Por. J. Jesús Lemus
El Partido Acción Nacional (PAN) ha decidido jugar sus cartas más pesadas y a la vez más controvertidas en un intento por frenar el avance de la llamada Cuarta Transformación.
En un encendido mitin de apoyo a la gobernadora de Chihuahua, Maru Campos, los expresidentes Vicente Fox y Felipe Calderón Hinojosa reaparecieron juntos en el escenario público. El mensaje de fondo quedó claro de inmediato: Felipe Calderón está de regreso en la primera línea para encabezar la resistencia opositora desde las filas del blanquiazul.
El pretexto del encuentro fue el blindaje político a Maru Campos, quien enfrenta una solicitud de juicio político por parte de Morena tras revelarse la participación no autorizada de agentes estadounidenses en un operativo contra el narcotráfico en la Sierra Tarahumara.
Sin embargo, el evento “Todos con Maru” mutó rápidamente en una plataforma de relanzamiento nacional para Calderón, quien tomó el micrófono para lanzar duras críticas al gobierno federal: “Lo que México exige son más Maru Campos y menos Rochas Moyas”, sentenció el michoacano ante miles de simpatizantes, acusando al oficialismo de tolerar un “narcogobierno”.
A pesar del júbilo de la militancia panista y del arropamiento del nuevo dirigente nacional del partido, Jorge Romero, la reaparición de Calderón Hinojosa arrastra un lastre imposible de maquillar ante la opinión pública. Para vastos sectores de la ciudadanía, el expresidente encarna el inicio de una de las etapas más oscuras del México contemporáneo.
El regreso de Felipe Calderón a la cúpula panista ocurre bajo la sombra del estigmas imborrables: La Guerra contra el Narco, que es la estrategia frontal de militarización iniciada en su sexenio (2006-2012), que disparó los índices de homicidios, desapariciones y violencia en el país, dejando una herida abierta que la sociedad mexicana sigue padeciendo y cuestionando con severidad.
El talón de Aquiles de Felipe Calderón es su desconocimiento sobre lo que hacía su secretario de Seguridad Pública, lo que se consolidó en los tribunales de Estados Unidos. Su otrora supersecretario de Seguridad Pública y mano derecha en la estrategia antinarco, Genaro García Luna, se encuentra hoy formalmente preso en territorio estadounidense tras haber sido hallado culpable de colaborar directamente con el Cártel de Sinaloa a cambio de millonarios sobornos.
El hecho de que el máximo estratega de seguridad de Calderón haya operado como un aliado encubierto del crimen organizado mientras el gobierno simulaba combatirlo, mantiene la imagen pública del expresidente Calderón en los niveles más mínimos de aceptación y tiñe de ironía sus discursos sobre la legalidad.
Con Vicente Fox limitándose a discursos emotivos sobre la “dignidad” y la “libertad”, la batuta del movimiento quedó firmemente en manos de Calderón. La estrategia del PAN parece apostarlo todo a la polarización total, rescatando a sus figuras históricas para llenar el vacío de liderazgo que ha arrastrado la oposición en los últimos años.
La gran incógnita que se despliega desde este mitin en Chihuahua es si la reaparición de Felipe Calderón servirá para unificar el voto antilópezonbradorista, o si, por el contrario, terminará regalándole a la 4T el argumento perfecto para revivir en el debate diario el fantasma de la corrupción y la violencia del pasado. Por lo pronto, el exmandatario ha vuelto, y el PAN ha decidido que él sea el rostro de su nueva batalla.
