red de comunicaciones terrestres interconectada que permite el flujo masivo de químicos esenciales, estupefacientes terminados, armamento de alto calibre y dinero en efectivo.
Dentro de la estructura global del Cártel de Sinaloa, Los Rusos desempeñan la función esencial de garantes de seguridad territorial y administradores del cruce de mercancías para la facción que encabeza la familia Zambada. No son simplemente un grupo de sicariato de primera línea, sino un componente armado con capacidad logística, financiera e institucional.
Tras la reconfiguración del mapa delictivo provocada por las detenciones y extradiciones de altos mandos de la vieja guardia, Los Rusos asumieron el papel de vanguardia de contención. Han servido como la muralla defensiva de La Mayiza para evitar la expansión de Los Chapitos hacia las zonas fronterizas clave del noroeste de Baja California, al tiempo que aseguran la llegada de precursores químicos procedentes de los puertos del Pacífico para el procesamiento de drogas sintéticas. Su relevancia radica en que conjugan el control militar del terreno con la gestión directa de los cruces internacionales, convirtiéndose en una pieza imprescindible para el flujo financiero del cártel.

Actividades criminales y modos de operación
El portafolio delictivo de Los Rusos engloba múltiples facetas de la delincuencia organizada transnacional. La principal fuente de ingresos del grupo proviene del tráfico a gran escala de sustancias sintéticas, principalmente fentanilo y metanfetaminas, así como de cocaína y heroína destinadas al mercado de Estados Unidos. Además del traslado de estupefacientes, la facción ha instaurado esquemas de cobro de cuotas a otros grupos locales para permitir el uso de la infraestructura de paso en el Valle de Mexicali.
Paralelamente, la organización ha sido señalada por organismos de seguridad por su participación en patrones sistemáticos de violencia que incluyen ejecuciones selectivas, desaparición forzada de personas, secuestros de miembros de agrupaciones rivales y tráfico de armas de fuego de uso exclusivo del Ejército procedentes de territorio estadounidense. El grupo ha desplegado complejos esquemas de lavado de dinero mediante negocios de fachada, emprendimientos inmobiliarios en zonas urbanas de Baja California y operaciones financieras opacas.
Mandos reconocidos y designaciones oficiales de Estados Unidos
Las investigaciones y fichajes realizados por agencias de inteligencia estadounidenses, entre ellas la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) del Departamento del Tesoro, la DEA y el FBI, han permitido transparentar la cadena de mando que integra a este grupo y a sus redes de apoyo.
A la cabeza de la estructura se ubica Jesús Alexandro Sánchez Félix o Juan José Ponce Félix, alias “El Ruso”. Su figura representa el liderazgo operativo y estratégico de la célula. Como segundo al mando e intermediario de alta prioridad se ha identificado a Cipriano Peralta Cázares, conocido con los alias de “El P1” o “Ponchito Lima”, encargado de la coordinación directa de los frentes armados y de las células de protección.
Asimismo, la inteligencia norteamericana y los organismos locales ubican a mandos regionales y de la estructura logística entre los que destacan integrantes del círculo cercano como Alfonso Arzate García “El Aquiles” y René Arzate García “La Rana” en la región ampliada de Baja California, además de operadores financieros como José Ángel Rivera Zazueta, alias “El Flaco”, destacado proveedor de precursores químicos de la red de Sinaloa con presencia en la región.
Las autoridades del Departamento del Tesoro de Estados Unidos han incluido repetidamente a los líderes formales e informales de este grupo en sus listas de sancionados (Kingpin Act), bloqueando sus bienes en jurisdicción norteamericana y prohibiendo a cualquier ciudadano o corporación mantener relaciones comerciales o financieras con sus empresas y allegados.
Relaciones e infiltración en redes políticas e institucionales
Un elemento definitorio en la persistencia territorial de Los Rusos ha sido su capacidad para articular alianzas con la estructura política y los cuerpos de seguridad municipal y estatal. Documentos del gobierno norteamericano e investigaciones del gabinete de seguridad federal en México han expuesto en múltiples ocasiones cómo este grupo criminal ha permeado dependencias públicas para garantizarse impunidad operacional, protección táctica e información privilegiada sobre operativos oficiales.
A través de señalamientos formales y reportes de inteligencia presentados por dependencias estadounidenses como la OFAC, se ha documentado la existencia de enlaces políticos y exfuncionarios de gobierno en Baja California señalados como facilitadores de la red.
Entre estos perfiles figuran antiguos colaboradores del Poder Legislativo local, exdirectores de seguridad pública municipal y exagentes de aduanas que actuaban como facilitadores institucionales. Estos intermediarios presuntamente gestionaban esquemas de blindaje para las actividades delictivas, filtraban información sobre desplazamientos militares o policíacos y servían de puente para el desvío o la protección de recursos de origen ilícito en campañas o gestiones administrativas.
El contubernio con las corporaciones de policía a nivel local ha quedado evidenciado en sucesos donde se ha constatado el uso de patrullas municipales o agentes activos para brindar escolta a vehículos de la facción, resguardar residencias de lujo e intervenir en favor del grupo durante altercados con bandas rivales. La permanencia de Los Rusos en la frontera responde no solo a su potencia bélica, sino a la construcción metódica de un blindaje político-institucional que les ha permitido operar con amplio margen de maniobra en uno de los corredores más vigilados de América del Norte.
