Del ser y dejar de ser, una aproximación psicologica sobre la necesidad de ser criminal

Por. Andrés Soto

Una de las máximas herramientas que poseemos los seres humanos es la imaginación. Esta nos permitió diseñar, crear y fabricar infinidad de artilugios útiles para nuestra supervivencia y “supremacía” entre el resto de las especies que comparten su existencia junto a nosotros en este planeta. Junto con estas herramientas apareció una de las más útiles e irónicamente divisoria de todas: el lenguaje. Ya fuese escrito o hablado, el lenguaje permitió que fantaseáramos con mundos más allá de nuestro entendimiento o realidad. Uno de mis ejemplos favoritos es la literatura de ciencia ficción. Un género enfocado en criticar la realidad en la que se vive a través de un lente futurista.

En el caso del autor Kurt Vonnegut, un prisionero de guerra durante la segunda guerra mundial; el lenguaje —junto con la ciencia ficción— le permitió poder catalizar el trauma que vivió durante su vida en el campamento nazi del que fue prisionero. En su obra, posiblemente, más popular: Matadero 5 o La Cruzada de los Niños; a través de los ojos de Billy Pilgrim, Kurt nos relata las vivencias de un hombre perseguido por los horrores de la guerra y como estos se extienden al mundo de “paz” en el que vive. Siendo tan surreal que lo único que atina a decir constantemente en su obra es la frase so it goes: así son las cosas…

Dentro de esta mente traumatizada hubo un espacio para fantasear un mundo idílico. Un planeta tierra en el cual, la población, vivía una media de 130 años. No existe hambruna, enfermedades, ni siquiera la muerte. Pero hasta Kurt sabe que un mundo de ensueño como aquel sólo puede existir en una mente de pesadilla como la de aquellos quienes desean el “progreso.” Un falso progreso que, claramente, beneficia a los menos y mejor acomodados. Un progreso en el cual, Kurt de manera bastante satírica, pero mordaz; señala que puede lograrse únicamente en los sueños de un fascista. O, mejor dicho, pesadillas…

El cuento en el cual comienza su travesía a través de este mundo se llama 2BR02B (to be or naught to be, famosa frase de la novela shakespeariana Hamlet: ser o no ser.) En esta breve historia, Kurt, nos lleva a los zapatos de Edward K. Wheling Jr. Un hombre que se encuentra en un ala materna, la cual está siendo decorada con un mural que inmortaliza a los mayores “progresistas” de la época, esperando que su esposa de a luz a trillizos, los primeros en décadas.

La historia se desarrolla en su totalidad dentro de esta ala de maternidad, un espacio en el cual se cuestiona la inmortalidad, el progreso y cómo éste es usado, exclusivamente, como disfraz para que fuerzas peligrosas tomen el control. No por nada todas las mujeres que trabajan en la División de Servicio de la Oficina Federal de Expiración, por muy femeninas que sean, siempre terminan por desarrollar un bigote. Un chiste bastante sutil, pero mordaz, por parte de Kurt. Es casi como si nos dijera que, sin importar la procedencia, las ideas extremistas y conservadoras hacen algo en la apariencia de las personas que las marca como lo que son: monstruos.

Y, simbólicamente hablando, podemos ver este “bigote” en el rostro de la presidente de México, quien el 26 de septiembre, mismo día en que estalló la noticia del hallazgo de mas de 1000 piezas dentales de niños en Michoacán; cuestionó el descenso de natalidad en la CDMX. Alegando que ya se encontraba trabajando con un equipo para desentrañar el por qué de esta anomalía, mostrando un cinismo o, mejor dicho, un sadismo inherente en la calaña que suele gobernar un país. Ya que, haciendo una visión en retrospectiva, cualquiera de nosotros, seres sapientes; podemos deducir los motivos por los cuales la natalidad ha descendido en México y el mundo.

Es cierto que los motivos que envuelven a cada región pueden variar. Pero lo que es innegable es el hilo que une dichos motivos: inestabilidad económica, abandono de las personas desprotegidas y el constante bombardeo de actos inhumanos sin respuesta de las naciones que “defienden” la paz. Estas se ven repetidas y exacerbadas en la nación: casos como el constante desalojo de habitantes, tanto de colonias, así como de poblados enteros. Mientras todo esto sucede, las víctimas de estas situaciones -incapaces de acudir por la ayuda que, supuestamente, les brinda el gobierno-, acuden al cobijo de quienes los han dejado en estas situaciones. Los elementos clandestinos del gobierno: el narcotráfico.

El caso más reciente cae en los hombros de “Chuchito“, un niño sicario que, cegado por el falso brillo de las promesas que “ofrece” el negocio de las balas, drogas y muerte; encontró su muerte como miles de niños más que, abandonados por sus familias y su nación, se refugio en el “calor” de la sangre que los cárteles derraman en derredor.

Y es sorprendente el ver el poder que puede tener la imaginación. Para algunos es un mecanismo de supervivencia, para otros un medio de sublimación de toda la porquería con la que tienen que lidiar día a día. Pero para muchos otros, es el medio con el cual logran maquinar maneras más eficientes para liquidar a la población que, supuestamente, están representando y por la cuál están velando. Y es detestable que el mayor uso de ingenio sea para aceitar la maquinaría del capitalismo con la sangre de aquellos que hacen trabajar dicha máquina.

La ironía de todo esto recae en el hecho de que, en el cuento de Kurt: 2BR02B; para que alguien pueda nacer, primero debe de encontrarse a alguien dispuesto a morir para poder intercambiar su lugar. Mientras que en la actualidad, al menos en México, miles de personas son asesinadas a diario sin la posibilidad de oponerse para poder ocupar su espacio y sin traer nueva vida al mundo. Lo que daría pie a la siguiente pregunta: ¿Qué imagina la presidente de México que nos depara como nación si continua sacrificando, sin ton ni son, a las fauces del dios que llaman dinero?