Por. J. Jesús Lemus
Detrás de las conferencias matutinas y el discurso oficial que repite que “la economía está blindada”, las cifras oficiales de la Secretaría de Hacienda revelan una realidad diferente y alarmante: la Administración Pública federal opera bajo un esquema de quiebra técnica real.
Y es que se están sosteniendo los programas sociales no con ingresos sanos o recaudación productiva, sino con una tarjeta de crédito que pagarán las próximas generaciones. La política de regalar dinero se ha convertido en una trampa de deuda imparable.
Para entender cómo llegamos aquí, basta mirar la radiografía del Saldo Histórico de los Requerimientos Financieros del Sector Público -la deuda pública en su definición más amplia- a lo largo de los últimos cinco gobiernos. La velocidad y el volumen con el que se ha pedido prestado en el último periodo rompe con cualquier registro previo.
El gobierno del presidente Vicente Fox (2000–2006) dejo la deuda pública del país el 3.14 billones pesos, la administración del presidente Felipe Calderón (2006–2012) amentó la deuda a 5.89 billones de pesos, el presidente Enrique Peña Nieto (2012–2018) llevó la deuda a 10.48 billones de pesos, pero el presidente Andrés Manuel López Obrador, la incrementó a 17.40 billones de pesos, mientras que en poco menos de dos años, la presidente Claudia Sheinbaum elevó la deuda pública a 20.30 billones de pesos.
Mientras Vicente Fox entregó unas finanzas estables y contenidas, y Felipe Calderón justificó su incremento para mitigar la peor crisis financiera global contemporánea (2008), Enrique Peña Nieto aceleró el paso de forma severa.
Sin embargo, la verdadera fractura ocurrió en el sexenio de López Obrador, que rompió el techo de los 17 billones de pesos para sostener sus obras insignias y transferencias directas de dinero.
La llegada de Claudia Sheinbaum a la presidencia no trajo la prometida austeridad, sino una aceleración del endeudamiento a un ritmo que casi duplica la velocidad inicial de su antecesor.
Las proyecciones de organismos como México Evalúa confirman que para este 2026, el endeudamiento total del Estado escalará hasta los 20.3 billones de pesos, rompiendo por primera vez en la historia del país la barrera de los 20 billones.
El problema central radica en el discurso de la mandataria. Sheinbaum insiste abiertamente en que “la deuda no ha crecido” y que se mantiene bajo control, valiéndose de tecnicismos y porcentajes del PIB para maquillar un agujero fiscal evidente. Esta narrativa engaña a la población, ocultando que el gobierno federal contrata deuda por un aproximado de 4 mil 349 millones de pesos cada día.
El origen de esta quiebra administrativa es claro: la recaudación de impuestos y los ingresos petroleros están completamente topados, por lo que cada nueva pensión, beca o apoyo gubernamental otorgado se está pagando íntegramente pidiendo prestado. El gobierno gasta lo que no tiene para mantener su base electoral.
Para que el ciudadano de a pie pueda medir la gravedad de estas cifras sin perderse en millones de ceros, el total del dinero que hoy debe el Estado se traduce en lo siguiente:
Si hoy se tuviera que liquidar la deuda dividiéndola de forma equitativa entre todos los habitantes del país, cada mexicano —desde un recién nacido hasta un anciano— debe 151 mil pesos. Al inicio del sexenio pasado, esa cifra rondaba los 87 mil pesos.
Para dimensionar lo que representan los 2.8 billones de pesos que se sumarán tan solo en los dos primeros años de la gestión de Sheinbaum: ese dinero equivale al presupuesto total para construir cerca de 40 trenes mayas completos o financiar por completo la red de infraestructura carretera y hospitalaria más grande de la historia de América Latina.
El país no está creciendo al ritmo de su deuda. Lo que hoy se entrega en forma de apoyos económicos, mañana se cobrará con tasas de interés asfixiantes, recortes drásticos en salud y educación, e inestabilidad económica. El engaño de la falsa estabilidad fiscal se sostiene con alfileres.
